# Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Cuarta Parte

Episodio de [Podcast Arbol de Vida](https://escuchario.semeescucha.es/podcast/podcast-arbol-de-vida), de david saportas.

- Publicado: 2 de junio de 2022
- Duración: 2 h 23 min
- Audio: https://www.ivoox.com/alegrias-job-una-interpretacion-del-libro_mf_87982778_feed_1.mp3
- Página: https://escuchario.semeescucha.es/podcast/podcast-arbol-de-vida/episodio/10871554-las-alegrias-de-job-una-interpretacion-del-libro-de-job-cuarta-parte

## Sobre este episodio

Las Alegrías de Job, Una interpretación del libro de Job… Cuarta Parte. Por Fiedrich Weinreb Texto completo en mi blog https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/06/02/estudios-de-tora-24/ El Problema del Sufrimiento. Las preguntas, si nos atrevemos a formularlas. Confrontación con el sufrimiento, como condición de salvación. Sentimientos de culpa y reproches, como trampa. Caminar hacia la unidad. Mediante el libro de Job, queremos acercarnos al tema del sufrimiento, y, ante todo, al sufrimiento que pensamos que es inmerecido. Por ejemplo, pensamos que la muerte del ser humano es inmerecida, y las guerras, enfermedades y golpes del destino le causan gran dolor, sin que tenga culpa ninguna. Es un tema pues, de gran trascendencia. Yo creo que el relato de Job podría decirnos mucho al respecto y darnos alguna indicación en cuanto a dónde buscar la respuesta. ¿Quién pretende estar contento con el destino que le ha tocado? Si hoy las cosas van bien, ¿cómo será mañana, o en cinco años? Nunca se está bien definitivamente. Apartamos cualquier pensamiento respecto a enfermedades, accidentes, muerte o decepciones para que no se nos estropee el día. No quisiera abordar el tema de forma exegética o teológica, más bien quisiera tratarlo como condición general humana. Quisiera recurrir a antiguas comunicaciones que han acompañado al ser humano desde siempre, porque este tema le está confrontando desde siempre. Quizás el ser humano mismo tiene capas dentro de sí que podrían contestar a estas preguntas. Porque no puedo aceptar que nada tenga sentido, ni conformarme con que la crueldad sea el sentido de la creación. Porque la creación muestra casi siempre una armonía que nos alegra en los buenos días. Pues si la naturaleza muestra una relación que va hasta el último eslabón, ¿cómo puede ser posible que lo más importante, el destino del ser humano, esté expuesto a una arbitrariedad cruel? Estas preguntas por supuesto, han estado a la orden del día siempre, independientemente del desarrollo científico o técnico. Porque son preguntas que tocan a la esencia misma de la persona. Supongo que conocerán por lo menos el comienzo y el fin del relato de Job, cuando todo queda satisfactoriamente resuelto. La parte amplia de las conversaciones de Job con sus amigos para muchos es difícil de comprender y, por tanto, algo aburrido. Daré pues un resumen corto del relato, de tal forma que notarán enseguida a dónde quiero llegar. Job, en hebreo se escribe Iyov, vive en el país llamado Uts y es, podría decirse, la imagen de una persona ideal. Piadosa, buena y justa. Alguien que se desearía tener como padre o marido. Así podría vivirse, sin nada que moleste. Tiene mujer e hijos y propiedades, es rico y la vida le sonríe. Tiene todo lo que es deseable en un estado de bienestar: el ideal de la humanidad. Representando a ese tipo ideal, vive Job en todos los tiempos, como la tradición lo resalta. Y el país Uts es visto en relación con la palabra Etz, árbol. El árbol representa el desarrollo en el tiempo; es decir, vive en un tiempo cuya característica es el desarrollo. Existe pues en todas las fases de la humanidad, independientemente, de cómo el desarrollo se plasme en el ser humano. En el cielo pues se anuncia Satanás ante Dios y argumenta: Es cierto que Job es bueno, piadoso y justo, la vida le trata bien. ¿Pero cómo sería el asunto, si le fuese mal? ¿No abandonaría a Dios –¡si Dios permitiese algo así!