# Las Alegrías de Job, Una Interpretación del Libro de Job… Primera Parte

Episodio de [Podcast Arbol de Vida](https://escuchario.semeescucha.es/podcast/podcast-arbol-de-vida), de david saportas.

- Publicado: 30 de mayo de 2022
- Duración: 1 h 42 min
- Audio: https://www.ivoox.com/alegrias-job-una-interpretacion-del-libro_mf_87788401_feed_1.mp3
- Página: https://escuchario.semeescucha.es/podcast/podcast-arbol-de-vida/episodio/10871557-las-alegrias-de-job-una-interpretacion-del-libro-de-job-primera-parte

## Sobre este episodio

Las Alegrías de Job, Una Interpretación del Libro de Job… Primera Parte. Por Fiedrich Weinreb. Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/30/estudios-de-tora-21/ Cuando la tierra pecare contra mí, rebelándose pérfidamente y extendiere Yo mi mano sobre ella, y le quebrantare el sustento del pan y enviare en ella hambre, y cortare de ella hombres y bestias; Si estuviesen en medio de ella estos tres varones Noé, Daniel y Job, ellos por su justicia librarán su vida, dice Dios el Señor… Ellos entrarán a vosotros y veréis su camino y sus hechos y tomaréis consolación del mal… Ezequiel 14,13-14 y 22. Prólogo del editor de la edición alemana: Job se cuenta entre los personajes especialmente determinantes en la vida de Friedrich Weinreb. El lema que antepuso al primer tomo de su autobiografía Encuentro con Ángeles y Hombres, está sacado del libro de Job: De oídas había oído de ti, más ahora mis ojos te ven. (Job 42,5). Weinreb está convencido de que todo el mundo podría decirlo, si viviera con Job las experiencias que cuentan los 42 capítulos del libro. De lo que se trata es de que se experimente lo contado, no de un análisis distanciado. Eso es lo que pide el encuentro con Job. Una convivencia de más de 2000 años une al Sr. Weinreb con la tradición judía. Así puede contar de Job –que vive en todos los tiempos– de su propia experiencia vivida, y de primera mano. Con ello abre un capítulo nuevo sobre un libro de la Biblia que puede alterar nuestra existencia y desafiarnos. Friedrich Weinreb traduce las imágenes a nuestra vida actual, de forma que experimentamos a Job como “amigo”, como “hermano”. Rompe la rigidez de muchas explicaciones teológicas. Se pregunta si no podría ser que nuestro destino se ha convertido en sufrimiento porque no somos capaces de creer en la historia de amor, oculta en el relato de Job. El muy insólito lema de Friedrich Weinreb para Job es “alegría”. Es la noción que cuenta en el hebreo del “salvador” –lo ha señalado en muchísimas ocasiones–. En el centro de toda vida jasídica está la alegría. Y si Friedrich Weinreb identifica su vivencia de Job con la alegría, reconocemos al mismo tiempo su herencia jasídica. La historia de Job ha ocupado y preocupado a Fr. Weinreb durante toda su vida. La primera vez ha abordado el tema durante tres conferencias en el mes de marzo de 1957: el incomprendido Job; Job en la psicología; enfermedad bajo el signo del complejo de Job. Pero sabemos por Friedrich Weinreb mismo, que sus explicaciones de Job comenzaron ya en la cárcel, en 1943 (comparen el capítulo “Malas noticias en la cárcel”). Tenía intención de escribir un libro sobre Job, pero no pudo ser. Pero ha hablado mucho de Job y en muchas ocasiones en sus 42 años de disertaciones. Su voz, despertada por el amor a la palabra y por la sabiduría antigua del judaísmo, la reúne ahora en este libro “no escrito”, cuyos textos de base están señalados en las primeras páginas. Como autor es aquí toda voz, y necesita lectores que sean todo oído. Para ello la redacción quisiera actuar como una especie de mediador, no más ni tampoco menos. La base son doce conferencias registradas sobre cinta magnetofónica. Tuvieron lugar desde 1974 hasta 1985 como conferencias individuales, seminarios de varias horas o cursos de varios días, en lugares diferentes, ante diferentes audiencias. La regla es que una conferencia