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Salvación y Dualidad Parte 10 - Fariseísmo versus Vida Eterna

· 2 h 51 min

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Sobre este episodio

Fariseísmo versus Vida Eterna – Dualismo versus Unificación. Leer este artículo que aquí escribo, en caso que sea leído, para la gran generalidad, totalidad, pluralidad o colectividad en el espectro de la posibilidad de recepción y lectura de estas palabra (prácticamente inexistente), sin duda que se consideraría una pérdida de tiempo, una inutilidad, un esfuerzo indeseado y reprobable. Digo lo que digo como diagnóstico e inferencia. Es obvio que la posibilidad de verificación y feedback del postulado es nulo. Aun así la reflexión y exhortación a la comprensión de lo que aquí digo y se comparte, se deja como evidencia de argumentación explicativa y aporte al espacio de masiva opinión de perdición que nos inunda, ahoga e invade de infinitas maneras presuntuosas. Sí… La masa entera concluye que abordar, leer o dedicar una mínima atención al concepto fariseísmo o a este artículo se considerará superfluo, inútil, insulso y similares. Nada más falso concluir de esta manera al demostrar que la misma vida eterna se encontrará en la comprensión del concepto. Y por ello conviene investigar el asunto. Esta última afirmación será igualmente causa de burla en la misma sintonía con la que se ignora todo lo que subyace detrás de la sabiduría inconmensurable del significado escondido en la palabra fariseísmo. Es decir, hablar de vida eterna y fariseísmo es algo que no sólo no pasa por la mente de nadie, sino que mucho menos se puede siquiera concebir que haya una relación, que exista un conocimiento posible de alcanzar para entender el concepto de la vida eterna, su realidad, sus misterios y mucho más, y por cuya ausencia de comprensión nos cataloga en nuestra habitual y aceptada condición de ignorancia, oscuridad y confusión de percepción de la vida. Ausencia de comprensión que nos define como fariseos. Una condición de carencia de discernimiento en la diferencia entre tiempo y eternidad. Una categoría de desconocimiento del significado, propósito de la vida y de la esencia raíz de la vida eterna… Comprensión, percepción, entendimiento, consciencia y por sobre todo fruto de sentimiento, acorde. Comprensión de la dualidad y conciliación de la fe y el conocimiento que proporciona la vida y la eternidad. Que proporciona la liberación de la esclavitud de la forma y la dualidad. Como se establece bíblicamente… El justo por la fe vivirá y se es salvo por fe. La comprensión como cúspide del conocimiento de Dios hasta donde nos sea permitido, al mismo tiempo que como sumisión a lo incognoscible del mismo y aceptación de ejecución de Su Voluntad en libertad, temor y amor. Conceptos estos que requerirían la misma eternidad como consumación de comprensión y sensación de placer y éxtasis. Conciliación perpetua, interminable y constante de trabajo y esfuerzo con descanso y gracia. Armonía y reconciliación entre Shabbat con Obras y también Fe con Méritos; entre destino y libre albedrío, sufrimiento y felicidad, experiencia y reflexión, nacimiento y muerte. Y por ello conviene transitar el camino hacia la comprensión. Nuestro devenir existencial depende de ello desde siempre, antes, ahora y después. Un devenir de responsabilidad y a la misma vez inesperado en bondad y gracia. En nuestro estado actual de existencia, atrapados en la esclavitud del tiempo, hablar de fariseísmo para algunos será un tema trivial, intrascendente y hasta ridículo. La gran mayoría, por no decir la totalidad, pensarán conocen el término según el paradigma más generalmente conocido de diccionario en su faceta antisemita profundamente ignorante, distorsiva y difamatoria. Religiosos cristianos y catedráticos humanistas tendrán las mismas preconcepciones recién mencionadas, quizás con algunos matices más refinados, pero igualmente antisemitas, ofensivos o