Detente, ponte a pensar.
Sobre este episodio
Eclesiastés 7:14 nos recuerda que tanto el bienestar como la adversidad vienen de Dios. Aunque deseamos comodidad, es en el dolor donde se forma el carácter. Las pruebas no son castigo, son herramientas divinas: - La adversidad revela lo que está oculto en nosotros. - Jesús primero formó a sus discípulos antes de darles autoridad. - Sin formación, el poder se desperdicia. - Las dificultades nos hacen pensar y al pensar nos parecemos más al hijo que Dios quiere moldear. Isaías 45 afirma que Dios crea luz y tinieblas, bienestar y calamidad. Todo está en Su diseño. ¿Quién eres cuando nadie te aplaude? David venció a un gigante y fue aclamado, pero su verdadero valor fue forjado en el anonimato y en la aflicción. Proverbios 24:10 nos advierte que si nos desanimamos en el día difícil, nuestra fortaleza era limitada. Pero Proverbios 24:16 proclama que el justo cae siete veces… y se levanta. Ser justo no es no caer, sino dejarse formar cada vez que se cae. Eclesiastés 7:3 nos enseña que el llanto nos hace madurar. La adversidad purifica la motivación, reordena la visión y despierta la dependencia de Dios. En los días de quebranto, aprendemos a confiar, no a controlar. Dios nos da el poder para responder con sabiduría. David decía en Salmos 52:8 que él era como un olivo verde en la casa de Dios. • El olivo da fruto en condiciones difíciles. • El aceite se produce solo al ser exprimido. • La casa de Dios nutre, guía y poda. • Ana en su quebranto dio a luz al mayor profeta de Israel. • Lo que parece sufrimiento es preparación para gloria. Jesús fue exprimido y en su dolor reveló redención. Dios no desperdicia lágrimas: las convierte en gloria futura. Salmos 92:13 lo confirma: los plantados en la casa de Dios florecen. No basta con asistir a la iglesia. Lo que hace al discípulo es echar raíces, crecer, resistir, servir y reflejar la presencia de Dios.