tenga una duración de dos charlas de cuarenta y cinco minutos, con una pausa de quince minutos. Los doce capítulos principales y la división en subcapítulos corresponden básicamente a las conferencias mismas.Fr. Weinreb habla por principio libremente, también en cursos de varios días, y nunca utiliza apuntes. Su discurso vive de la intuición de las relaciones. Los conocimientos arrastrados se presentan en tal cantidad, que el lector se encuentra muchas veces en paisajes nuevos, perdiendo la visión global. Y puesto que Fr. Weinreb habla con la intensidad de la vivencia momentánea, al oyente con la intensidad correspondiente, se le lleva sin querer, a convivir; algunas veces solo se entiende a sí mismo en las palabras habladas. Ciertamente, tal locuacidad en libertad, que Friedrich Weinreb llama “se habla”, está atada a los límites de toda forma. Pero en la melodía siempre suena algo de aquel silencio universal, que es la base de todo. Tales conversaciones de la boca al oído convierten al dador en receptor y al receptor en dador. Surge algo incomparable, que también sobre cinta magnetofónica, retiene algo de su poder de irradiación. Ahora, al editor que tiene que retener tales vivencias expresadas en la palabra, negro sobre blanco, se le dan posibilidades muy diferentes. La comprensión del texto puede ser una vivencia sorprendente de relaciones, en las que el lector mismo se siente involucrado. El círculo más bien pequeño de oyentes puede ensancharse ahora por la lectura. Y quizás, este libro provoque también que surja el deseo de encontrarse con la voz escuchada sobre cinta magnetofónica, que abre muchos lugares que el texto oculta, de la misma forma que el libro puede hacer visible lo no escuchado. Friedrich Weinreb cuenta la historia de Job desde los “sueños despiertos de la tradición” y toca con ello las raíces de nuestra existencia. Así podemos aprender a conocernos desde nuestras raíces. El lado oculto que alimenta y dirige nuestra vida, puede hablar. Sentimos lo que nos falta y con ello aprendemos a ver lo que nos sana. La tradición iguala la “interpretación de sueños” con el “sanar de nuestras enfermedades” y dice que justamente la lectura –la vivencia– de la historia de Job, que Fr. Weinreb cuenta como el relato básico de sanidad, conlleva la crisis que lleva a la salud. Los sucesos del libro de Job son, de alguna manera, un proceso de “beatificación”, en cuyo final Job es elevado a la santidad por Dios mismo. Una de las pocas iglesias dedicadas a Job es la San Giobbe en Venecia. Giovanni Bellini creó allí un retablo (que hoy en día está en la Galleria dell’Accademia) que muestra al Santo Job a la derecha del Salvador. El niño Jesús sentado sobre las rodillas de la Madonna alarga su mano derecha hacia las manos del santo, elevadas en adoración. Job aparece aquí con la alegría del resucitado, esencia de aquello que los comentarios antiguos del judaísmo cuentan como secreto verdadero de este libro. Christian Schneider – Agosto del 2006 Esperando lo peor… El sufrimiento egoísta de Job… Búsqueda de culpables… La quintaesencia, más allá del cuatro… Quisiera contar algo de las vivencias de Job, y quizás lo mejor es que comience con aquello que he aprendido en mi vida, que me llevó a poder hablar de Job. Es una historia marco, por así decir. Ya de joven había escuchado y leído de Job. Pero es un libro de difícil entendimiento y yo lo había leído de forma “diagonal”, porque como persona instruida tenía que saber algo de su contenido, para poder mantener una conversación inteligente. Pero leerlo y comprenderlo de verdad, no he podido hacerlo hasta los sucesos de los que quiero hablar ahora. Es decir, vino una situación en mi vida, en que estaba en una celda de la cárcel, con otros. Éramos cuatro, y tres de nosotros estábamos convencidos de que no teníamos mucho más tiempo por delante, porque la sentencia de muerte había sido dictada