descalificativos. Por el otro lado en el judaísmo se tendrán nociones con precisiones mucho más acertadas en un rango de mayor o menor comprensión y asociación al verdadero significado histórico de la palabra. No obstante, no creo sea probable que exista el apropiado discernimiento del concepto trascendente de la palabra en el judaísmo, sea cual sea su orientación doctrinal o denominación religiosa. Y lo afirmo bajo el contexto mismo nominal que implica decir judaísmo. Es decir, la sabiduría incuestionable del judaísmo que se sustenta en la revelación de la Torá en toda su extensión. Dicho más explícitamente, no se accede a la verdadera y completa sabiduría e instrucción de vida entendida como judaísmo o revelación divina, si no se consideran los textos neotestamentarios decodificados kabbalistamente con la conexión mesiánica a la Torá. Sin éstos la misma queda incompleta y sin el beneficio de trascender la condición restringida, limitante y condicionada del fariseísmo. Condición en donde nos encontramos todos atrapados de una u otra forma, en mayor o menor grado. Y repito… No piense o concluya que usted conoce el significado y trascendencia de la palabra y el concepto, si jamás ha cuestionado e investigado el tema con verdadera relevancia, objetividad, honestidad y anhelo durante décadas, hasta ser direccionado desde arriba a las fuentes adecuadas (y que son muy pocas, valga la pena decir). Ciertamente no serán encontradas dentro del mismo fariseísmo de forma explícita. Sea como sea la explicación detallada, en líneas generales el cristiano con su interpretación ignorante, prejuiciosa y presuntuosa con tintes antisemitas, descalifica al fariseo, mientras que el judío descalifica al cristiano por su ignorancia y con justificación como víctima de difamación, persecución y violencia a la que ha sido sometido milenariamente. Desde la perspectiva entre estos dos extremos, es obvio concluir que la justificación y la razón está de parte del judío inobjetablemente. El cristiano desconoce las alturas que se alcanzan como fariseo y que son requisito obligado de superación de la esclavitud y condición misma farisea. Parece contradictorio… Se profundiza la condición farisea para superar la misma. Un concepto y conocimiento complejo de entender. Un camino a transitar en el esfuerzo arduo de comprensión de nuestra realidad dual. Es lo que se intentará explicar en algo con este artículo. Dicho lo anterior, entonces se deduce que tampoco se puede afirmar que el judaísmo fariseo tiene la razón de comprensión de la existencia. Como se sentencia en los textos neotestamentarios… «Porque os digo que, si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». (Mateo 5:20). El judío fariseo se ha justificado en la belleza inobjetable de cumplimiento de la ley como evidencia de perfección y belleza externa e interna. La belleza de las vestiduras externas reflejan la belleza de la condición interior. Y hay que decir que esto es completamente cierto y a la misma vez falso como evidencia de requisito o manifestación de perfección, según los parámetros celestiales del espíritu. Hablo de manifestación dialéctica, lo cual se explica reconociendo que la búsqueda y evidencia de virtud en la vida, con todo lo que ello implica de compromiso personal con una constitución de comportamiento y principios rectilíneos inquebrantables (y que se conoce en el judaísmo como el camino halájico), es inobjetable de calificarse como ideal. Entrar a detallar todo lo que este idealismo implica y cómo se vive, es entrar en el conocimiento de las mismas profundidades de la sabiduría revelada de la Torá en ese sentido. Sería un absurdo intentar resumirlo con frases y artículos como este que aquí escribo. Si se quiere saber de qué se trata, pues se debe entrar a estudiar la Torá día y noche a una yeshivá (centro de estudios de judaísmo) por años. Es lo que hacen los rabinos. Los énfasis de estudio en estas facetas halájicas de la Torá se direccionan en superación de los