Lo que has visto no es para guardarlo T8 Ep.4
Sobre este episodio
¿Sabemos realmente lo que llevamos cuando salimos? Porque podemos hablar mucho de evangelizar, de visitar, de ir casa por casa, de alcanzar generaciones. Pero antes de preguntarnos por qué no estamos saliendo, quizá tenemos que hacernos una pregunta más profunda: ¿Entendemos lo que Dios nos ha permitido conocer? ¿Todavía nos maravilla Cristo? Porque uno no comparte con pasión aquello que ha dejado de valorar. Uno no corre a contar aquello que ya considera común. Y quizá el problema no sea solamente que nos hemos detenido; quizá es que nos hemos acostumbrado demasiado a lo que se nos ha revelado. Lucas capítulo 10 nos presenta a Jesús enviando a setenta y dos discípulos. Los envía de dos en dos. Entran en pueblos, en casas, anuncian que el Reino de Dios se ha acercado. Jesús ya les había advertido que no todos los recibirían. Algunos escucharían; otros rechazarían el mensaje. Pero ellos tenían que seguir caminando. Y cuando regresan, regresan emocionados. Le dicen a Jesús: “Señor, ¡hasta los demonios nos obedecen cuando usamos tu nombre!”. Ellos estaban maravillados con lo que habían podido hacer. Pero Jesús los lleva a algo mucho más profundo. Es como si les dijera: no se queden impresionados solamente con lo que ocurrió a través de ustedes. Quiero que entiendan lo que han recibido. Quiero que entiendan quiénes son. Quiero que entiendan el privilegio de lo que sus ojos han visto. Y ahí entra la primera verdad de este mensaje: Lo que llevas no es tuyo. Jesús les recuerda que quien recibe el mensaje de ellos, lo recibe a Él. Nosotros no salimos simplemente a hablar de una religión, de una iglesia o de nuestras propias experiencias. Estamos anunciando a Cristo. No somos el mensaje; somos portadores del mensaje. Y entonces la pregunta ya no es solamente: “¿Vas a salir?”. La pregunta es: ¿Sabes qué llevas cuando sales? ¿Entiendes el valor del mensaje que Dios puso en tus manos? ¿Nuestra vida respalda aquello que estamos anunciando?