ya. El cuarto mantenía algo de esperanza, pero todos estábamos abatidos y tristes. Pero uno se acostumbra rápidamente incluso a tiempos difíciles y disfruta del diario casi igual que en tiempos buenos, solo que con diferentes penas y alegrías. Así, para algunos era muy importante que el trocito de pan que recibían, fuese algo más grande que el anterior. Contaba su vida como si contara la vida de otro. Alegría cuando se oía el ruido de aviones que volaban sobre la ciudad, porque podrían ser ingleses o americanos. En muchas celdas entonces se golpeaban las puertas de forma muy ruidosa. Los vigilantes andaban por los pasillos gritando: “¡No os alegréis demasiado pronto! ¡Antes de que vengan los americanos, se os habrá fusilado a todos!”. Nosotros también nos reíamos. Uno se acostumbra a los tiempos malos. El ser humano tiene una gran capacidad de adaptarse y la situación deja de ser tan mala, aunque más tarde se leerá en libros o se verá en películas que todo ha sido muy malo. Ciertamente había momentos de gran tensión, tanto en el campo de concentración como también en la cárcel, pero estos momentos existen también en la vida. Hay que preguntarse, sin embargo, como es posible que nos enfademos tanto en la vida normal, si comparamos con el tiempo en la cárcel. Pero el ser humano reacciona así. Se enfada en tiempos buenos y malos, y tiene sus alegrías aquí como también allá. A la vista de la composición de nuestra comunidad de celda, debe de haber sido en febrero o marzo 1943. Éramos tres judíos y un holandés, que habían detenido vendiendo algo en el mercado negro. Se sabía que estas personas iban al campo y no era seguro que volvieran con vida. Para nosotros los judíos, el viaje al “Este” –solo se conocía el nombre de Auschwitz– era seguro. Pero no se sabía dónde estaba ese lugar, en todo caso, no se encontraba en el mapa. No se sabía que se refería al lugar Oswiecim en Polonia. Además, uno de mis colegas y yo estábamos ya sentenciados a muerte. No se conocía la fecha de la ejecución. De hecho, se la esperaba cada mañana, cuando de madrugada se oían en el pasillo los pasos de los vigilantes que iban a recoger presos de las celdas. Si los pasos no se detenían ante la celda, el alivio era evidente. Parece que hoy no será, se pensaba. En aquella situación, contaba a mis compañeros de celda muchas cosas de la tradición judía –se ve que soy incapaz de evitarlo–. Así también un día hablamos de Job, porque se asocia ese nombre con las malas noticias. Estábamos sentados, esperando la mala noticia que Job también esperaba. Comencé a contarles que la tradición judía no solo conoce el esqueleto de la historia como lo cuenta la Biblia. La tradición cuenta también del envoltorio del esqueleto, que es carne, músculos y también de las vestimentas alrededor del ser humano, que pueden cambiar. Se dice que el interior, el esqueleto, es el armazón firme, el envoltorio es como el mundo de las relaciones, donde puede suceder de todo. Se tenía miedo y se esperaba una mala noticia. Hoy en día nos preocupamos por una posible guerra atómica, por la explosión en una planta nuclear o por la suciedad ambiental. ¿Qué pasará? En la tradición, la historia de Job cuenta otras cosas. El nombre de Job significa “enemigo”; Job, por tanto, es el enemigo dentro del ser humano. Ningún enemigo de afuera; más bien, yo mismo soy mi enemigo. Y a la pregunta de cuándo ha vivido, se contesta: Job vive en todos los tiempos. Se le encuentra en los tiempos de Adán, luego en el mundo de Noé, de Abraham, en el tiempo del rey David, etc. Vive en el país de Uts, como lo llama la Biblia, y Uts se escribe como ets, árbol. Significa que vive en el tiempo del crecimiento, del desarrollo, donde todas las cosas cambian constantemente. Job se preocupa por sus hijos –tiene siete hijos y tres hijas– porque teme que puedan pecar en las fiestas habituales cuando todos los diez se reúnen. Para