# Dualidad y el Lado Oculto.

Episodio de [Podcast Arbol de Vida](https://escuchario.semeescucha.es/podcast/podcast-arbol-de-vida), de david saportas.

- Publicado: 25 de marzo de 2023
- Duración: 59 min
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- Página: https://escuchario.semeescucha.es/podcast/podcast-arbol-de-vida/episodio/10871524-dualidad-y-el-lado-oculto

## Sobre este episodio

Dualidad y el Lado Oculto. ¿Es posible el entendimiento de trascendencia, de nuestra existencia y la realidad? Parte 3. ¿Cómo es posible que se critique la existencia de los demás cuando uno mismo comparte esta vida con el mundo entero bajo circunstancias muy similares desde el punto de vista matrix del sistema operativo al que estamos todos sometidos? ¿Se puede justificar alguien y sentirse por encima de otro? ¿De los demás? ¿No compartimos todos el mismo aire y todas las bondades que el planeta y nuestro hábitat nos proporciona sin distingo? Por lo menos si no intervenimos para evitarlo o si lo hacemos para propiciarlo como administradores. El suministro natural está tanto en lo impositivo en abundancia, como el aire, como en cantidades menores, según importancia y propósito de reto en involucramiento del ser humano (agua, alimento, materias primas, etc). En su gran mayoría la «naturaleza» es abastecida con bondad infinita desde la fuente invisible innegable, denominada Dios. Seamos o no iguales en nuestras muy particulares esencias y pasado desconocido, sea tan antiguo o no en nuestro origen verdadero, en nuestro karma, en nuestras culpas, en nuestros aciertos, en nuestra ascendencia, en nuestro implacable e imperecedero recuerdo y sello cósmico, sea como sea, todos o la gran mayoría (eso supongo), nos reconocemos similares en cuanto a las dependencias del ambiente que nos define, incluyendo a toda la vida conocida (animal, vegetal y demás). Claro que hay diferenciaciones e infinitamente variadas. Pero compartimos una realidad común; mucho más identificados como vida mamífera animal y más aún como «seres humanos». En la superficie nos identificamos (me identifico) en muchísimos aspectos existenciales y necesidades comunes de todo tipo. Ahí estamos todos o casi todos (eso creo) compartiendo mucho en común. Compartiendo el drama cósmico de la vida con sus alegrías y sufrimientos; con anhelos y decepciones; con angustias y esperanzas; con dudas y certezas temporales; con imaginaciones, con fantasías, con sueños, con ambiciones, con emociones, con amores y odios, con interés y apatía, con responsabilidad y negligencia, con locura y sensatez, con desesperación y con adaptación, con satisfacción y con desasosiego, con deseos de claridad o con borrachera narcótica, con consciencia y con especulación, con corazón y con frialdad, con vida y como autómata, etc… Con todo el infinito espectro de rasgos de carácter «buenos» y malos que llenan la experiencia humana con lágrimas y risas, con guerra y paz, con historia, literatura, poesía, música, etc. Digo que como personas «normales» nos identificamos y no escapamos de dicha imposición. Pero también sabemos que hay quienes pretenden escapar por vías depredativas y abusivas. Los hay quienes comparten nuestro origen y quizás otros que no. Si se investiga un poco la duda es más que razonable. ¿Cómo no sentir todo lo anterior e intentar comprenderlo y compartirlo con identificación y empatía? ¿Cómo no solidarizarse con la «humanidad», con su compañero, con sus amores, con su prójimo, amigo, conocidos, desconocidos y demás en la lucha por la coherencia y decepción constante ante la cruda realidad y el autoengaño con sus dolorosas consecuencias? Todos lo sufrimos. Unos más que otros. Y se entiende que el escapismo a estas realidades controversiales y contradictorias, sea el continuo salvavidas que se desea, tal que se busque a cualquier precio con tal de evitar la angustia y anestesiar el dolor. No queremos sufrir, ni enfrentar estas realidades que nos harían sufrir. Por lo menos intentamos no verlas y escondemos la cabeza bajo la tierra como el avestruz. Si nos hacemos conscientes de la realidad de pronto nos derrumbamos, nos hundimos y no somos capaces de soportar los retos de la existencia. Nos narcotizamos y adaptamos cual autómatas a nuestra tabla de salvación, sea que se llame trabajo, oportunidad, burbuja, seguridad, confort, religión, status, hipocresía, doble estándar, corrupción, indiferencia, conveniencias, etc. Hay innumerables definiciones si se quiere. Se entiende y se siente dolor por ello cuando se comprende. Se desea misericordia y tolerancia. Todos lo necesitamos. Bien se dice en el Talmud: A mayor inteligencia mayor dolor. No obstante, cuando se entiende todo lo anterior, también se entiende que ese entendimiento y situación compartida es sólo una cara de la moneda, y que por el otro lado de la misma están todas las obligaciones de superación a dichas condiciones; pues también