malos rasgos de carácter, superación de los instintos malignos, del egoísmo, de la corrupción inherente y circundante, de la protección a la rienda suelta de nuestro instinto al mal, como búsqueda de placer a cualquier costa, rectificación de la codicia, rectificación de la envidia, robo, engaño, mentira, asesinato, falsos paradigmas de asociación con lo criminal, lo falso, lo incorrecto, freno a los deseos impuros, la búsqueda de servicio al prójimo, el cumplimiento de los deberes humanos y divinos, cumplimiento de mandamientos en acción y omisión, autocontrol, comer kosher, cumplir Shabbat, hacer oración, ayunos, santas convocaciones, etc, etc. Todo esto se denomina rectificación, rechazo al mal, escogencia de la vida, obediencia, temor de Dios, amor a Dios, temor al castigo, búsqueda del bien y mucho más. Seguir esta constitución de vida tiene como requisito el conocimiento revelado de la Torá. Una confirmación de que el ignorante NO puede ser bueno. Vivir reactivamente sólo por medio de la intuición, el devenir de los acontecimientos y sometido a la influencia masiva de los paradigmas equivocados de este mundo y nuestro entorno, viviendo como robot y en completa oscuridad, definitivamente NO conecta con la vida y la perfección. Mucho menos con la trascendencia. No conocer estos aspectos significa tener una vida animal en el mejor de los casos, y peor aún, es convertirse en un ser demoníaco. Es completamente demostrable de forma redundante y extensa esto que aquí afirmo. La falsedad del mundo con todo su rastro de miserias, destrucción, injusticias, mentiras, narcotización de percepción, disonancias cognitivas, justificaciones corruptas y demás nos avasalla por todos los frentes. Así que criticar dicha búsqueda de perfección no es lógico, no es coherente, no es justificable. Es la misma justificación del mal como única opción. Una justificación deseable y corrupta por conveniencia, deseos, apetitos, egoísmos, euforia y similares. A la misma vez es evidencia de diagnóstico del sufrimiento, hipocresía y evasión de la realidad que nos define. Se concluye que la hipocresía se vive más bien en el lado cristiano y no en judaísmo fariseo. Pero ésto sólo como conclusión de inicio. Al final el fariseísmo sucumbe también a la hipocresía. Cada uno con su propio paquete particular. Hecha la aclaración, se podría afirmar que esta sabiduría de vida o por lo menos búsqueda de rectificación en la vida del judío, son vestiduras de belleza internas y externas. Y siendo esto cierto en evidencia, entonces cualquiera podría concluir que son falsas las afirmaciones neotestamentarias sobre las limitaciones del fariseísmo. Por ejemplo lo que dice el versículo de Lucas 11.43. «Ay de vosotros, Fariseos, que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas». Pues ni falsas las palabras de Mashiaj de critica al fariseísmo, ni falsas las vestiduras de belleza exterior de los fariseos. Y ésto es así porque mientras Mashiaj se expresa y diagnóstica con énfasis del requisito del reino de los cielos (Olam Habá), los fariseos de justifican diferencialmente en comparación con todo lo demás de este mundo (Olam Hasé) que NO es bello, mientras que el fariseísmo en contraste sí lo es. Esta «sutileza» de parámetro de referencia define con exactitud el criterio de interpretación entre fariseos y las enseñanzas del reino de los cielos. Y es por ésto que el fariseísmo considera como blasfemias y ataque a la Torá las palabras del Mesías de Israel y los textos del nuevo testamento, pues sus indicadores de juicio, fundamentados en su interpretación literal incompleta y limitada de la Torá son diferentes a los que la revelación mesiánica (la Torá de Mashiaj) explica y amplia. Es esta «sutileza» de falta de comprensión de la diferencia de terrenos opuestos de diagnóstico y entendimiento de la Torá, la que ha producido una inmensa y absurda controversia, generalmente maliciosa, ofensiva, trivial, soez y mal intencionada de ataque mutuo de parte