La última pregunta. Episodio 4. T4.
Sobre este episodio
Está claro que tanto el deseo como la duda son como “duendes” perversos que ejercen su poder sobre la persona, incapacitándola para cualquier tipo de disfrute o evolución. Si bien a la persona le parece que colmar sus deseos puede brindarle algún deleite, los deseos jamás conducen a la felicidad ni al disfrute de la vida, y mucho menos a la evolución de la conciencia; muy al contrario, sólo provocan un esfuerzo estéril que consume a la persona y la conduce a toda suerte de aflicciones y desgracias.