AGO 7-2020 -- Meditación Diaria #448 Dios es amor
Sobre este episodio
Surge la pregunta: con sus mandamientos y sus prohibiciones, ¿no nos amarga la Iglesia la alegría del «eros», de sentirnos amados, que nos empuja hacia el otro y que busca transformarse en unión? En la encíclica he intentado demostrar que la promesa más profunda del «eros» puede madurar solamente cuando no sólo buscamos la felicidad transitoria y repentina. Al contrario, encontramos juntos la paciencia de descubrir cada vez más al otro en la profundidad de su persona, en la totalidad del cuerpo y del alma, de modo que, finalmente, la felicidad del otro llegue a ser más importante que la mía. Entonces, ya no sólo se quiere recibir algo, sino entregarse, y en esta liberación del propio "yo" el hombre se encuentra a sí mismo y se llena de alegría. Benedicto XVI - -Encíclica Dios es Amor-