del cristianismo al judaísmo y del judaísmo al cristianismo con sus recíprocas descalificaciones, insultos y agravios. Y así como el fariseísmo considera blasfemias las escrituras neotestamentarias y las palabras de Mashiaj por no entenderlas, así igualmente el ignorante cristiano considera al judaísmo y a la Torá obsoletos (igualmente sin entender), y acompañado además con el odio antisemita generalmente asociado. Tanto el uno como el otro ignoran la revelación del reino de los cielos y se injurian uno al otro con ínfulas de razón. Y sin embargo no hay exacta similitud o equivalencia de razón entre los dos grupos religiosos; es decir, entre cristianos y judíos (hablando nominalmente). Realmente NO se trata de diferencias entre dos teologías. Se trata de TRES teologías, a saber… La judía farisea con su interpretación lunar de la Tora, la cristiana falsa disociada de la Torá y del nuevo testamento y la revelación del reino de los cielos real en los textos neotestamentarios interpretada bajo la verdadera lupa solar de la Torá (la interpretación de Mashiaj). Y es por ésto que NO hay equivalencia en la descalificación mutua entre cristianos y judíos, pues mientras que la descalificación cristiana es totalmente ignorante y absurda por ese mismo hecho de ignorancia de la Torá, en el judaísmo hay dos descalificaciones que se interpretan como una, y que NO son iguales… La primera correspondiente a la descalificación aceptable y procedente, razonable, justa, sensata, evidente y lógica que se corresponde con el rechazo al absurdo, falsificación de la Torá y la mentira del cristianismo; y la segunda descalificación, ya absurda y carente de razón y justificación, correspondiente a la difamación y rechazo de los textos del nuevo testamento. Con todo esto anterior como contexto, el cristianismo empoderado con el versículo de Lucas 11.43. «Ay de vosotros, Fariseos, que amáis las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas», embiste contra el judaísmo para impugnarlo con sus distorsivas e ignorantes interpretaciones del versículo y considera hipocresía la belleza de las vestiduras de búsqueda de virtud del judaísmo, desde su perspectiva lunar disociada de la solar. Si Yeshua lo dijo es porque es cierto… Pero teniendo en consideración la perspectiva solar y no la lunar. Pues en la perspectiva lunar, este fruto es obligado, aunque no meta. La meta está en la perspectiva solar. El cristianismo se exalta con ínfulas de razón pretendiendo estar al nivel de entendimiento de las palabras de Mashiaj, y sin embargo ni siquiera se percatan qué están muy, muy por debajo de los frutos lunares fariseos de bellezas de vestiduras de este mundo… La Torá escrita en piedra para un mundo acorde a este requerimiento después del pecado del becerro de oro en el Sinaí y por lo cual Moshé rompió y fragmentó las primeras tablas… La Torá de Mashiaj para un mundo solar y no lunar. Una sola Torá cuando se integra. El judaísmo siendo consciente y conocedor de esta crítica maliciosa cristiana que se emite en absoluta ignorancia de lo que hay en virtud detrás del trabajo fariseo, califica con razón al cristianismo y a los textos del nuevo testamento como enemigos de la verdad, la voluntad divina, la Torá y obviamente del pueblo judío. Y no obstante el judaísmo es inconsistente con el verdadero sentido de la sentencia de Mashiaj que revela un conocimiento profundo de desconexión de la práctica farisea con el lado oculto de la palabra, con el reino de los cielos, aún así, el judío fariseo es consciente de la realidad incoherente evidentemente funesta y trágica como condición general de este mundo, por lo menos en lo referente a las enseñanzas de vida virtuosas de la Torá. Otra cosa es diferente con respecto al diagnóstico que rodea al mundo con tinieblas como conspiración global. En ese aspecto el fariseísmo sin conexión solar es víctima y también está capturado. Y aunque hablo de cristianos, el diagnóstico totalitario, tanto de paradigmas de vida