Nº 436 NOVIEMBRE 2017: El valor de la mansedumbre
Sobre este episodio
En un mundo que celebra cuando dos deportistas se golpean entre ellos y aplaude los insultos como una forma de entretenimiento, ¿todavía está vigente la mansedumbre? Cuando escuchamos la palabra manso, quizá imaginamos a una mamá que levanta a su pequeño hijo de la cuna. Lo sostiene suavemente y le acaricia su cabeza, lo mueve despacio y lo sostiene sin apretarlo demasiado. También podríamos imaginar a un arqueólogo excavando, desenterrando artefactos paciente y cuidadosamente, con movimientos suaves aplicados a sus delicados instrumentos. Ahora, imaginemos a la mamá agarrando al bebé por la pierna y sacándolo de su cuna como si fuera un bulto de papas. También imaginemos al arqueólogo tomando una pala y picando la tierra alrededor del artefacto sin ningún cuidado, destrozando un valioso vestigio de la historia. Estos ejemplos nos muestran que ser manso no tiene nada que ver con ser tonto (o como dicen en México, “menso”). La mansedumbre más bien se puede describir como una fuerza controlada. Quien sabe medir sus actos y sus reacciones demuestra un alto grado de sabiduría. Mientras que las groserías y la burla que los que supuestamente son fuertes muchas veces se ensañan con los mansos, aquello solo demuestra su total falta de entendimiento. Jesucristo nos llama a la mansedumbre y nos invita a aprender de él. En este programa queremos seguir varios ejemplos bíblicos para dejarnos desafiar a buscar la mansedumbre y con ella verdadera madurez y fuerza interior.