se entiende que existe la justicia obligada que equilibra dicho lado de la moneda que produce desbalance, infelicidad, miseria y muerte… Lo sepamos o no. No por tomar consciencia de la situación, su gravedad y ser empático con la misma por compartirse las mismas circunstancias, quedamos eximidos de nuestra responsabilidad por permanecer en dicho lado de la moneda. Permanecer en este lado de la moneda acarrea desgracia y no nos absuelve ni de culpa, ni de responsabilidad. Es decir, permanecer en el lado visible de la interpretación superficial inmediata de la realidad causa-efecto, malabarismo adaptativo consecutivo, hipnotismo irracional, supervivencia depredativa, negligencia borrega y búsqueda sumisa a falsos dioses (ciencia, religión, pragmatismo, dogmatismo, etc), tiene consecuencias de riesgo, adversidad y amargura en algún momento. La verdad es que si despertamos un poco de nuestro profundo estado de ensoñación (no obstante a pesar de estar atrapados en un solo lado de la existencia), podríamos ver nuestra propia vida y nuestro destino como algo muy caótico y a pesar de ello, podríamos, como una provocación, sentir y preguntar… ¿No puede haber algún orden allí a pesar de todo? ¿No hay algo que pueda dar un sentido a todo? De un lado la desesperación, la confusión; de otro lado la sospecha de que pueda existir alguna relación. Expuestos a cualquier situación, es decir, colocados aquí en lo concreto, nos viene el sentimiento ¿De dónde vengo yo? ¿Podría ser que solo sea comprensible si incluyo el origen, ese otro lado oculto, a ese que está enfrente? ¿Habrá algo frente a mí y que debería ver? ¿Y podría encontrarme yo a mí mismo solo desde allí, donde mi lado está unido con el otro lado? ¿Es posible que me encuentre a mí solo desde allí? ¿Desde el frente? ¿Cuál frente? ¿Qué hay al frente? Negar o desconocer que existe un frente es desconocer la realidad. Es vivir con la visión de un «solo ojo» (por algo las sectas secretas usan simbología de «un ojo»… El que supuestamente «todo lo ve»). Por algo tenemos dos ojos, dos piernas, dos brazos, dos oídos. Por algo toda percepción nos somete a la contradicción, a la visión de opuestos, de dos lados. Nos somete a la dualidad. Nos subyuga y nos doblega a una visión, contemplación y sensación dual tanto en los físico como en lo no tangible. Esta dualidad la percibimos aun estando atrapados en este solo lado de la realidad referido. Si permite la expresión, es el «aquí y allá» de aquí, desconociendo que todavía hay otro lado que bien podría denominarse el «allá y allá». Una doble dualidad de aquí y allá y allá y allá. Diagnosticar la dualidad que nos define es encontrar el misterio de la fragmentación desde el número cuatro a la multiplicidad. No es el objetivo aquí profundizar en este aspecto de la dualidad. La mención se hace como punto de partida a las disertaciones que se desprenden para sensibilizar una conciencia que permita percibir la realidad «con los dos ojos y no solamente con uno» (No lo interprete literalmente), liberando nuestra mente del paradigma de lo concreto o de la imaginación supersticiosa e irresponsable. Todos nosotros estamos situados en tiempo y espacio, y lo vivimos de forma temporal y sensorial. Tanto seculares y religiosos estamos igualmente sujetos a la interpretación lineal del tiempo. Cuando tratamos de ubicarnos en dicha línea siempre podríamos preguntar (hay quienes ni siquiera preguntan): ¿Y qué había antes? Si Dios ha creado el mundo ¿quién ha creado a Dios? No hay respuestas. Quedamos en confusión. Pero puede ser aún peor el panorama… ¿Y si no hay Dios? Entonces se deja el cuestionamiento en una entelequia y ficción digna de manicomio (en el Big Bang se definieron de la «nada» todas las leyes). Si usted no está enfermo mentalmente, entonces las preguntas no terminarán nunca y se podría seguir preguntando hasta el infinito. Entonces presuponemos que ahí sí que nos vamos a enloquecer. Y es cierto. Una conducta de pregunta continua enloquece; y al contrario, una carente de preguntas, también enloquece. ¿Cómo lo conciliamos? ¿Se puede conciliar? ¿Mejor no preguntar acaso? La verdad es que se espera que efectivamente hagamos preguntas. Pero también se espera que exista aquello que no podamos preguntar. Si tuviésemos que encontrar respuesta a cómo funciona nuestro cuerpo para vivir y controlarlo, seguramente moriríamos. Nuestro cuerpo funciona en automático por simple gracia divina. Y así sucede con toda la creación. ¿Depende de nosotros formularla para controlarla y vivir en ella? Ja. Aquí estamos y no controlamos nada, a pesar que el «hombre» se empeñe en ser rey de la misma y piense que sí, torciéndole el brazo a la Voluntad Divina. No es blanco y negro el discernimiento por si acaso. Las palabras “Dios creó el mundo”, lleva a preguntarse seguidamente: ¿Es Dios algo que está enfrente? ¿Un poder que según su capricho pueda hacer conmigo o con el