Ana María Matute: Figuras geométricas
Sobre este episodio
Voz: Manuel López Castilleja Música: Schubert - Serenade Youtube.com Cuento escrito por Ana María Matute cuando tenía 10 años. I El reloj dio las doce. En la sala de juegos de Juanito, los juguetes se divertían. Era un silencio grande. Todos dormían. A un lado, el armario azul (sal) se abrid, y por él saltaron los juguetes a divertirse, pues a esta hora tienen vida. Al otro lado, el pupitre de Juanito, abierto. Sobre él el cuaderno de geometría. El señor triángulo se quejaba: -Yo, de familia tan distinguida -decía-, nada menos que equilátero, parezco escaleno. El señor triángulo escaleno gritó: -¡Qué manera de insultar! ¿Es acaso una deshonra? -No os podéis quejar, soy yo la que debo hacerlo -dijo la esfera-. Estoy muy mal dibujada, parezco aplastada, y no una bola como debe ser, ¡fijaos!, ¡sin sombras!, soy muy desgraciada. Por el estilo hablaban los demás (jug) cuerpos geométricos. El señor libro «Geometría» se levantó, y se paseó orgulloso por el pupitre, y como es muy joven no supo hacer más que meterse el dedo en la boca, dar la vuelta a la mesa y colocarse donde estaba antes. Su madre la Gramática le dijo: -Anda, hijo, di lo que sabes, recita, anda. Como es muy vergonzoso se escondió detrás de la Geografía, y recitó: -Triángulo escaleno es el que tiene sus lados desiguales, equilátero el que... -¡¡Cállate!! ¡No me dejas dormir! -dijo el círculo-, como vuelvas a hablar te pelo. Las comadres esfera y circunferencia criticaban: -Vd. no sabe. Ese círculo es insoportable. ¡Mire que regañar a un pobre niño! ¡ Es tan orgulloso! -Pues a mi parecer, es hijo de aquella antipática pluma que lo dibujó, de vieja ha muerto en la basura. ¡Qué horrible es morir así! -¡Y pensar que todos nosotros hemos de acabar así! -¡Preferiría morir en el fuego! -Así hemos de morir nosotros, como somos de papel... de todas maneras es preferible morir así que en la basura. -Desde luego, amiga. A todo esto se peleaban la pirámide y pentágono, éste cogió un hexágono y le pegó un pentagonazo que le hizo dar un salto. Ante este drama, todos corrieron a donde se efectuaba la tragedia. Los hombres murmuraban de las mujeres, y las comadres de ellos. Decía la esfera, mientras abanicaba a la señorita pirámide: -Esos hombres son insoportables, deberían ir a parar a la basura. La circunferencia contestó: -Sí, amiga, sí, son insoportables. Cuando hicieron al hexágono, se sorbió toda la tinta, y para qué hablar, borracho perdido. Y los hombres: -Esas mujeres son idiotas; y cargantes, te toman por un tonto. ¡Que aprendan!, creo que la esfera es terrible, murmura de todos. -Pues, ¿y esa presumida circunferencia? Es muy amiga. -¡También está ésa buena! Nos pone a todos de oro y azul. -La srta. Pirámide es tonta, por nada se desmaya, ¡total por un pentagonazo! -Yo me alegro de haber sido utensilio para pegar a esa presumida. -Lo tiene merecido. Todo lo había oído la muñeca rubia, y todo lo arregló. Hicieron las paces, y vivieron contentos y felices. Pasó una semana, y Juanito los dejó olvidados en un rincón. Los pobres se apenaron mucho. Una noche entró el duende rojo por la abierta ventana. Venía con su varita mágica, pues a los duendes les está permitido una vez por año hacer un bien a los juguetes. Esta vez era el duendecillo rojo. Los cuerpos geométricos le contaron sus penas. El duende les hizo salir del todo, con su varita, del papel. Luego los llevó a su casita. Todos estaban muy contentos. II Una noche, todos dormían en las camas de la casa del duende cuando un ruido llenó de pánico al círculo. Una sombra se acercaba, y éste llamó a sus compañeros, y todos se prepararon. Detrás de la sombra salieron dos más. Entonces todos se abalanzaron sobre las tres, que eran tres duendes ladrones. Los ataron, y atados estos se despertó el duende, su mujer y sus hijos, y los llevaron a la cárcel. Un día se acordaron de la muñeca rubia, y para agradecer¬le lo que les había hecho, pensaron en hacer algo. Se reunieron en una mesa, y empezaron a pensar. Entonces el hexágono tuvo una idea: le llevarían un lazo rojo, que le sentaría muy bien sobre sus rubios cabellos. Siempre lo había deseado. Y aquella noche se lo dejaron con una carta. La muñeca se alegró tanto que estuvo a punto de dar una voltereta, y no la dio porque le daba vergüenza. Desde entonces siempre lo lleva puesto. Juanito se extrañó mucho al verlo a la mañana siguiente, y no se lo quitó porque le gusta mucho. Ésta es la vida de las figuras geométricas. Desde entonces viven en la casa del duende, y de antipáticos se han vuelto simpáticos.