# Mi perra vida \| Temporada 2026, episodio 42.

Episodio de [Mi perra vida](https://escuchario.semeescucha.es/podcast/mi-perra-vida).

- Publicado: 16 de octubre de 2026
- Duración: 13 min
- Temporada 2026, episodio 42
- Audio: https://miperravida.anacronico.rocks/wp-content/uploads/2026/10/MPVS2026E42.mp3
- Página: https://escuchario.semeescucha.es/podcast/mi-perra-vida/episodio/2446545-mi-perra-vida-temporada-2026-episodio-42

## Sobre este episodio

Doctor Nómada (décimo octava parte) Leer la décimo séptima parte Leonor y Liz no quisieron esperar en la casa mientras iba por Leonila a la terminal de autobuses. Así que, nos organizamos para salir con tiempo, la curiosidad por tener noticias sobre el estado de Luzma nos hizo apresurarnos, lo cual estuvo bien porque los movimientos de Leonor, que estaba también muy nerviosa, intentaban ser ágiles pero fracasaba, la edad le cobraba factura. Y por mi parte, el intentar sortear los accidentes del camino de terracería alargaron el tiempo para llegar a la central. Aún con todo lo anterior, arribamos media hora antes que el horario indicado en el cartel de llegadas. La espera se hacía eterna, ya teníamos la suficiente confianza para no forzar la conversación con las clásicas pláticas de relleno, cotidianas, anodinas, y repetitivas. Los silencios eran profundos, a ratos poníamos atención en conversaciones ajenas. La que de inmediato aprovechó fue Liz que, sumergió la cabeza en la pantalla del teléfono. El autobús llegó casi una hora hora después de lo previsto. Leonor ya estaba fastidiada, cada tanto repetía que mejor se hubiera quedado en casa. Ella fue la primera en ver bajar a Leonila, y todas sus dolencias se le olvidaron, ya que se apresuró a recibirla y abrazarla. Nos encaminamos hacia la calle donde habíamos dejado la camioneta, y discutíamos tropezadamente sobre su camino de regreso, a pesar de que la salud de Luzma era todo nuestro interés, el temor a las malas noticias nos hizo rodear y rodear con minucias la conversación, evitando un posible dolor. Apenas nos acomodamos y tomamos camino de regreso, disparé sin rodeos, directamente le pregunte ¿qué le habían dicho los doctores? Se instaló el silencio, todos esperábamos la respuesta. Leonilia intentaba explicarnos, pero el lenguaje médico no estaba diseñado para ser comprendido, esa una barrera de exclusión a la que sólo tienen acceso los mismos de su especie. Por tanto, poco agregaba a lo que ya nos había dicho por mensaje de voz, presentía que algo sabía y nos estaba ocultando, evité ser intrusivo, si éste era el caso, por algo lo haría, y tarde o temprano lo sabríamos. Al llegar, teníamos muchos detalles de lo que ya conocíamos, pero era mejor platicarlos cara a cara. Lo primero que hizo Leonila fue ir al sanitario, cambiarse zapatos y ponerse ropa cómoda; sentados esperábamos, mientras Leonor ponía agua para hacer té. Ya más cómoda, comenzó a hurgar en su maleta y sacó una hoja de papel que me entregó directamente. Era el resumen clínico que le habían dado. -No entendí muy bien lo que esta pasando con Luzma, y no comprendo nada de lo que viene ahí escrito -me dijo mientras lo leía apresuradamente. En medio de todos esos términos desconocidos, se confirmaban mis sospechas; el problema de Luzma era un problema en su médula ósea, una especie de cáncer bastante poco frecuente que, al hacer disfuncionar su sistema inmune, hacía de Luzma una presa fácil de las infecciones, y eso la podía matar. Habían tomado un trozo de hueso para buscar genes alterados que fueran susceptibles de ser tratados con alguna medicina. Al llegar a la sección del plan terapéutico, entendí por qué Leonila me había dado la responsabilidad de leer el documento. Estoy seguro que había comprendido muy bien cuál era el tratamiento que le habían sugerido, pero no deseaba ser ella quien diera la noticia. A pesar de la mala fortuna de Luzma al tener esa enfermedad que la dejaba indefensa frente al universo de virus, hongos y bacterias que nos rodean todo el tiempo; y para la cual el costo del tratamiento era inalcanzable para casi todo el mundo, existía una terapia arcaica y extremadamente inusual; trasplantarle médula ósea sana de algún familiar compatible, un tratamiento que no era el ideal, siempre existía la posibilidad de que la médula que se recibía, no fuese bien tolerada y hubiera rechazo, dejando a la paciente nuevamente indefensa, pero Luzma tenía el boleto ganador de la lotería, una hermana gemela, es decir alguien que genéticamente debía ser una copia idéntica, y por lo tanto la tolerancia al trasplante estaba prácticamente asegurada. Al terminar, Liz se encontraba pálida con los labios resecos. -¿Entonces si le doy mi médula, Luzma se puede curar? -inquirió. Traté de ahondar en el tema, mientras sonreía nerviosamente, acoté que requeriría una serie de estudios para confirmar que todo estuviera en orden; a la mitad de mi letanía que intentaba fuera lo más comprensible posible, me interrumpió. -¿Y duele mucho? Me imagino que no había sido el único en olvidar la opinión de la potencial donadora, sólo pensábamos en la curación de Luzma, así que, su pregunta me desubicó un poco. Le expliqué que sí, que efectivamente podría ser molesto y doloroso, en la gran mayoría de los casos se extraía sangre de la vena, como en una donación convencional, lo cual era muy sencillo, pero en una minoría había que extraer el tejido directamente de los huesos de la pelvis, en quirófano y anestesiada. Leonila intervino, algo así le habían comentado, por lo que algo de dolor iba a percibir, Liz enmudeció. Su madre volvió a intervenir, durante su estancia en el hospital le hicieron pruebas a ella, pero no era la candidata ideal. Los médicos al saber que tenía una gemela le propusieron que su hermana sería entonces la donante más adecuada. -¿Puedo pensarlo? -pregunto Liz. Nadie esperaba eso, pero tenía razón, Liz debía dar su consentimiento, dudaba que no deseara salvar a su hermana, pero le causaba temor exponerse a los inconvenientes de un procedimiento como ese. Su abuela la tranquilizó y dijo que por supuesto ella debía tomar la decisión, intervine para decirle que no había de qué preocuparse, era un procedimiento de muy bajo riesgo, así que salvo las molestias, no le pasaría nada. Liz asintió y el silencio se estaba extendiendo demasiado, todo indicaba que lo pensaría más tiempo. Leonila relajó el ambiente al levantarse de la mesa y buscar algo para preparar la cena, porque “moría de hambre”. Cenamos en tensa paz, bastante contrariados, pero al final contentos por la noticia. Bonus Track Según yo, en modo “voy de fiesta malandra” En modo malandros 😀 El primo entregándolo todo en el escenario

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