mundo lo que quiera? ¿O existe una posibilidad de relación que vaya tal vez tan lejos como para que yo me reconozca también en Dios, de la misma forma que Dios se reconoce en mí? ¿Cómo accedo a las preguntas adecuadas? Sea usted supuesto creyente en Dios o no, ateo, científico, lo que sea, lo cierto es que igualmente todos tenemos razón de una forma u otra en conclusión sobre nuestro origen, y compartimos el mismo de la «nada». Hay identificación común, pero no es exactamente lo mismo. Los científicos carecen de definiciones completas (los religiosos también). No tienen los entendimientos exegéticos del idioma, ni saben de dónde viene el mismo. Todas sus formulaciones son quimeras imaginativas que sólo se sustentan fragmentadamente hasta donde la interpretación de este lado unilateral de la realidad se los permite. ¿Acaso la ciencia es completamente objetiva en lo concreto? ¿Está ausente de la imaginación? ¿Y la tecnología es acaso imaginación? No hay que hacer análisis exhaustivos para concluir que la misma tecnología, a pesar de la ausencia de respuestas en el por qué y las limitaciones de percepción, se verifica solamente en «el cómo» hasta llegar a barreras infranqueables. Nunca la ciencia ha definido el «por qué» de ninguna variable y fenómeno físico observable. Jamás… Además que es imposible. Los «por qué» únicamente se pueden responder con el conocimiento de ese otro lado oculto no comprobable por experimento científico, ni formulación predecible. La luz no es luz porque exista una descripción física asociada a fotones, ondas, partículas cuánticas, emisiones de calor, fenómenos observables al ojo, o lo que sea. Todo ello son descripciones del «cómo» y no responden nada del «por qué». Los «científicos» formulan definiciones incompletas y afirman que todas las variables físicas se definieron de la nada en la interpretación literal de la palabra más primitiva posible. ¿La luz es luz porque aconteció de la «nada»? Concluir eso es estar enfermo mentalmente. Y lo mismo lo aplican para todo el infinito cosmos visible y leyes físicas observables. El único entendimiento posible tanto del mundo físico, como del no tangible como el emocional, psicológico y demás, proviene de discernimientos espirituales revelados que permiten concluir sublimes y trascendentes propósitos existenciales de infinitas proporciones de grandeza, orden, éxtasis, amor, vivencia, sentir y conceptos asociados. Las respuestas proceden del significado que sólo la palabra puede revelar como concepto que toca y hace vibrar todas las fibras de nuestra alma y cuerpo. Acorde a esas definiciones es que las leyes físicas y la misma creación se manifiesta y desarrolla. «Y Dios creo al mundo con la palabra». Luz y oscuridad son conceptos espirituales predefinidos relacionados con nuestra alma, y que para que pudiesen ser perceptibles a nuestros sentidos como punto de partida al diseño de nuestra complejidad infinita de nuestro ser, se diseña un cosmos que vemos astronómicamente que hace evidente el concepto. Y de nuevo… Así es con absolutamente todo. Así entonces, sepa que en este lado unilateral de existencia (y mucho más siendo científico, pragmático, concreto), NO se tienen las definiciones completas del mismo idioma que permitiría conectar con ese otro lado. Más aun, ni siquiera se trata que las definiciones sean incompletas. En profundidad se llegará a concluir que más bien todo es falso en nuestra interpretación. Hecha la aclaración, pues hay que decir que efectivamente, tanto los unos como los otros (de forma dual y como siempre), ateos y religiosos bien están afirmando lo mismo… Se viene de la NADA. La diferencia es que por lo menos con esta definición, el religioso conecta en algo con el verdadero concepto, mientras que el científico NO. No es casualidad que la palabra hebrea que designa la nada (Ain), se escriba con las mismas letras que «Yo» (Ani). Quien se adentre en los estudios de la verdadera kabbalá penetrará en los misterios del idioma y la creación. Sólo entonces, quizás en algo su mente y corazón comprendan o perciban una chispa del significado de la NADA… Es decir Dios, quien a la misma vez se constituye en TODO. Establecido lo anterior, la Torá establece que la Creación se termina con el ser humano, la corona, con Adam, con la noción «yo asemejo». ¿Quién lo dice? Dios le llama así al ser humano, le ve como aquel al que puede decir: Yo le asemejo. Y el ser humano se llama «yo asemejo». ¿A quién? Quizás justamente a aquel que tiene enfrente. También aquí, en la semejanza, uno está frente al otro. El nombre Adam (palabra hebrea que significa “ser humano”) en sentido etimológico podría traducirse como yo asemejo, porque «domé» es asemejar y con la letra álef por delante, como primera persona, se interpreta, Yo. Pero esta palabra hebrea es, además, prácticamente idéntica con “silencio” y “callar”. Lo que significa que tal semejanza solo puede ser