redimir la situación de antemano, por así decir, ofrece sacrificios. La pregunta pertinente es: ¿No se preocupa por el mundo? ¿Sólo se preocupa de sus hijos? Lo que pasa en el mundo, le da bastante igual. Vive bien, posee grandes riquezas de animales y es un hombre considerado. Pero se preocupa únicamente de su entorno más cercano: sus hijos podrían pecar, y él quisiera que vivieran sin pecado. Una preocupación egoísta, podríamos decir. Y porque vivía así, viene al cielo Satanás, el rey de los demonios, y se presenta ante Dios. Satanás, en hebreo, significa “obstaculizador”. Cierto, Job es un hombre bueno y justo, dice Satanás, pero ¿qué pasará si comienzo a obstaculizar su vida, que fluye de forma tan placentera? La tradición dice que eso significa que se llama la atención al ser humano, que no solo existe esta vida, esta existencia, este mundo, sino que hay mucha más vida y muchas más posibilidades de existencia. Si sufre podría darse cuenta de que también existe eso otro, que la vida no termina y que también puede darse en otros mundos. Que la vida de alguna manera depende del Ser; las palabras hebreas de Ser y de Vida están, etimológicamente, muy cercanas. El pensamiento de que el Ser es algo eterno. Es decir, Satanás no viene para castigar a Job. No, puede leerse en una de las muchas historias antiguas que su venida es para que Job recuerde que existen otras posibilidades, que este mundo no es el único. Se dice que Job es demasiado limitado, que su mundo es demasiado estrecho. Y la estrechez provoca miedo. Job comienza a tener miedo, porque solo existe éste único mundo para él. (Cuando contaba este relato a principios del año 1943, para mí también era importante que esta vida fuese un aspecto nada más de la vida en general, una sola de sus muchas formas manifestadas).Y entonces vienen las “malas noticias”. Un mensajero comunica el robo de los bueyes y de las asnas, un segundo la pérdida de las ovejas y los mozos, un tercero el robo de los camellos y el cuarto cuenta el derrumbamiento de la casa y la muerte de sus hijos e hijas. Está ahora enfrentado con la muerte, no puede ya mirar a otro lado. Y con ello se pregunta, si esta vida es la única. La reacción de Job es la de un hombre recto y tranquilo, resignado, podríamos decir. El Señor dio, el Señor quitó, sea el nombre del Señor bendito. (1,21). Mantiene con firmeza su humanidad, soporta la adversidad dignamente. Cuando Satanás se presenta de nuevo ante Dios, Dios le señala que Job, a pesar de las adversidades, sigue siendo un hombre fiel y piadoso. Sí, contesta Satanás, hasta ahora solo se ha tocado a su entorno. ¿Pero si él mismo es atacado? Deja que arremeta contra él. Bueno, dice Dios, obstaculízale en su camino hacia la tranquilidad, pon trabas en su pensamiento de que esta vida sea la única, para que suelte su unilateralidad. Pero su vida, no podrás tocarla. Por estas palabras de Dios, Satanás no puede tomar la vida, solo puede molestar. La vida como Ser, no tiene solo este lado del estar, tiene muchas más posibilidades. La vida en el Ser es la fuente de muchas posibilidades. Significa que la vida es doble: lo manifiesto aquí y lo complejo que no vemos, pero que conocemos dentro de nosotros. Sentimos que nuestro Yo es diferente de aquello que se manifiesta concretamente aquí con un nombre; nuestro Yo es eterno. Satanás vuelve pues y golpea a Job con enfermedades. Según la tradición significa que no solo enferma físicamente, sino que se da cuenta de que la base de su existencia puede ser tocada y asaltada. Se da cuenta de que su existencia no se basa en nada seguro. En el mundo, con su búsqueda de paz y bienestar, en algún lugar debe de haber un gusano. Venga como venga, al final está la muerte y la pérdida de todo. A las personas con sus deseos, con sus sueños, con sus esperanzas y sus amores, se les olvida. Se pierden. Es causa de frustración. Ahora vienen los tres amigos