Canon en Re mayor Pachelbel
Sobre este episodio
La maestra de piano, licenciada en Filosofía y letras, especialista en psicobiología y neurociencia cognitiva, oblata benedictina, Florencia Cervantes Maya, inició sus estudios con la maestra María Eugenia Arvizu de Uranga y tuvo clases particulares con la eminente pianista María Teresa Rodríguez. Posteriormente continuó sus estudios con la maestra Gema Uranga y hasta la fecha, ambas continúan con la labor de trabajar con los niños, jóvenes y personas que quieren cultivar no sólo su mente, su cerebro, su ser, con sus “Talleres para saber vivir”, sino todo su ser a través de la música. Tocar en el clavi piano para mi es libertad interior, es expresar vida y agradecer al dador de esa vida, Dios, la oportunidad de poder ser bien para mi misma y para los demás. La vida dura un instante, es un suspiro y cuando acuerdas se te fue, pero ¿En qué? Necesitamos darnos un toque de atención y despertar a una nueva manera de pensar, más sabia, más al estilo de ese Jesús de Nazareth tan sencillo, tan profundo, tan alegre, siempre donándose. Hagamos lo mismo desde nuestro propio SER. Respecto del Canon de Pachelbel, desde la primera vez que lo escuché a los 18 años simplemente me fascinó, pues su sublimidad me llevó a lo hondo, allá donde encontré a Dios en la quietud, en ese silencio envolvente, y quien cada día ha ido transformando mi estilo de vivir. Sucede lo mismo con Juan Sebastian Bach. Es música para el SER. Además al cerebro le encanta porque hace conexiones neuronales increíbles, como si las neuronas hicieran un baile eterno pleno, en medio de esta vida hoy tan caótica, tanta división interior por no saber o no querer alimentar adecuadamente la mente a través de pensamientos sabios, de palabras bondadosas, a través de escuchar buena música, sin letras que dañan tanto, en fin, que agradezco a Dios por haberme llamado a simplemente, SER en una vida simple, a la vez como ermitañas pero siempre teniendo presente a la creación entera y echando la mano a los más indefensos incluyendo a los animalitos callejeros que por la grave y gran irresponsabilidad de los mal llamados "humanos" (somos seres sin nombre) hoy padecen tanto.