expresada en el silencio. El creador crea y allí donde la creación llega a su cumbre, donde aparece el Ser más alto, dice: yo asemejo. Para mí, el mundo es concreto, está aquí. Dios, innombrable, no comprobable, está enfrente. No lo digo en cuanto a distancia, porque significaría en frente en el espacio. Podríamos verlo así: enfrente, pero con signos diferentes de los que forman mi Ser. Si aquí está lo concreto, entonces justamente enfrente está lo inconcreto hasta aquello que sentimos que es la nada. La nada, por tanto, está también enfrente. La historia de la creación me muestra en primer lugar, como primera experiencia, la llegada al mundo, diciendo que aquel que me da el Ser, me asemeja. No es que un lado excluya al otro, al contrario, juntos forman la perfección. En este sentido, la creación sería algo muy curioso: ser creado desde una fuente en la que yo también estoy; y el creador que saca de esa fuente, también está en la creación aquí. Así inicia el relato bíblico y a continuación prosigue con palabras como «tinieblas y abismo». imágenes que podemos reconocer en nuestras vivencias como imágenes soñadas. Palabras bíblicas. ¿Pero cómo soñar con la noción tinieblas? Tinieblas, está dicho, significa rigidez. Así son las cosas, no pueden cambiarse. En este sentido la posibilidad del cambio no existe. Por ejemplo, si desarrollamos fórmulas, teorías, esquemas, estamos quizás atrapados en la oscuridad. Decimos abismo porque en el caos todo parece sin sentido, una inmensa desesperación. Reina la rigidez, nada se mueve. Debido a esto el ser humano tiene necesidad de un camino, de una posibilidad de poder desarrollarse. Podemos y debemos intentar introducir esta vivencia de la creación en nuestra vida. En la rigidez estamos muertos. De no hacer camino y avanzar cada instante, empezando de nuevo con cada paso, naciendo de nuevo, nos encontramos en una situación desesperada, en cada percepción del entorno. Transitamos este mundo como zombies; así usted se encuentre en actividad incansable, satisfacciones superficiales y gran jolgorio, sin ni siquiera ser conscientes sino más bien en nuestra inconsciencia. ¿Puede venir de allí el sentimiento de disgusto, de mal humor? Desde allí algo nos dice que todo es un fastidio. Pero ¿por qué, de dónde viene ese disgusto? Quizás, para que dentro de mí pueda crecer el deseo de algo distinto. Solo de aquello que tenemos frente a nosotros, de lo más alejado, puede crecer el sentimiento de que un camino sea posible. También, de alguna forma, la necesidad de un acercamiento. Estoy muy lejos; quisiera que comenzara un movimiento, que ese enfrente se me acerque, que pueda sentirlo, vivirlo. Quizás sea este el punto de partida de cada camino, de cada relación. Llévame en pos de ti, voy a querer, dice la sulamita en el Cantar de los Cantares (1,4). Lo que quiere, es una relación, podríamos decir. Hombre y mujer en el Cantar de los Cantares son también expresión del cielo y de la tierra. Llévame, dice la tierra, en mi desesperación digo: llévame contigo. Diríamos que la mujer le pide al hombre que la lleve. Pero ¿no se creó al ser humano como hombre y mujer, en unidad? Significa pues que busco el otro lado de mí mismo. ¿Es posible que la división entre cielo y tierra se haya hecho para que pueda vivirse la alegría de la reunión, del reencuentro? La tradición dice que Dios en su unidad, crea el mundo de Sí mismo, de forma que Él y el mundo puedan vivir la dicha de la reunión. Esa es la razón de la creación del mundo. Así ocurre también con el ser humano, que en el origen es hombre y mujer, una sola pieza. De ese ser humano Dios se separa la mujer que la sitúa frente al hombre; de la misma forma que al mundo se le saca de Dios y se le sitúa frente a Él. De allí viene todo anhelo del mundo, el anhelo de Dios y también sus celos. El origen de la envidia dentro de nosotros allí, donde vive nuestro Yo, es hacia lo que este mundo puede ofrecernos de concreto. Nuestro disgusto nace de esa envidia, es decir, ya aquí encontramos los dos lados del sentimiento humano. ¿No envidiamos muchas veces lo concreto del mundo porque se ocupa de todo salvo del Yo? ¿Salvo de mí? Y justamente ese yo quisiera ser reconocido y no siempre desplazado y ninguneado. Una relación se produce allí donde se trata de querer ser amado. Quizás yo también quisiera que se me tomara como soy, sin tener que cambiar antes y sin que tenga que pretender ser eficaz y exitoso en los negocios. Desde «el principio» mismo existe esta desesperación. La situación concreta se siente sola y no sabe. Bíblicamente se dice en el Genesis… y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. De nuevo, una imagen que no deberíamos ver separada de nosotros, en la astronomía o geología. Intentemos experimentarla como una imagen intensamente soñada, que no nos deja y que pide una explicación. Realmente toda la Creación, la Palabra exige una explicación. Y