– con cierta rapidez? ¿O quizás dirá que tiene que hacer mejoras en el mundo, porque algo no va bien? Dame la libertad de atacarle. Puedes hacerlo, dice Dios, pero déjale su vida. Y Satanás se vuelve activo. Satanás significa “obstaculizador”; aparece siempre como aguafiestas y trastorna la imagen que nos hacemos del mundo. Y es la tarea que Dios le ha asignado, Dios lo permite. Y eso trastoca la imagen del “dios amable”, que ha creado un mundo tan agradable. Súbitamente, ese destructor cae sobre Job, le quita todo lo que tiene y sus hijos mueren. Pero Job permanece fiel: El Señor dio y el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito. Durante el segundo acto en el cielo, Satanás expresa el deseo de poder atacar a Job mismo, a su yo, a su persona. También queda autorizado. Y Job se pone gravemente enfermo, tiene dolores, se siente muy desgraciado. Comienza a maldecir el día de su nacimiento y a la madre que le dio la vida. Encuentra que la vida es inaceptable, porque ahora se le ha atacado en el núcleo, en su ser. En este momento vienen sus tres amigos y comienzan a conversar con él. Una conversación larga que no lleva a ningún fin. Más tarde viene un cuarto, Elihú, que tampoco sabe dar ninguna respuesta. Al final viene Dios mismo en la tormenta y habla con Job. Después, Job parece estar plenamente convencido, porque dice: Ahora he visto, ahora he oído, lo que antes solo sabía de oídas; ahora veo que todo está insuperablemente bien. Y como en un happy end, Job recibe todo lo que había perdido devuelto, aun doblemente. ¿Qué nos quiere contar esta historia? El ser humano en la imagen de Job quisiera saber de dónde vienen las cosas y por qué le tocan a él. Si pudiera comprender aceptaría, pero no sabe qué es. Es muy importante comprender este relato del sufrimiento. Quisiera por tanto traducir los antiguos comentarios, a nuestra forma de hablar y de pensar. Ya el nombre de Job, Iyov en hebreo, es explícito, porque se escribe igual que oyev, enemigo. Job, está escrito, es la lucha dentro del ser humano, cuando un lado es enemigo del otro lado. No se aguanta a sí mismo, ni tampoco al mundo. Pero el ser humano es esa paradoja, y ese hecho ciertamente necesita una explicación. Cuanta importancia tiene el relato de Job, lo demuestra una costumbre en el Israel bíblico. Una vez al año, el gran sacerdote llega hasta el Santo Santísimo. En la víspera, como preparación, se le da a leer el libro de Job. En la noche previa a su camino al Santo Santísimo, lee precisamente el relato de Job. ¿Por qué Job? Porque nadie puede presentarse ante la faz de Dios, salvo que haya comprendido el significado del sufrimiento, de la injusticia y del destino en el mundo. Solo si se ha comprendido, como Job al final comprende, se es capaz de estar allí. Si no, no puede ni andarse el camino. La pregunta es pues decisivamente importante. Si no nos hemos preocupado por el sentido del sufrimiento, no puede haber ni paz ni salvación. Pero del relato de Job vemos, que no se trata de un asunto fácil. Los tres amigos vienen a hablarlo con él, porque quieren consolarle. Quieren que vea que las cosas estén bien como están, que Dios no pueda hacer ninguna injusticia. La venida de los tres amigos significa, como lo cuenta la tradición, que los otros tres elementos, vienen al cuarto. Porque solo en el cuádruplo, está el mundo completo. Y ese cuádruplo se constituye cuando el ser humano va mal, cuando formula la pregunta: ¿Tiene la vida sentido o es un sinsentido total? Para soportarla ¿debo narcotizarme con la política, la ciencia, el