acorde a la Torá y tinieblas conspirativas, aplica a las masas seculares, ateas, comunistas, orientales, a toda otra religión y a todo el planeta. Triste diagnóstico que con seguridad nadie aceptará para su desgracia. Para el judaísmo el nuevo testamento es blasfemo y causa de la historia criminal del cristianismo de persecución y asesinato continuado de judíos durante casi dos mil años, bajo las inculpaciones de que los judíos matamos a Dios. Es la historia del antisemitismo cristiano en todas sus modalidades a través de la historia… Esto es incuestionable en cuanto a la razón que asiste al judaísmo. Y por ello el judío ha sido víctima también de su mismo prejuicio contra las escrituras neotestamentarias. Por supuesto que hay una historia de la transición del judaísmo mesiánico del primer siglo al cristianismo antisemita del tercer siglo en adelante. Y por supuesto, también hay muchos más aspectos de todo tipo (incluyendo los misterios mesiánicos) al respecto, que han hecho que el judaísmo se haya marginado de su herencia y sus propios textos, a los que llaman asquerosos… Y es aquí precisamente donde se destaca la dialéctica mencionada. El judaísmo tiene razón para ser enemigo del cristianismo antisemita; pero NO de sus propias escrituras, conocidas como nuevo testamento. Sí… La afirmación del versículo que dice «Ay de escribas y fariseos» es cierta; pero NO por la evidencia e interpretación cristiana. Todo lo contrario… Si escribas y fariseos tienen de que preocuparse, muchísimo más los cristianos. La belleza farisea es cierta hasta cierto punto. Y ese punto es revelado por el mismo Mesías de Israel en el nuevo testamento. La exigencia de perfección y belleza de la ley sin las conciliaciones y conexiones que se logran acceder con ese otro lado oculto de la existencia, no se revela, ni se vive, tal que toda la apariencia estricta de perfección en lo más alto de meta y compromiso fariseo, termina convirtiéndose en otro tipo de cadenas y esclavitud en desamor, frialdad, sectarismo, desprecio y un sin número adicional de facetas distorsionadas. Al final una faceta opuesta a la belleza inicial alcanzada. Al final, una cara opuesta y dual de la misma moneda de separación del mal inicialmente aspirada lícitamente con rectitud y con el mismo aval de la Torá. Un camino de entendimiento, si se quiere, igual o más extenso de aprendizaje de la letra de la Torá calificada como sabiduría (lícita, obligada, deseable, pero incompleta sin la conexión con el otro lado oculto). La gran mayoría se revuelca en la inmundicia y no le importa. No la diagnostica y se hace cómplice con la maldad ¿Acaso los califica como mejores? De ninguna manera. Preguntas difíciles con respuestas difíciles. Apartarse es obligado hasta alcanzar el nivel requerido. No se puede permanecer en la inmundicia. Nunca se saldrá de ella si no se hace el esfuerzo. ¿Cuáles son los énfasis que debemos entonces entender? Es decir, la burbuja es necesaria. Pero la misma, igualmente siendo dual, debe vivirse o estructurarse de la forma correcta, sin desechar el mundo. No se avala de ninguna manera la fantasía cristiana, ni la utopía progresista humanista. Otra característica más de interpretación de la infinita dualidad que nos rodea. Aunque hay que decirse… No es un diagnóstico completo. Aun intentándose vivir en burbujas sectarias, aun así, la separación de la realidad de la vida común y de la gente común en estos tiempos globalizados, no sólo NO garantiza inmunidad a la influencia maligna aplastante del sistema mundial, sino que devalúa y rebaja el mérito de responsabilidad, trabajo y compromiso con la obligación del pueblo judío como cumplimiento al mandamiento de ser «luz a las naciones». Y ésto no sólo afecta a las naciones, por cuya situación se juzga de «arriba» a quien tiene el conocimiento y el deber de compartirlo y no lo hace, sino que pervierte e impurifica la condición farisea. Dualidad por todos lados… Por un lado el fariseo se eleva, pero si su