nosotros como si nada, de paseo embriagados para evitar la búsqueda trascendental y real. Sólo buscando «placer». ¿Qué debemos buscar? ¿Dónde se busca? No está en el cielo, ni está de la otra parte de la mar, está en vuestro corazón, en vuestra boca. (Deuteronomio30,12-14). Porque si los mundos permanecen separados, nada tiene sentido; permanece sin fondo, en el abismo, en tinieblas, con dureza. Así es y nunca habrá posibilidad para el entendimiento. No tendría sentido buscar aquí. No tiene sentido en nuestra percepción psicorígida del mundo buscar con una minuciosa investigación geológica por supuesto (no obstante la huella del creador está también en la tierra). Como tampoco es posible encontrar un ser humano, con todos sus sentimientos y odios, en un atlas de anatomía. No se puede avanzar así; es imposible encontrar el alma en una autopsia. Si nos quedamos únicamente en lo concreto, seguimos en el caos, caemos en las tinieblas y rigideces; los mismos que caen sobre Egipto como novena plaga (Éxodo 10,21-23). Significa, dice la tradición antigua, que cada uno permanece en la posición en que está, rígido, sin poder moverse. Las tinieblas son la última plaga; luego, del lado egipcio la muerte, y del lado hebreo la irrupción, la expulsión de Egipto y el nacimiento de un mundo nuevo. El principio de todo conocimiento es sentir que todo el mundo tiene relación conmigo; y que lo que yo siento, puede sentirlo todo el mundo. Hasta las piedras, los granos de arena, el aire. Quizás no estoy aislado frente al mundo, quizás soy parte de él. El camino comienza con la luz y en el transcurso de los demás días, aparecen los metales, los minerales y toda la creación inorgánica. Al final viene el ser humano, que siente felicidad o tristeza. La tradición dice que toda la creación no es otra cosa que el camino hacia el ser humano; todo se ofrece para ser sentido, incluido; ciertamente no en principio para ser estudiado y analizado. Porque ese camino lleva al aburrimiento. Como consecuencia de nuestra fragmentación, de nuestra «caída», tendremos que estudiar y analizar. ¿Pero hasta qué punto? Nos movemos allí donde no somos conscientes, es decir, en la otra parte del Ser, para que podamos reconocer: Estoy frente a ese otro, pero es un camino hacia mí mismo. Yo mismo estoy allí; es una vivencia en el inconsciente. Estamos fragmentados y propiciamos mayor fragmentación. No tenemos visión integral. Sabemos que un computador puede realizar miles o millones de transacciones en un solo segundo. No lo podemos seguir, va demasiado rápido para nosotros. Una vieja historia de la tradición cuenta que en el otro lado del ser humano, en su Yo, todo sucede en un mismo instante, todo lo que aquí se despliega en el tiempo. Así se compara al ser humano también con un rollo de escritura dentro de su recipiente. Para leerlo, se desenrolla una parte del rollo y seguidamente lo leído se va enrollando. Pero dentro del recipiente está todo el rollo. Al leerlo, existe el antes y el después, eso o aquello, no es posible leer todo al mismo tiempo. Significa que en el ser humano hay un lado al que se le puede llamar el lado inconsciente (para expresar que ese lugar es el almacén de todo) y que está frente al consciente. En su inconsciencia, el ser humano vive todo el proceso de la creación, comenzando con la creación inorgánica y todas las demás fases hasta el punto donde entra en la consciencia. La paradoja en el absurdo saca su cabeza en nuestro mundo. Tenemos como meta fragmentarnos en nuestro ser y al mismo tiempo desarrollamos frente a nosotros herramientas que nos muestren el panorama en un todo (caso de la computación y la informática). Ja. Dios tiene en la Biblia varios nombres. Esencialmente dos, que son mencionados constantemente y se traducen como Dios y el Señor. El Señor (Adonai), en hebreo, es el nombre con las cuatro letras yod-hé-vav-hé, el tetragrama, que no puede pronunciarse. Pronunciarlo sería inmovilizarlo, formularlo. Pronunciándolo se rompe el silencio podríamos decir; déjelo entero, sano, santo, y diga el Señor, o “ha-Shem”, el nombre. Se toma muy en serio, porque enfrente, del lado consciente del ser humano hay algo que no puede tocarse ni formularse. No hay imagen que viniendo de allí pueda estar aquí. La palabra hebrea “pesel”, imagen, se escribe igual como “pasul”, inválido. Es decir, por favor, ninguna rigidez. Una imagen para vivirla, eso sí, que puede desplegarse en múltiples vivencias. Todo lo que puede señalarse aquí y también todo lo que puede imaginarse aquí, así como todo lo que aparece aquí por separado, está en Dios en plural, y todo aquello que puede ser señalado o imaginado, está en Dios en multiplicidad. Por ello uno de los nombres de Dios es Elokim (plural de «Ele» – esos, estos, aquellos). ¿Cómo vivir a Dios en su nombre Elokim? Se ha formulado esta pregunta igual desde hace dos o tres mil años, y ya entonces se decía