a Job: Elifas, Bildad y Zofar. Se dice que cada persona, además de lo que es en sí, tiene otros tres aspectos. Es un cuádruplo. Como también se habla de los cuatro elementos, de las cuatro bases: está la tierra, pero con otros tres elementos inherentes: fuego, agua, y aire. Cuando se presenta la idea de la muerte, sus otros tres fundamentos se anuncian; sus tres amigos con sus nombres. Se inicia una conversación. Ni la vida, ni nada tiene sentido, dice Job, y maldice el día de su nacimiento. Mejor sería no nacer, porque si se nace, habrá que morir. Seguidamente los tres amigos comienzan a hablar con él. Cada uno habla, y cada vez contesta Job. Diez veces va así, de ida y vuelta. Conversaciones difíciles. Cuando se trata de la existencia del todo, cuando se piensa que nada tiene sentido, se anuncian los otros tres aspectos del Ser, las otras tres partes del Yo. Podemos resumir las conversaciones diciendo que los tres intentan buscar una razón que justifique los golpes recibidos. Dios no puede equivocarse, tú debes de haber pecado, de allí los golpes. No, dice Job, no he pecado. Es fácil hablar estando sano, yo estoy enfermo. Lo que me sucede es injusto. Soy como todas las demás personas, quizás algo mejor. Las conversaciones vienen y van, y no hay salida. En otras palabras: en la vida aquí, en todos los cuatro elementos de la vida, no hay contestación en cuanto al sentido del sufrimiento. Las explicaciones siempre terminan así: debes de tener culpa. Pero se siente que no es el caso. Aunque estuviese totalmente limpio y libre de pecado, también en este caso existiría la muerte, sería olvidado o juzgado equivocadamente. Es decir, no hay respuesta válida. Al final, una cuarta persona se inmiscuye, Elihú que sentencia que todas las conversaciones carecen de sentido. Terminan por así decir, en un callejón sin salida. Muchas palabras inteligentes, pero ninguna respuesta satisfactoria. Al final, Dios mismo interviene. En la tempestad irrumpe a Job, a él solo, al ser humano, que se da cuenta de que las bases de este mundo, de nuestra existencia están podridas. Las bases que se nos han enseñado, no son tales. Como también lo dije en la cárcel –tenía entonces casi 33 años– lo que se nos enseña, realmente, no tiene valor. Porque ¿qué sucede? Millones de personas luchan entre sí, tiran bombas, hay sucesos terribles, infamias ¿Acaso es así la vida? Lo que hemos estudiado, ¿Acaso ha tenido sentido? Ahora se usa en la guerra, se convierte en técnica. Dios mismo habla con Job, con aquel que sufre: ¿Te has preguntado alguna vez qué pasa con toda la demás vida, tú, que solo te preocupas por la tuya y la de tu familia? ¿La vida anterior a la llegada del hombre, la vida de los animales, de las plantas? Todo es alimentado por mí, desde el ser infinitamente pequeño, invisible para ti –pero que vive y tiene voluntad de vivir– hasta el mayor. Dios habla seguidamente del Leviatán y del Behemot, seres primordiales, mitológicos, que son la base de toda la vida en el mundo. A todo eso Yo doy el alimento, dice Dios, y todo tiene relación conmigo. Pero tú solo tienes relación contigo mismo. ¿Te duele ahora la vida en este mundo? ¿Tus hijos, tus bienes, tus riquezas te duelen? ¿Los demás te han importado algo? Si no estaban en relaciones comerciales o sociales contigo, te daban igual. ¿Alguna vez has pensado en todo eso? Dios le explica entonces a Job el sentido de esta vida, en todo lugar y en todo tiempo. No se trata de encontrar explicaciones, más bien, de entablar una relación. El sentido de esta vida es encontrar una relación con toda la creación o, por lo menos, anhelarla. ¿No vive Job en el país de Uts, es decir, en el país del crecimiento? Todo lo que crece tiene vida, lo que significa que en espacio y tiempo se manifiesta algo, que viene de otro mundo. Hay una fuerza, que puede cambiar toda cosa. Solo lo muerto queda como es, tieso. Lo que vive puede