estudio, la carrera? Todo ello puede ser opio para el pueblo, como dice Marx, no solo la religión. Cuando se trata de lo decisivo, acuden los tres amigos. Cada uno lleva una corona con los cuatro nombres. Si alguno de los cuatro va mal, su nombre se ilumina y los otros tres acuden de inmediato. En correspondencia sucede en el ser humano. Cuando se trata de algo vital, todos acuden para entablar una conversación. Es un dialogo interno, una conversación consigo mismo, es decir, con los tres amigos. No se expresa en palabras habladas, sino más bien en la llamada “disposición”. Tener buen o mal ánimo es el dialogo. Es imposible hablar consigno mismo con palabras, por tanto, un buen amigo es un tesoro porque puede conversarse con él. Que los tres amigos estén acudiendo, significa que comienza a preguntarse qué pasa con su vida, por qué le suceden estas cosas. Cada persona pasa por este trance, porque a todo el mundo se le quitan muchas cosas. El mundo en que vive es su casa, su realidad, y lo que piensa haber conquistado con su trabajo, puede derrumbarse. Los hijos representan el fruto que va madurando en la confrontación de la paradoja. Lo masculino y lo femenino, lo invisible y lo visible, lo claro y lo turbio se juntan en el ser humano, quieren hablar, desfogarse. Y viene un “hijo”, un fruto. Los frutos que ha ganado en la vida –que vinieron mediante dolores– le son arrebatados y no entiende por qué. ¿No ha hecho lo mejor que podía? ¿No eran buenas sus intenciones? ¿Por qué, pues? Los amigos comienzan a hablar: Quizás existe una justicia más alta y, según ella, tú eres culpable, porque nadie delante de Dios puede decir que es intachable. A pesar de todo, soy inocente, repite Job una y otra vez, representando por así decir el prototipo ideal de un ser humano. No he hecho nada malo. Me ha tocado. He tenido las mejores intenciones y me han engañado y tratado mal. Vosotros podéis decir que las cosas concuerdan porque no os ha tocado a vosotros. Job protesta y no deja de protestar, mientras que los amigos intentan explicarle por todos los medios que Dios no puede ser injusto. Pero rechaza sus intentos de apuntar un motivo causal. No hay ninguna razón en mi caso, replica Job. Con ello confirma una sabiduría antigua, muy humana, que desaconseja enérgicamente buscar razones causales en la vida. Porque no son causales. Al bueno como al malo le va mal en algunas ocasiones, y tampoco ser bueno garantiza un buen destino, como tampoco ser malo, un destino malo. Muchos malos tienen buenísima vida y viven largos años, y buenos que tienen un destino severo y que mueren pronto. Cualquier cálculo fracasa. El ser humano puede tener una inclinación hacia la autoinculpación y está dispuesto a encontrar una culpa, para mejor aceptar su destino. Pero en la parte opuesta está una voz, su voz de Job, que insiste en no ser culpable. Culparse y reprocharse cosas, por tanto, es siempre injusto. Creyendo tener culpa, se deja de ser una persona libre y se comienza a desarrollar una táctica para no ser castigado y a comportarse de buena forma para que le vaya bien. Pero Job en el ser humano es aquel que está en lucha consigo mismo, que se niega a aceptar ninguna culpa, que rechaza hacerse reproches. Que insiste en que nada concuerda. Así, los esfuerzos de sus tres amigos son en vano. Por tanto, cuidémonos de no aceptar ni culpas ni reproches, porque sería el fin. Job diría a sus amigos: agradezco vuestros argumentos, veo que sí soy culpable en ciertos puntos. Acabo de encontrar la explicación de mi destino. Con golpes en el pecho: he pecado, soy una mala persona etc., convirtiéndose en una especie de súbdito sometido. Olvidando que está escrito que está a imagen y semejanza de Dios, hijo de rey, libre. Si hubiera aceptado las explicaciones