que todo está presente en el ser humano desde siempre. En sus raíces están depositadas todas las vivencias, quizás muy profundamente enterradas y muy alejadas de la vida en este mundo concreto. Se dice que Elokim es el lado de Dios que tiene que ver con la noción de justicia, de la ley. Así es justo, decimos. En la justicia de Elokim, no se piensa solo en juzgar, sino en ajustar, enderezar, en unir los fragmentos rotos y dispersos, es decir, en un levantamiento de lo caído. Así la palabra hebrea que se traduce siempre con venganza, no dice otra cosa que levantar lo caído. Algo que ha caído se levanta, se pone en pie. La justicia es la garantía de que todo lo que está, tenga un sentido. No es lo que nos imaginemos con nuestros actuales y torcidos paradigmas de justicia. Estando disociado del entendimiento aquí implícitamente señalado, no se podría ni remotamente imaginar lo que se quiere decir con «justicia». Como en todo en la Creación hay múltiples capas, que incluye que haya justicia para todo; que nada exista sin sentido o sin destino. Y lo mismo vale por supuesto, para nuestra vida. Ningún encuentro, ningún suceso por cruel o feo que sea, puede no tener sentido, porque hay justicia. Aunque usted esté desesperado, su desesperación es una señal que usted anhela, que desea la justicia; es decir, que usted no es un Ser neutral que constata simplemente y que deja las cosas estar. Bueno… Es lo que se espera del ser humano. Tristemente se constata todo lo contrario en todo el mundo. Al parecer hay muy pocos seres humanos en la actualidad pisando el planeta. En la tradición judía se llama a un ateo y burlón “apikoros”, es decir un epicúreo, un librepensador, para quien solo existe el lado terrenal. Pero justamente porque existe la multiplicidad, también ese comportamiento tiene sentido, porque muestra que existe el anhelo. Que no se piense que el epicúreo se circunscribe a su definición literal aquí reseñada o conocida en la filosofía. Hay muchas facetas de este epicúreo; desde el ateo hasta el «fariseo» religioso (por favor no asocie en automático a su antisemitismo). Aquí se encuentra todo el planeta desde el secular y místico con sus múltiples definiciones dogmáticas, hasta llegar a todas las religiones (empezando por la cristiandad). Los dos lados de los que hemos hablado, la dualidad, que emerge también en los nombres de Dios, se muestra ya en la primera letra de la Biblia, “Bet”, el número 2. Cada una de las 22 letras hebreas es, como seguramente saben, también un número. No son números como nosotros los conocemos para el cálculo. Podría decirse que nuestros números son un reflejo de esos números en el más allá de la Biblia. Son números exactos, mediante los cuales podemos contar aquí. No solamente en el español, también en hebreo y en muchas otras lenguas, contar un cuento, viene de contar, del conteo del número. Ciertamente nadie ha decidido que así sea en una conferencia internacional; más bien sale del ser humano cuando habla. La letra “Bet” de Bereshit, el número 2 con que comienza la Biblia a contar, quiere decir que en el más allá, el comienzo, el principio de la creación es algo dual; cielo y tierra, hombre y mujer, para que pueda surgir una relación. También el bien y el mal, la vida y la muerte etc. Siempre está uno frente al otro, se buscan, pelean, luchan, bailan podríamos decir, para conocerse. Se dice que en el mundo hay dualidad para que haya relación, para despertar el anhelo, o quizás la desesperación, si lo esperado no llega. En la Torá se habla del séptimo día, que es el día del descanso. El nombre de ese día, Shabat, tiene como raíz “shev”, sentarse. Estar sentado significa que el ser humano pueda abrirse a la paz. Pero no se trata exclusivamente de una meta sensorial como lo definen otras culturas (por ejemplo las orientales). En el hebreo, shalom es paz y al mismo tiempo perfección. Habiendo vivido estas fases, ya no se siente el impulso de tener que seguir andando, más bien el deseo de poder sentarse y descansar. Significa ante todo que ahora hay paz, no necesito nada más, es perfecto, “shalem”. En otras culturas la definición de esta «paz» es muy diferente. Allí se define más bien como escapismo de la realidad. Se habla de nirvanas y metas alcanzadas por ausencia de involucramiento con la realidad. Es todo lo contrario de lo que aquí se expone. En los significados verdaderos, la paz del Shabat por supuesto no es únicamente el resultado por haber llegado a una meta, sino más bien que durante toda la vida, durante el movimiento, exista siempre ese algo enfrente, que nos dé ese sentimiento del bienestar, del descanso, de la paz. Quizás si se ha entendido lo anterior nos podremos percatar del juego religioso que se escenifica en muchos sitios con el sábado. Hay caretas para todo y para todos. En hebreo hay una sola palabra que designa fe y confianza, y es “Emuná”. Ya aquí y ahora somos duales, vivimos