cambiar, va de fase en fase, siempre diferente Ahora, solo puedes buscar una relación, si vive en ti algo de aquello, que Yo llamo amor. ¿Jamás has amado a tus hijos? ¿O solo has tenido miedo de que no sean buenos, la preocupación de que lleguen a ser útiles, y no molestos? El amor, sin embargo, es absolutamente diferente. Y ¿Tienes una relación con los animales, o son solo algo útil para ti? Matamos animales para el progreso de la ciencia, para las industrias cosméticas y farmacéuticas. De la misma forma que matamos a seres humanos argumentando: ¡son los enemigos! “Enemigo” es el significado del nombre de Job: Iyov 1-10-6-2. Mata todo en su entorno, porque no tiene relación con él. Tú, Job, eres el único que sufre, dice Dios, y justamente por eso te amo. Es por eso que Satanás vino a ti. Tus tres amigos no sufren. Mediante tu sufrimiento, quizás podrás despertar al amor, despertar y tener una relación con toda la vida, con todo el mundo. Reza por tus amigos, sigue diciendo Dios, porque solo conocen este mundo con sus cuatro elementos, mientras que tú estás ahora más allá de ese cuádruplo, estás en la quinta parte, en la quintaesencia. Y ahora comprendes que todos los acontecimientos en el mundo suceden solo para que tú consigas una relación con la vida. Para que veas que la vida es eterna, que el amor no podrá permitir nunca que nada se hunda. Si amas a tu perro, no soportas su muerte, debe de estar siempre contigo. Visto así, la vida es eterna, es el Ser. Mi nombre, dice Dios el Señor, es el Ser. La palabra hebrea hové significa Ser, el Ser en el presente. En el Ser está todo, siempre. Tú has limitado ese todo, has visto únicamente a tu familia, tu cuerpo, tus teorías que se hunden, porque todas las teorías se hunden alguna vez. Mientras que, en realidad, se trata de otra cosa: de la dimensión del amor, de la fe. De eso se trata. Después de esta conversación, Job sabe lo que se quiere de él. Solo ahora lo veo, dice, siempre he tenido ojos, pero solo ahora veo. Y siempre creía escuchar, pero solo ahora oigo. He visto también el otro lado. Y Job recibe devuelto el doble de todo lo que ha perdido. No quiere decir el doble en cuantía; significa más bien este lado, el lado de tiempo y espacio, y el otro lado, el lado eterno. Así tiene todo. Después de contar esta historia, nos sentíamos todos muy bien. Aunque teníamos miedo –¿De quién realmente y de qué? – sentíamos que la vida es eterna. Hemos aprendido algo que fortifica la fe: sobreviviremos. Y recuerdo que dije, casi de forma profética: nos volveremos a ver después de la guerra. Y curiosamente, hemos sobrevivido. Quizás, porque algo nuevo había entrado en nuestras vidas, relativizando esta vida de aquí de tal forma que lo otro podía surgir fuerte y convincentemente. Quizás como Job, habíamos pasado por todos los mundos. Lo contaba no solo a los demás, también a mí mismo, escuchaba mis palabras. Mientras contaba, me di cuenta de cómo son las cosas de verdad: no importa lo que será o a dónde seremos transportados, viviremos, si no aquí, allá o allá o allá. Porque la vida es Ser. Y el Ser es eterno. Si uno mismo se enfrenta al sufrimiento o lo ve en el mundo, no debería decirse siempre cuán malas y feas son las cosas. Porque quizás solo quiere recordarnos que la vida aquí no es todo lo que hay, que la vida va mucho más allá, que es mucho más: es eterna. Lleva a una conversación en el inconsciente. Porque la conversación de Job con sus amigos y con Dios, es una conversación inconsciente, si se sufre. Es decir, podría ser que suceda en el inconsciente y que quizás esté esperando al ser humano, para anudar una relación con Él. Que podría dejar de buscar pruebas y conocimientos. Que podría comenzar a creer, esperar y amar. Que podría sentir la posibilidad de que la vida aquí no es todo. Podría argumentarse que muchas personas han tenido la experiencia del sufrimiento y no han logrado