En pleno 2026, seguimos con el "señora de"
Sobre este episodio
Hoy hablo de una práctica que, por desgracia, se ha vuelto demasiado habitual en la política y en el debate público: atacar a una persona a través de su pareja, su familia o sus seres queridos. Cuando lo hacen los nuestros, muchos lo justifican o miran hacia otro lado. Pero cuando lo hace el bando contrario, entonces nos llevamos las manos a la cabeza y denunciamos el juego sucio. La realidad es que debería estar mal siempre. Las ideas, las decisiones y los actos de una persona pueden ser objeto de crítica, pero utilizar a familiares o parejas como arma arrojadiza demuestra falta de argumentos y un deterioro del respeto democrático. No puede haber una vara de medir para unos y otra para otros. Si rechazamos el barro político, debemos rechazarlo venga de quien venga