en tiempo y espacio y en la eternidad, al mismo tiempo. En tiempo y espacio somos muchas veces infieles, sin fe, sin confianza. No lo hacemos a propósito, y no es culpa nuestra. Nos falta la confianza. En principio, la fe que se demuestre no es fe, sino que es la constatación de un conocimiento científico. Mientras que la fe comienza justamente allí donde no puede probarse nada. Por supuesto que abordar el tema de la verdadera Fe no es algo puntual. Emuná también viene de Emet (verdad), y en la verdad hay certezas. De nuevo la dualidad salta a la escena. Esto bien merece se explique en otro artículo. Que no se concluya que fe es creencia pueril e imaginación. No puedo probar mi Yo, pero «creo» que lo tengo. Creo que cada uno quisiera que su Yo quede preservado, de alguna manera, con su nombre, sus esperanzas e ilusiones; que de una vez las cosas salgan bien y que no quedemos siempre decepcionados. Porque, en el fondo, quisiéramos ser eternos. Y al mismo tiempo que advertimos lo anterior, sin embargo tampoco debemos abandonarnos a la irresponsabilidad en la fantasía y la candidez por simple negligencia. Sin preocupación y desesperación tampoco se puede andar el camino. La dualidad nos asalta por todos lados y se multiplica. Dios se comunica en el crecimiento como «El Señor» que tiene que ver con el Ser en el tiempo, con el Ser en todos los tiempos. Es el nombre «Adonai» (el Tetragrámaton ) que aparece por primera vez en la Biblia en Genesis 2. En hebreo, ese nombre que no pronunciamos está basado en la noción Ser; se trata de la palabra Ser en la tercera persona. Y, de hecho, el nombre dice: Él era, Él es y Él será. tan pronto aparece este nombre, viene la pregunta por el crecimiento. ¿Por qué no puede crecer, cuál es el secreto del crecimiento? Se trata del Ser, pero independiente de toda imposición de tiempo. No solamente Él era; no solamente Él es; no solamente Él será; sino más bien una unión de todo lo que es el pasado en nuestra experiencia, con todo lo que sentimos como futuro –unido en el ahora– una unidad que no podemos ni imaginarnos. Por esta razón se dice: ¡no pronuncies ese nombre! Porque solamente eres capaz de decir: Él era o Él es o Él será el nombre, sin embargo, contiene los tres tiempos en unidad a la vez. No pronuncie el nombre para no petrificarlo. Aparecen cosas y, en su apariencia, muestran un crecimiento. Árboles, flores, por ejemplo, pero también nuestro cuerpo. Viene de alguna parte, crece, llega al punto culminante, decrece y desaparece en alguna parte. Quizás una semilla era la causa de todo y quizás una semilla es lo único que queda para el futuro. No solamente una semilla que nosotros sembramos, quizás también una semilla que no sembramos. El supuesto «ser humano» actual (y de siempre) cree que tiene el control y las respuestas. La ciencia, la biología y los «expertos» predican cual religiosos toda su ignorancia con presuntuosa arrogancia, como si fuese cierto lo que sale de sus bocas y mentes. La verdad es que no son sino usuarios de milagros desconocidos y no reconocidos. Que se conozcan manipulaciones de la materia prima, no significa que se tenga la sapiencia, ni la potestad sobre la maravilla que subyace detrás de lo que nos es dispuesto. En cada concepción, se dice, no están solamente dos, padre y madre, sino también un tercero: Dios. Significa que ese Ser que describimos como el Señor, se comunica en el crecimiento. El tiempo y el espacio conllevan la alternativa: lo uno tiene que ceder espacio a lo otro. Todo lo que aparece aquí tiene sus límites. Pero se ve que crece, que cambia. Y solo lo vivo puede cambiar. ¿Qué es lo que hace que el ser humano pueda cambiar, tomar siempre formas nuevas? La luna, las estrellas y los planetas son las señales de esos cambios. Hay crecimiento para todo… En hebreo, “crecimiento” es “tsemaj” y al mismo tiempo, es un nombre del Mesías. En la Biblia, el Mesías tiene varios nombres, por ejemplo, Emmanuel, “Immanu Él”, Dios con nosotros, o “Menajem”, consolador, Jesús, en hebreo “Yeh’shúa”, el Señor ayuda, el hijo de David. Y David escrito “dalet-vav-dalet”, el amado (espero se vea la dualidad). Hasta la oscuridad crece. Los absurdos debido a la visión epicúrea y rígida de la realidad (incluyendo cristianos y fariseos) se manifiesta igualmente. Las conclusiones al respecto por ejemplo de conclusiones bíblicas de interpretación, de identificación del Mesías de Israel, de la doctrina dogmática, etc (de un lado y del otro) crecen y crecen con matices cada vez más desatinados fundamentados en la literalidad excluyente y concreta en piedra y limitación. Esto es importante resaltarlo aquí. Ya en el crecimiento vive el Salvador, el Mesías, el Ungido. En el crecimiento, en los cambios, se muestra un camino. El principio del cambio ¿de dónde viene lo que vemos? ¿A dónde va? Lo que se muestra en el crecimiento contiene un mensaje importante y nos lleva a la