de sus amigos, Dios nunca se le hubiera presentado. Dios le habla porque se niega a aceptar explicaciones causales. Entonces, de hecho, Dios acude en grandísima tormenta. Tormenta: un movimiento grandioso, un viento fortísimo que viene de otro lugar, ruaj es viento y también espíritu, un mensaje, una comunicación, revolucionándolo todo, desarraigando árboles, destejando techos. Un acontecimiento brutal, un movimiento intenso dentro de la persona; y entonces habla Dios. Existe un mundo a tu alrededor, dice Dios, y es el mismo mundo que aquel al que tú llamas tu Yo. Tu Yo, tu personalidad, está extendido alrededor de ti en una multiplicidad. Por ejemplo, si temes los virus, recuerda que los virus están dentro de ti. O si tienes miedo de animales salvajes, de un león, un lobo, recuerda que estos animales están también en ti. Monstruos que no puedes ni mirarlos, también eso eres tú. El mundo muestra lo que tú mismo eres, también la infinitud que quisieras medir en espacio y tiempo. Tú mismo eres todo eso. Tú, sin embargo, crees que puedes contentarte solo con aquello que es tu forma, tu presencia, tu pensamiento y tus conocimientos. ¿Te has preguntado alguna vez, qué significa la crueldad en el mundo animal? ¿Cómo puede ser que Yo dé soporte a todo y también, que alimente a los animales salvajes? Si te ataca el espanto ante un monstruo marino, recuerda que tú también eres eso. Por el contrario, si te distancias de todo, si contemplas todo como algo que solo está fuera de ti, estás negando la realidad. Nos gusta hablar del microcosmos y del macrocosmos. En el átomo descubrimos todo un sistema planetario, y sabemos de las constelaciones estelares en distancias infinitas. Pero no nos atrevemos a seguir este pensamiento y miramos con incomprensión si oímos que todo ello existe también en el ser humano. Sigmund Freud ha descubierto algo, y casi asusta pensar lo que pueda vivir dentro de nosotros. Puede que solo queramos ir hasta donde lleguen las explicaciones de los tres amigos. Más allá, no nos atrevemos. Cuando Job recibe la respuesta de Dios en la tormenta, comprende la unidad, comprende, que, en realidad, su Yo es idéntico al mundo entero. Entre las palabras “Yo” y “mundo” podría colocarse un signo de ecuación. No solo porque el cuerpo humano contiene minerales y vida de plantas y animales, va mucho más allá: el ser humano es el final de la cadena, y todo lo creado anteriormente existe en él. Cuando Job se abre a esta nueva comprensión, recibe devuelto doblemente todo lo que se le había quitado. Significa que Job se había forjado una imagen del mundo con un solo lado, con una sola posibilidad; ahora, sin embargo, se le está abriendo una nueva visión, que también contiene el otro lado. Si, por ejemplo, era una visión del mundo compuesta por verdades científicas, podía mostrar solo ese único lado, porque la ciencia no quiere ni puede ocuparse de lo misterioso. A pesar de todo, es una realidad el misterio de los monstruos, de la muerte, de la descomposición. En el mejor de los casos, se investiga cómo ocurre la descomposición, en qué partículas químicas se descompone, pero por qué existe, no es una pregunta de interés. Y, precisamente, sería el otro lado. Job ha entrado en conversación con Dios y ha recibido las dos realidades, porque se rebeló, y porque ha seguido preguntando. El ser humano no debe darse por contento con naderías, creyendo que eso de protestar no es conveniente. Debe preguntar. Lo que puede expresarse de muchas maneras: malestar general, cavilaciones, leer libros curiosos, entrar en la política etc., significa que está buscando respuestas. Toda la vida se convierte en una conversación. Pero si cree que tiene la explicación, está dicho, entonces Dios no ha hablado aún, solo los tres