sobrevivir. Entonces digo que la vida sigue también para aquellas personas que ya no están aquí. Como la espiral de la vida lo demuestra: siguen con vida. El sufrimiento aquí libera a los demás aspectos. Job vive en la vuelta más baja de la espiral, los tres amigos corresponden a las vueltas superiores de los demás mundos. El mundo de aquí, donde podemos sufrir, libera a los demás mundos. Por ello, el mundo de aquí es tan precioso. Nuestras conversaciones en la cárcel terminaban con la constatación de que estamos agradecidos de poder vivir, y de vivir en estos tiempos, de estar encarcelados por los nazis en los tiempos de Hitler. Puede que parezca una paradoja, y ciertamente lo es. Pero esta historia se me quedó grabada, y cuando más tarde he hablado de Job, siempre hay algo de lo contado en aquella primavera de 1943. Siempre surge este aspecto que tiene tanta importancia para mí. Es el lema de mi vida, lo siento así, y puedo hablar de él ahora. Comprendí entonces que todo se vuelve a recibir. Igual que Job, que a pesar de sus enfermedades no se pierde, y recupera a sus hijos y todas sus riquezas. Y luego, cuando estábamos sentados allí y de alguna forma, gozábamos de la noche, sucedió algo curioso. En la cárcel era así, a las diez de la noche la luz se apagaba automáticamente. Pero aquella noche, la organización se olvidó de apagarla. Tuvimos luz hasta medianoche y nos extrañamos ante el suceso. De pronto se oyeron gritos e insultos de los vigilantes, ¿por qué está la luz encendida? En la central, se habían olvidado de apagarla. Job en la Kabbalá… Ser enemigo de sí mismo… El sacrificio unilateral… Experimentar el destino del mundo… De Job podría hablarse durante toda una vida. Porque los temas bíblicos no son un acontecimiento histórico, todo lo contrario, tratan de nosotros mismos. También de la propia vida podría contarse sin fin, porque en realidad se viven cosas inagotables. Como todos los relatos míticos, el tema de Job surge de una región del ser humano que llamamos “el inconsciente”. Y saliendo de esa región alimenta a nuestra vida consciente. El nombre de Job, en hebreo, es interpretado etimológicamente como “enemigo”. Habla del ser humano que es enemigo de sí mismo y por ello atrae el sufrimiento. En general se piensa que el sufrimiento viene de fuera. Pero quizás el ser humano sufre porque tiene al enemigo dentro, y con ello atrae al enemigo de fuera. Quizás le vienen los reveses, porque hay algo en él que susurra: puede esperarse en tu vida. En la psicología moderna se ha descubierto que existen ciertas personas que atraen, por ejemplo, accidentes. Casualidad, decimos. ¿Pero qué es la casualidad? No conocemos sus raíces. También hablamos de intuición. ¿De dónde viene? Cae como la casualidad, viene a ti de otra parte. La lengua viene de la región del inconsciente, y por ello las palabras que usamos son verdaderas, son de una verdad profunda. Si, por ejemplo, hablamos de cierta disposición, antecede una voz interna. La disposición para oír una voz. La palabra “comprender” tiene que ver con “prender” una cosa, actuar con las manos. Si hablamos de “contar” un cuento, sabemos que tiene también el significado de “contar” números o cosas. Es inherente a la lengua que viene del inconsciente, de la región de donde también vienen nuestros sueños, sin que podamos influenciarlos. La lengua nos muestra en el nombre de Job, que existe un enemigo dentro de nosotros. En la sabiduría antigua, no se sitúan las cosas en el exterior del cuerpo, no se hacen proyecciones, no se proyecta a otro. Porque haciéndolo, nos deshacemos del asunto y rompemos la relación. En ese caso, buscamos una imagen enemiga o un culpable. Pero quizás es así, que tengamos todas estas personalidades de la mitología dentro de nosotros. De la misma manera que en el así llamado complejo de Edipo, nadie piensa ya en el mito griego, sabiendo que se trata de un conflicto dentro