pregunta sobre las cualidades de Dios en su nombre el Señor, en el tetragrama. Frente a la justicia, que reconocemos como cualidad inherente al nombre Elokim, estamos aquí ante la bondad, la misericordia, también la justicia. El dar sentido podría ser el objetivo. Y yo pregunto… ¿Dan las religiones sentido a la existencia en el entendimiento? Pues yo no lo veo por ningún lado. Así se me citen grandes kabbalistas. Ya lo he escrito anteriormente. Las pretensiones arrogantes aplaudiendo todo lo que no se entiende aparentando sabiduría. Lo que debe resaltarse es que se trata de entendimiento con sentido. Es decir… Vívido que desgarre el corazón y la misma existencia. No se trata de academia, ni de manifestaciones mágicas milagrosas. El milagro también es dual. Hasta los brujos hacen milagros. La justicia y la misericordia… Dos aspectos de esta dualidad que se desdobla de forma fragmentada hasta el abismo en caos y confusión. Las definiciones correctas son el punto de partida. Y todo se debe redefinir. Es el camino. No es academia. Y se empieza con la definición de Justicia. Podría decirse que se requieren todas las definiciones que la sabiduría revelada nos proporcione para poder llegar a definir al fin el significado de la Justicia… Y luego: La Misericordia. Hay una definición de nuestras vidas que tiene sus orígenes en la infinita sabiduría de nuestro Creador. Y debemos conocer dicha sabiduría en lo que nos atañe. Por eso vivimos aquí compartiendo todo lo descrito. No podemos suponer, ni mucho menos concluir que la misericordia que recibimos en la variable tiempo que impide se equilibre la balanza de justicia de forma inmediata, nos absuelve y que si aún continuamos sin experimentar las consecuencias más graves de dicho juicio, se justifica la vida narcótica e incoherente que vivimos cuando se prueba en el fuego de la exigencia divina. Concluimos en el mejor de los casos que nuestras vidas son «normales» bajo los diagnósticos de todo aquello mencionado de nuestro drama existencial cósmico. Eso pensamos porque nos adaptamos sin saber si eso es lo mejor que podríamos recibir y qué es lo que se espera de nosotros. Peor aún, que nada, ni nadie espera algo. Que no tenemos, ni responsabilidad, ni exigencia, ni cuentas que dar. Vivir una vida pasajera sin hacerle daño a nadie y exprimiendo el mayor placer que se pueda. ¿Qué de malo hay en ello? Y hasta podría estar de acuerdo. Muchas comunidades plantean dicha vivencia. Por ejemplo los Amish, muchas sectas cristianas, jasídicas, religiosas, hipes, seculares navideñas, etc. El asunto es que tare o temprano el «otro lado» nos alcanza con su factura y resulta ser todo careta y falsedad. Ahora, si todo lo anterior presupone un reto inimaginable en esfuerzo de entendimiento, el asunto se pone peor aún con el diagnóstico de nuestra existencia asociado a la dualidad aplicada a las influencias geopolíticas e históricas de manipulación sobre nuestras vidas. Toda dualidad es fragmentación y es susceptible de mayor división. No sólo susceptible… Por definición matrix es diseño fractal asociado de forma multidimensional a todo nuestro ser y la realidad. Siempre tendrá una estructura de aquí y allá, y allá y allá. Del dos al cuatro, y a la multiplicidad. Ya se dijo. Sería muy extenso explicarlo. Hago la mención para resaltar que hay poderes oscuros cuyo propósito es boicotear la Creación e incluso destruirla. Hay dialécticas de engaño en niveles primarios planetarios de influencia del poder. Y sin embargo a pesar de ser visibles en la superficie, y sin suponerse que diagnóstica a profundidad todas las implicaciones que vienen asociadas a la carencia de entendimiento y aceptación de paradigmas que definen nuestras consciencias, aun así son invisibles a casi todo el mundo. Son peligrosísimas y sin embargo la mayoría no las ven. Por lo menos se debería intentar empezar a abordar el reto del entendimiento de la falsa realidad con lo inmediato impositivo de forma macro, que por ejemplo se conoce como Nuevo Orden Mundial. Como consecuencia de este diagnóstico es que se vive como zombie y usted se molesta con cualquier exhortación. Por eso su burbuja jamás funcionará. Hay que llegar por lo menos a un punto de partida. Este punto es la comprensión de la diferencia entre el bien y el mal. No sólo a nivel de definiciones matrix; también a nivel de involucramiento y cuestionamiento continuo de la realidad geopolítica , laboral, familiar, etc. En todos los aspectos. Hay que dejar atrás la negligencia y la idiotez de pasar días sin las preguntas adecuadas, cuando las mismas deben ser constantes y diarias. A la vez e igualmente dejar atrás la tontería de las preguntas inadecuadas ¿Cómo llegar a las definiciones correctas de Justicia y de involucramiento continuo? https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2023/03/25/salvacion-y-dualidad-13/

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