marginamiento e intento de separación del mal se distorsiona en burbujas selectivas de discriminación, su elevación se convierte en descenso. No casualmente, ni por nada la palabra hebrea «perushim» significa fariseos. Palabra que significa «apartados», lo cual debe ser el objetivo y punto de partida para separarse del mal. Y ello exige el discernimiento entre el bien y mal… Algo que el cristianismo en su imaginación e ignorancia no hace, quedando atrapado en las mismas profundidades del mal sin percatarse de ello. Esto es obvio que requiere extenso estudio y sus respectivas demostraciones. Y claro que puede demostrarse ampliamente. Apartarse es discernir el bien del mal. Y es el primer paso obligado. Este es el mérito del fariseísmo. En su más alto nivel es sabiduría sublime (porque hay muchos niveles de fariseísmo). El Zohar describe 7 niveles del mismo. En el primer siglo se dice se conocían 8 niveles del mismo. Pero sin duda que hay muchos más. Pero aún lo más sublime del fariseísmo sigue siendo fariseísmo. Es decir, escritura en piedra y literalidad. La vida, sea como sea que se viva, nos conecta siempre con ese otro lado oculto de vida y existencia que siempre está presente (un tema muy extenso por explicar y que se corresponde con la revelación del reino de los cielos, según lenguaje neotestamentario). El desconocimiento de ese lado, no obstante se percibe de forma inconsciente y nos hace sufrir en anhelos incomprensibles como punzadas de exhortación a su búsqueda consciente. La ausencia de dicha consciencia nos sume en insatisfacción constante en el mejor de los casos, y nos embriaga y conduce generalmente al error, sometiéndonos al dominio del príncipe de este mundo; del Satán, quien usufructúa la bendición y bondad que Dios pródiga para toda su creación, aprovechando la ignorancia y el error del «ser humano». Pero la vida allí está y continua siendo emanada desde ahí para todos y para todo. Por ello aún sin Torá, es factible aún vivir las bondades de la vida. Y en la ignorancia, Dios manifiesta aún así gracia sobre los pecadores. Gracia de la cual el mismo fariseo, al especializarse en su distorsión de perfección, se margina, habiendo más vida temporal, a veces (no siempre), en algunos de aquellos sin Torá (incluyendo a cristianos que reciben un resplandor temporal y fugaz de luz celestial). El problema aquí es que es misericordia temporal. No es fruto permanente de vida. El judaísmo fariseo tiene razón en su defensa y justificación ante lo evidentemente falso y torcido que es fruto del cristianismo, y por supuesto también fruto de los valores humanistas (por más éticos que se formulen en el mejor de los casos). Pero es incompleto y por ende falso en su presunción de culminación, excelencia, esplendor, santidad alcanzada y objetivo cumplido de los requisitos de la Torá… Es decir, el judaísmo fariseo es falso por incompleto en su presunción de alcance de entendimiento y consumación de perfección de la Palabra, Voluntad y Manifestación de Dios. Mientras que el judaísmo busca la perfección de la vida aquí en nuestra existencia consciente como único lado de conocimiento a través de la sumisión y obediencia a la instrucción divina, el cristianismo justifica la misma perfección incompleta de un solo lado, descalificando la sumisión a la ley (la Torá) bajo pretexto de libertad y gracia, apropiándose y distorsionando la Torá de Moshé y del Nuevo Testamento. Mientras el judaísmo califica como belleza de vestiduras su propia devoción, su compromiso, su disciplina y cumplimiento de mitzvot (mandamientos); mientras califica su inobjetable esfuerzo, su honestidad y coherencia ética con los retos seductores de la vida, su lucha en el discernimiento entre el bien y el mal, entre muchos más aspectos, y siendo todo esto efectivamente apariencia de hermosura, por el otro lado, el cristianismo desconoce y menosprecia todo este esfuerzo y accionar de vida, calificándolo de hipocresía; o peor aún, difamando con los más