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Magritte: por qué un cubo dibujado no es un cubo

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Sobre este episodio

Hace poco entré al Art Institute de Chicago y me topé con una pipa. Una pipa pintada con muchísimo cuidado, con su humo subiendo, y debajo una frase escrita a mano: esto no es una pipa. Y yo me quedé parada ahí, sonriendo sola, porque ese cuadro me estaba diciendo algo que yo ya había pintado meses antes sin saber que Magritte me esperaba en Chicago. Hoy quiero contarte esa conexión. Y quiero que al final mires un cubo de otra manera. René Magritte fue un pintor belga, del movimiento surrealista, pero no se parece en nada a la idea que tenemos del surrealismo de relojes derretidos y paisajes de pesadilla. Magritte pintaba lo cotidiano. Un sombrero, una manzana, una ventana, una nube. Todo con una técnica limpia, casi publicitaria. Lo inquietante no estaba en los objetos. Estaba en lo que él hacía con ellos. En esa sala de Chicago vi varias obras suyas, y cada una me abrió una puerta distinta a la misma habitación. Vi La durée poignardée , esa locomotora que sale tranquilamente de una chimenea, en una sala perfectamente burguesa, con su reloj, sus candelabros y su espejo. Nada en la escena es raro, salvo que un tren enorme sale de un hueco donde cabría una leña. Y tú lo aceptas. Eso fue lo que me pasó. Lo miré y mi cabeza dijo: bueno, sí, un tren. Magritte te hace cómplice. Te muestra algo imposible con tanta naturalidad que tu mente colabora. Vi El banquete , con ese atardecer rojo detrás de unos árboles oscuros y un círculo naranja, perfecto, plano, puesto justo delante del follaje. ¿Es el sol? ¿Es un recorte? ¿Es una luna? Magritte decía algo que me parece de las frases más honestas que un artista ha dicho: que todo lo que vemos esconde otra cosa, y que siempre queremos ver lo que está escondido detrás de lo que vemos. Ese círculo tapa el bosque, y por eso mismo nos obliga a imaginarlo. Vi En el umbral de la libertad , una habitación cuyas paredes son pedazos de mundo: un bosque, un cielo con nubes, una fachada, madera, fuego, un cuerpo. Y en el centro un cañón. Ahí Magritte te dice que las paredes de tu cuarto no son paredes. Son imágenes. Lo que crees que es la realidad puede ser un conjunto de representaciones acomodadas a tu alrededor. Y vi El aire y la canción , la pipa, con su frase en francés: ceci n’est pas une pipe . Es obvio, y es genial al mismo tiempo. Es una pintura de una pipa. No puedes encenderla. Pero nos pasamos la vida confundiendo la imagen con la cosa, la palabra con el objeto, el nombre con lo que nombra. Y aquí es donde entro yo. Mi obra se llama Estos no son cubos . La pinté sobre un tejido indígena, con pintura acrílica, para la subasta Tejidos de Esperanza de las Damas Salesianas. Y quiero que la imagines conmigo: un cuadrado lleno de color, rojo, azul, verde, turquesa, rosado, morado, que se abre desde el centro como una estrella. Y por todos lados, cubos. O lo que parecen cubos. Aquí viene lo que me atrae desde hace tiempo. Un cubo es un objeto de tres dimensiones. Tiene volumen, tiene peso, lo puedes agarrar con las manos. Lo que yo dibujé son rombos , hexágonos y cuadrados puestos uno al lado del otro sobre una superficie plana. Tres figuras de tres colores, y tu ojo, que es un cómplice tan bueno como el de Magritte, las convierte en un cubo. Tu cerebro pone la profundidad. Yo no la puse. Yo puse color y línea. Y hay algo más que me encanta. Un cubo así, hecho de tres rombos, se puede leer de dos maneras. Lo miras un rato y de pronto el cubo que sobresalía se mete hacia adentro, como si lo vieras desde abajo. Se voltea solo. Eso no lo hice yo. Lo hace tu mirada. Y ahí está el juego completo: lo que ves depende de cómo decides ver. Ahora fíjate en el soporte. Un tejido indígena es una estructura que ya existe antes de que yo le ponga una sola pincelada. Está hecho de hilos que se cruzan, una línea sobre otra, una capa sobre otra. Es un objeto real, con su trama y su relieve, y por eso, cuando miras de cerca, la pintura no tapa el tejido: lo deja asomarse. Esa textura sí es real. Sí la puedes tocar. Lo único que no puedes tocar es el volumen de los cubos. Eso para mí es la gracia de esta pieza. Una superficie tejida, física, honesta, sosteniendo una ilusión. Lo real y lo imaginado en el mismo metro cuadrado. Alguien me va a decir que esto es un truco visual, una gracia, un patrón bonito. Y es verdad que es bonito. Pero el truco es la puerta, no la casa. Detrás de la gracia hay una pregunta que Magritte se hizo hace casi cien años y que sigue sin respuesta cómoda: ¿cuántas cosas que damos por sentadas son en realidad cosas que nuestra mente completó por nosotros? Y que esta obra haya vivido en una subasta como Tejidos de Esperanza, donde el arte se convierte en ayuda concreta para otros, me parece el mejor contexto posible. Porque ahí también hay una imagen y hay una cosa. La obra cuelga de una pared, pero lo que realmente hace es otra cosa. Se convierte en esperanza para alguien. Así que la próxima vez que veas un cubo dibujado en un papel, acuérdate de esto. Eso no es un cubo. Son líneas que tú convertiste en cubo porque tu mente quiso. Y si eso es verdad de un cubo, imagínate de cuántas otras cosas. Si esto te hizo mirar de otra manera, suscríbete. Hay más esperándote. Thanks for reading MESCO’s Layers and Lines™! Subscribe for free to receive new posts and support my work. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit mariannesucre.substack.com

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