del ser humano. Todo lo que viene del mundo del inconsciente, es decir también de la Biblia, vive en primer lugar como aparece en nuestro propio inconsciente, como por ejemplo Job, o Abraham, o Juan. La Biblia misma lo llama Dios en nosotros, y nosotros en Dios. Señala aquello que, junto con todas las palabras, está presente en nuestro inconsciente. Si se habla de la Biblia como un libro “inspirado”, se refiere al espíritu, al Espíritu Santo. En el espíritu del ser humano vive el inconsciente, y en el inconsciente vive lo santo: Dios en mí, o dicho con palabras cristianas, Jesús en mí. Y puesto que vivimos en un mundo de muchas personalidades individuales, y cada una puede decir lo mismo de sí, ¿qué puede significar mi relación con las demás personas? Está en mí, pero en los demás también. ¿Para qué necesito al otro? ¿Qué podemos darnos? Podría ser que la gran comunidad de personas del mundo refleje la comunidad bíblica, que en uno juegue Abraham, en otro Moisés, en un tercero Elías, un papel significante. O quizás Esaú, Nabucodonosor o los romanos, con los matices inagotables de todas las figuras y palabras bíblicas. De esta manera, en la humanidad estaría presente siempre la totalidad, oculta en el inconsciente, por supuesto. Puede ser que en el comportamiento de alguna persona algo sea visible, y que otros aspectos nunca tengan expresión en su vida consciente. Job vive en todos los tiempos, como dice la tradición. Allí donde el ser humano no es capaz de tomar una decisión dentro de la alternativa que se le ofrece, Job vive como tirano. No se atreve a decir ni sí ni no a la vida, y tampoco puede decidir qué es más importante: la vida consciente o la inconsciente. Sabe que las dos vidas tienen su realidad, aunque del inconsciente, como dice la palabra, no se sabe nada. ¿Qué se sabe de sí mismo? Y a pesar de todo, se acepta la presencia de un Yo. Aunque tenga miedo de reconocerse y huya siempre de nuevo de su Yo, esperando a pesar de todo, encontrarse a sí mismo un buen día. Por otra parte, hay que vivir en el mundo y con el mundo, lo concreto requiere que estemos, no puede refugiarse en los sueños. Así vacila el ser humano entre dos posibilidades. No poder decidirse significa que tiene un enemigo a la vista. Esa es la historia de Job, como la tradición la cuenta del ser humano. Que se diga que Job viva en los tiempos de Adán, de Abraham, Noé, Moisés, David y Salomón, es decir en todos los tiempos, significa que es una presencia dentro de nosotros, que juega un papel importante. Quizás se necesita siempre una imagen enemiga fuera, para anestesiar al enemigo de dentro y para desviar la atención de las debilidades propias. Quizás, enfermar es otra consecuencia de no querer ver al enemigo dentro, sino siempre fuera. En ese caso se anuncia y provoca el hundimiento del ser humano. ¡No puedes vivir así! Es la causa de las enfermedades, visto desde allí. Porque siempre se quisiera saber de dónde viene la enfermedad. Es la constitución, se dice, sabiendo que personas fuertes a veces sucumben y otras más débiles, sobreviven. Se ignora por qué uno sí y el otro no. En el ser humano existe la región del inconsciente, que tiene gran influencia. Pero acerquémonos al relato de Job, como la Biblia lo cuenta y como la tradición lo interpreta. Job es un hombre honesto y bueno, un ciudadano ejemplar podríamos decir, y no lo digo con tono jocoso. Se le describe como recto e íntegro, incluso piadoso, y su vida va bien. Tiene siete hijos y tres hijas, también siete mil ovejas y tres mil camellos; curioso que aquí el siete y el tres se repitan, en los millares. Tiene además quinientas yuntas de bueyes y quinientas asnas. Ver artículo escrito completo en mi blog: https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/05/30/estudios-de-tora-21/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com

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