abyectos y maliciosos términos al judaísmo. Pero no sólo hay diferencias entre judaísmo y cristianismo. Hay coincidencias, no obstante, entre ellos. Por ejemplo… Ambos se descalifican mutuamente, decretando el infierno al otro. Y ambos citan las escrituras sagradas. Los cristianos citan al nuevo testamento y los judíos citan el Talmud. Ambos desconocen o ignoran el Lado Oculto del aspecto inconsciente de la existencia. El cristianismo confunde este lado oculto con el ocultismo prohibido en la Torá como práctica y comunicación con el otro lado «malo» (Sitrá ajará), mientras que el judaísmo lo confunde con el sistema operativo dimensional de mundos o la estructura sefirótica no visible del Olam Hasé (este mundo). Y sin embargo, ese otro lado, ese lado oculto de inconsciencia es desconocido por las dos religiones. Lo desconoce el cristianismo debido a que desconoce la Torá, y lo desconoce el judaísmo debido a que desconoce la revelación del reino de los cielos, llamada Nuevo Testamento. En ese sentido de desconocimiento de ese lado oculto (la revelación del reino de los cielos), tanto el cristianismo (con todas sus modalidades mesiánicas disfrazadas de judaísmo), como el judaísmo no cristiano (ortodoxo, conservador, reformistas, caraítas, ebionitas, etc) son similares como fariseos, lo cual sin duda que sería un sorpresa mayúscula en cristianismo y judaísmo. La letra en piedra es lo mismo que literalidad y esclavitud a la percepción sensorial ligada al tiempo de forma lineal. Es la sumisión y servidumbre a la rigidez de la causa y el efecto como default de este Olam Hasé (este mundo denominado lunar en lenguaje kabbalista). Que no se piense que esta frase recién citada o todo o que aquí he dicho se puede entender con la misma literalidad de estas palabras o de forma fácil. Requiere años y vidas de estudio e inmersión de vida. No que yo lo sepa o lo viva… Pero la inferencia si es posible hacerla a través de la perspicacia de diagnóstico del absurdo, la contradicción y la incoherencia. Requiere del conocimiento profundo de la sabiduría de la kabbalá… Y por supuesto también requiere del tránsito fariseo de los rudimentos (Halajáh, Talmud, Sabios de Israel y mucho más). Así que valga la advertencia de NO simplificar el asunto. Nuestra existencia “lunar” regulada por esta dualidad excluyente de opuestos, nos crea todo tipo de confusiones de percepción; nos seduce con la mentira y nos engaña con infinidad de sutilezas interpretativas de la realidad diaria. Y sin conocimiento de esta adhesión al lado “lunar” de este mundo, de manera completamente automática y totalitariamente por defecto operativo, nuestras vidas transitarán de un lado para otro en los engaños de la dualidad, invirtiendo absolutamente todo en términos del bien y el mal, adheridos a la idolatría (en el peor de los casos), y sin duda alguna a la ilusión del fariseísmo de hacer el bien, en el mejor de los casos. La dualidad nos condiciona obligatoriamente por defecto en la trampa de la escogencia. Que no se piense que es fácil entender el concepto y la vivencia. De ello depende el destino de nuestras almas, rectificación y salvación. He escrito en mis libros al respecto y muchos artículos que he compartido. Por ejemplo la serie «Salvación y Dualidad» y que a la fecha consta de 9 episodios o capítulos compartidos. Faltan más por compartir. Es extenso y no obstante, aún así es a duras penas una minúscula parte de lo que deberíamos comprender. Comprender la dualidad es la misma victoria en la lucha contra las fuerzas del mal que nos rodean siempre. Es sinónimo de escogencia continua del bien, rechazando el mal. Ello significa apartarse del mal. Bien podría considerarse una limpieza y una decisión de vivir apartado en una burbuja. Y aunque dicha lucha por apartarse es una obligación y un beneficio deseable tal cual como lo es seleccionar la comida que se ingiere, la selección de lo que se mira, la selección de lo que se piensa, de lo que se relaciona con