amigos. Si Dios habla contigo, no da explicaciones, sino que tú mismo lo vives, lo experimentas. De oídas te había oído, más ahora mis ojos te ven (42,5). Tal experiencia no puede nunca surgir de explicaciones; es una vivencia imposible de plasmar en palabras, pero, de hecho, es la vida del ser humano. Y el gran sacerdote solo entra en el Santo Santísimo, si, como Job, ha seguido preguntando hasta el amargo final, si ha negado a sus tres amigos y rechazado al cuarto, a Elihú. De no ser así, el ser humano no tiene acceso a la esencia de las cosas. Significa que nunca dejes de buscar la totalidad. Intenta integrar todo, busca la conexión, en lugar de seguir la opinión de una facultad, de una sola dirección. El camino largo. Rotura y división, para poder regalar. El milagro del Ser en el devenir. Quisiera intentar ahora algo bien difícil, es decir, quisiera que la respuesta de Dios pueda ser vivida por Vds., y que no sea una simple explicación. ¿Por qué, me pregunto yo, entra Satanás en juego? ¿No podría Job seguir siendo quien es, un hombre bueno y piadoso? ¿Para qué el juego de probarle torturándole si sigue siendo fiel? ¿No es algo bastante sádico? Sin embargo, surge otra pregunta de inmediato. ¿Por qué en el principio mismo del relato bíblico, viene la serpiente y amenaza a la hermosa creación? Según la tradición judía, Dios tiene toda la Biblia como palabra a su lado, creando con ella el mundo. En el principio era el Verbo, está escrito en el evangelio de Juan, significa que la totalidad está desde el principio. Y aquí se convierte en “carne”, es decir, sucede aquí. ¿Por qué pues el acontecimiento con la serpiente? ¿Y por qué mata Kaín a Abel? Siempre cuando las cosas parecen mejorar, algo comienza a molestar. Si se piensa haber encontrado el camino, llega alguna esquela de defunción y la reflexión: ¿cuánto tiempo me queda a mí? ¿Me volveré infantil y terminaré mis días en un hospital? Causa horror esa amortización, ese ser borrado de la vida. Si se comienza a pensar un poco, el día se estropea. Tampoco en la mitología encontramos muchos cuentos que terminan bien. Asesinatos y golpes mortales, cosas feas. Casi mejor alguna novela hermosa con happy end. Pero yo no puedo olvidarlo, está y me molesta, Satanás no me deja en paz. Podemos camuflar los cementerios, haciendo que parezcan hermosos parques, podemos reemplazar el entierro por una cremación higiénica y a pesar de todo, la muerte está y la pregunta queda: ¿dónde están los muertos, y qué pasa con ellos? En la Biblia encontramos una comunicación curiosa que debiera de alarmarnos: Cuando allí se habla de la salida de Mizraim, significa como dice la tradición, la liberación del ser humano de la opresión, la salvación de la cautividad en la paradoja. En etapas, el camino irá desde esta liberación al país prometido, al paraíso, al mundo venidero. ¡Aunque sería hermoso, entrar en el paraíso justo después de la salida de Mizraim! Pero en su lugar comienza un largo camino fatigoso a través del desierto, con continuas caídas en pecado de Israel. Piensen en el becerro de oro (Éxodo 32), o en los relatos de los espías (Números 13 y 14). En el camino es golpeado, hay muertes, riñas, muchos episodios dolorosos. Y al principio mismo queda dicho que Dios no lleva al pueblo por el camino corto, sino por el camino largo: Que quizás no se arrepienta el pueblo cuando vieren la guerra, y se vuelvan a Egipto. (Éxodo 13,17). ¿Y por qué no el camino corto?, nos preguntamos, ¿por qué el camino largo, que al final, dura cuarenta años? Y cuarenta es la noción de tiempo, de tiempo sin fin, todo el tiempo. La letra mem significa agua, símbolo de tiempo. El agua fluye en nuestro mundo material, como el tiempo fluye en nuestra percepción. Estamos sumergidos en el agua y prisioneros