uno (dime con quien andas y te diré quién eres), la selección de lo que se estudia, de lo que lo rodea a uno mismo, la selección de lo que se aspira, se ambiciona y de lo que se escoge en todo sentido, pues uno se convierte en lo que se selecciona, hay un lado oculto (como ya se ha mencionado), que de no involucrarse en la ecuación, termina desvirtuando y corrompiendo el verdadero sentido y significado de la separación (havdalá en hebreo). No escoger bien nos direcciona a la enfermedad y a la muerte. Aislamiento y separación, conceptos y vivencias que al igual que todo concepto o definición de la palabra tiene aspectos duales, que según la exigencia direccionan a la vida o a la muerte. Las redefiniciones se deben hacer con esta sabiduría revelada de la havdalá, según jurisprudencia divina, en absolutamente todos los conceptos que definen la existencia. Es decir, en toda palabra. De aquí la importancia del conocimiento, pues es lo que nos direcciona en la escogencia. Trivializar todo lo que esto implica es perdición en lenguaje bíblico. Así de sencillo. Tristemente, no se sabe el significado de nada en nuestra actual condición como humanidad. ¿Acaso se sabe que significa perdición y salvación? No creo se tenga idea. Y se vive pensando que nada pasa en la potencialidad de trascendencia del alma… Pero resulta que si sucede. Sea como sea todos vamos a morir y vamos a enfrentar la hora de la verdad. Todo es dual y por consiguiente de relevancia vital y trascendente. Conocer los detalles de esta dualidad es acceder a la sabiduría de la vida y los secretos existenciales del mismo sistema operativo que nos regula en todo. De no conocerse esta sabiduría en detalle somos veletas direccionadas y movidas por el viento sin voluntad propia, y por consiguiente sin libre albedrío. Se diría que conocer estos detalles del funcionamiento del sistema operativo que rige nuestras vidas es conocer la cadena causa consecuencia, tal que se infiera se hace referencia a un sistema infinitamente más amplio al conocido del desarrollo de la ciencia. En el mejor de los casos se pensaría que al final de cuentas no hay porque separar la ciencia de la espiritualidad y que ya llegará el momento que la ciencia materialista, que se idolatra, se amplíe a terrenos menos materialistas aún no conocidos, y que son sólo estados más sutiles de materialismo que en nada se contradicen con lo espiritual. De hecho, la tecnología moderna cada vez más nos muestra estas realidades de manipulación y control de lo invisible con un aumento exponencial de capacidades operativas de software y hardware cuánticos, capaces de emular en algo el cerebro humano. Las agendas del nuevo orden mundial apuntan a la implementación de un sistema operativo de control total de cada faceta de la actividad humana en el planeta. Y todo ésto lo vemos desarrollándose frente a nuestros ojos, como para ignorar estas reflexiones. Parece todo ésto muy seductor y lógico. Se podría decir que sería la mejor versión moderna de lo que aquí se diserta… La mejor versión (humanista) de la definición de la palabra fariseísmo. Una realidad de control de todas las probabilidades para elegir la mejor opción. Claro… Primero hay que definir el significado de la «mejor opción» en los términos de la revelación divina. Por supuesto, la utopía humanista, disociada del entendimiento de la trascendencia explicada con el prisma de la Torá, supondrá y definirá todas las probabilidades de selección o escogencia, exactamente de manera opuesta o contraria a las que se definen con la ayuda de la Torá. Por ejemplo, definiendo la mejor conveniencia en el cálculo de la más eficaz productividad, obtención del máximo placer posible, la consecución del mayor confort, satisfacción, inmediatez, etc, etc, al mejor estilo de la novela «mundo feliz». Ver Texto Completo https://toraverdadyrealidad.wordpress.com/2023/09/08/salvacion-y-dualidad-10-2/ David Saportas Liévano

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