en el tiempo. Pero si vinieron pescadores –pescadores de hombres, como está escrito en el Nuevo Testamento– y si nos pescaran, podríamos deshacernos de ese camino. Es Dios mismo el que quiere el camino largo, Dios mismo provoca el encuentro con la serpiente, Él trae el diluvio y permite la construcción de la torre de Babel, que luego destruye. Y es Dios quien deja mano libre a Satanás contra Job. Hago el bien y creo el mal, dice Dios en el profeta Isaías 45,7. Vemos que la pregunta por el sufrimiento va mucho más allá. Siento que tiene un sentido, pero ¿cuál es? La respuesta dada en la antigua sabiduría, es curiosa. Está dicho que el sufrimiento que el ser humano soporta, es idéntico al sufrimiento de Dios, cuando sacrifica Su unidad, para que el mundo sea. El sufrimiento del ser humano es quedar astillado en millones de fragmentos; el sufrimiento es fundamento del mundo, porque Dios se sacrifica a Sí mismo, a su Unidad. Con ello, la pregunta cambia: ¿Y por qué sacrifica Dios Su unidad? Podría dejarla intacta, y así nada de esto sería necesario. ¿Por qué lo hace? En primer lugar, se hace daño a Sí mismo, para luego decir: ¡Vosotros, a mi imagen y semejanza, vais a sufrir como Yo! Pero no es posible que uno solo lo lleve, sino todas las personas en todos los tiempos. El sufrimiento sumado de todas las criaturas daría lo que es el sufrimiento divino. ¿Qué significa ese sufrimiento? ¿Por qué tiene que ser? La unidad, está dicho, es la dicha, la alegría, el júbilo, todo está en relación y nadie puede malinterpretar al otro. Pero –está dicho– la alegría no es completa si no puede experimentarse esta alegría en el regalo de la unidad a otro que no la tiene. El regalo es la dicha mayor. Regalando, el dador se convierte en unidad con el receptor. Es hasta erótico, es la alegría del acercamiento, hasta sentirse en unidad. La unidad pues, consta de dos lados. De un lado la satisfacción y la dicha de la unidad, y de otro lado la exigencia de que se regale al que no tiene, porque en el camino hacia la unidad, se vive una poderosa felicidad. Es hermoso que dure tiempo hasta que la unión se efectúe; si sucediera en el instante mismo, sería aburrido. Debe de tener duración, un tiempo de búsqueda, de conocerse, de encontrarse, viviendo así la dicha del acercamiento. Necesitamos que el otro se alegre, y nos alegramos de su alegría. Está dicho que eso es el fundamento del sacrificio. Dios sacrifica su unidad dividiéndose, podríamos decir, en un aquí y un allá. Y con ello comienza el camino de la reunificación. Desde la miseria más grande, el abandono completo, lleva el camino hacia la unificación. Es un camino del aprendizaje, de conversaciones, también de malentendidos, es un arriba y abajo, es obsequiar y ser obsequiado. Ese es el fundamento del sufrimiento. Porque deja que la paz, la totalidad, la unidad se rompa, y ése es el sacrificio. Al contraer matrimonio, es costumbre romper una vasija, lo que significa que el camino comienza. La unidad queda rota, el camino comienza. Es la comunicación pues del largo camino en el que el ser humano, sufriendo, puede sentirse creativo. Porque hermosas obras de arte, grandes poemas han nacido por el sufrimiento. Soledad, decepción, locura, grandes escritores han sufrido y vivido mucho. Y, a pesar de todo, su vida también ha estado llena de grandes alegrías. Dios llama a Israel su hijo primogénito y le envía al exilio. Guerras continuas, casi hasta la exterminación. ¿Por qué trata Dios así a su primogénito, mientras que otros pueblos lo tienen fácil y bien? Texto completo en mi blog https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2022/06/02/estudios-de-tora-24/ Elaborado por David Saportas davidsaportasl@yahoo.com

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