Gloria Fuertes: Algunos poemas
Sobre este episodio
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Gently Dreaming_Peter Kater AUTOBIOGRAFÍA Gloria Fuertes nació en Madrid A los dos días de edad, Pues fue muy laborioso el parto de mi madre Que si se descuida muere por vivirme. A los tres años ya sabía leer Y a los seis ya sabía mis labores. Yo era buena y delgada, Alta y algo enferma. A los nueve años me pilló un carro Y a los catorce me pilló la guerra; A los quince se murió mi madre, se fue cuando más falta me hacía. Aprendí a regatear en las tiendas Y a ir a los pueblos por zanahorias. Por entonces empecé con los amores, -no digo nombres-, gracias a eso, pude sobrellevar mi juventud de barrio. Quise ir a la guerra, para pararla, Pero me detuvieron a mitad del camino. Luego me salió una oficina, Donde trabajo como si fuera tonta, -pero Dios y el botones saben que no lo soy-. Escribo por las noches Y voy al campo mucho. Todos los míos han muerto hace años Y estoy más sola que yo misma. He publicado versos en todos los calendarios, Escribo en un periódico de niños, Y quiero comprarme a plazos una flor natural Como las que le dan a Pemán algunas veces. HAGO VERSOS, SEÑORES! Hago versos señores, hago versos, pero no me gusta que me llamen poetisa, me gusta el vino como a los albañiles y tengo una asistenta que habla sola. Este mundo resulta divertido, pasan cosas señores que no expongo, se dan casos, aunque nunca se dan casas a los pobres que no pueden dar traspaso. Sigue habiendo solteras con su perro, sigue habiendo casados con querida a los déspotas duros nadie les dice nada, y leemos que hay muertos y pasamos la hoja, y nos pisan el cuello y nadie se levanta, y nos odia la gente y decimos: ¡la vida! Esto pasa señores y yo debo decirlo. NO PERDAMOS EL TIEMPO Si el mar es infinito y tiene redes, si su música sale de la ola, si el alba es roja y el ocaso verde, si la selva es lujuria y la luna caricia, si la rosa se abre y perfuma la casa, si la niña se ríe y perfuma la vida, si el amor va y me besa y me deja temblando... ¿Qué importancia tiene todo eso, mientras haya en mi barrio una mesa sin patas, un niño sin zapatos o un contable tosiendo, un banquete de cáscaras, un concierto de perros, una ópera de sarna? Debemos inquietarnos por curar las simientes, por vendar corazones y escribir el poema que a todos nos contagie. Y crear esa frase que abrace todo el mundo; los poetas debiéramos arrancar las espadas, inventar más colores y escribir padrenuestros. Ir dejando las risas en la boca del túnel y no decir lo íntimo, sino cantar al corro; no cantar a la luna, no cantar a la novia, no escribir unas décimas, no fabricar sonetos. Debemos, pues sabemos, gritar al poderoso, gritar eso que digo, que hay bastantes viviendo debajo de las latas con lo puesto y aullando y madres que a sus hijos no peinan a diario, y padres que madrugan y no van al teatro. Adornar al humilde poniéndole en el hombro nuestro verso; cantar al que no canta y ayudarle es lo sano. Asediar usureros y con rara paciencia convencerles sin asco. Trillar en la labranza, bajar a alguna mina; ser buzo una semana, visitar los asilos, las cárceles, las ruinas; jugar con los párvulos, danzar en las leproserías. Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos, que al corazón le llega poca sangre. ISLA IGNORADA Soy como esa isla que ignorada, late acunada por árboles jugosos, en el centro de un mar que no me entiende, rodeada de nada, —sola sólo—. Hay aves en mi isla relucientes, y pintadas por ángeles pintores, hay fieras que me miran dulcemente, y venenosas flores. Hay arroyos poetas y voces interiores de volcanes dormidos. Quizá haya algún tesoro muy dentro de mi entraña. ¡Quién sabe si yo tengo diamante en mi montaña, o tan sólo un pequeño pedazo de carbón! Los árboles del bosque de mi isla, sois vosotros mis versos. ¡Qué bien sonáis a veces si el gran músico viento os toca cuando viene el mar que me rodea! A esta isla que soy, si alguien llega, que se encuentre con algo es mi deseo; —manantiales de versos encendidos y cascadas de paz es lo que tengo—. Un nombre que me sube por el alma y no quiere que llore mis secretos; y soy tierra feliz —que tengo el arte de ser dichosa y pobre al mismo tiempo—. Para mí es un placer ser ignorada, isla ignorada del océano eterno. En el centro del mundo sin un libro sé todo, porque vino un mensajero y me dejó una cruz para la vida —para la muerte me dejó un misterio. SALE CARO SER POETA Sale caro, señores, ser poeta. La gente va y se acuesta tan tranquila -que después del trabajo da buen sueño-. Trabajo como esclavo llego a casa, me siento ante la mesa sin cocina, me pongo a meditar lo que sucede. La duda me acribilla todo espanta; comienzo a ser comida por las sombras las horas se me pasan sin bostezo el dormir se me asusta se me huye -escribiendo me da la madrugada-. Y luego los amigos me organizan recitales, a los que acudo y leo como tonta, y la gente no sabe de esto nada. Que me dejo la linfa en lo que escribo, me caigo de la rama de la rima asalto las trincheras de la angustia me nombran su héroe los fantasmas, me cuesta respirar cuando termino. Sale caro señores ser poeta. Ya ves qué tontería Ya ves qué tontería, me gusta escribir tu nombre, llenar papeles con tu nombre, llenar el aire con tu nombre; decir a los niños tu nombre escribir a mi padre muerto y contarle que te llamas así. Me creo que siempre que lo digo me oyes. Me creo que da buena suerte: Voy por las calles tan contenta y no llevo encima nada más que tu nombre. Labrador LABRADOR, ya eres más de la tierra que del pueblo. Cuando pasas, tu espalda huele a campo, ya barruntas la lluvia y te esponjas, ya eres casi de barro. De tanto arar, ya tienes dos raíces debajo de tus pies heridos y anchos. Madrugas, labrador, y dejas tierra de huella sobre el sitio de tu cama, a tu mujer le duele la cintura por la tierra que dejas derramada. Labrador, tienes tierra en los oídos, entre las uñas tierra, en las entrañas; labrador tienes chepa bajo el hombro y es tierra acumulada, te vas hacia la tierra siendo tierra los terrones te tiran de la barba. Ya no quiere que siembres más semillas, que quiere que te siembres y te vayas, que el hijo te releve en la tarea; ya estás mimetizado con la parva, estás hecho ya polvo con el polvo de la trilla y la tralla. Te has ganado la tierra con la tierra no quiere verte viejo en la labranza, te abre los brazos bella por el surco échate en ella, labrador, descansa. AUNQUE NOS MURIÉRAMOS AL MORIRNOS Aunque no nos muriéramos al morirnos, le va bien a ese trance la palabra: Muerte. Muerte es que no nos miren los que amamos, muerte es quedarse solo, mudo y quieto y no poder gritar que sigues vivo. EN LOS BOSQUES DE PENNSYLVANIA Cuando un árbol gigante se suicida, harto de estar ya seco y no dar pájaros, sin esperar al hombre que le tale, sin esperar al viento, lanza su última música sin hojas —sinfónica explosión donde hubo nidos—, crujen todos sus huecos de madera, caen dos gotas de savia todavía cuando estalla su tallo por el aire, ruedan sus toneladas por el monte, lloran los lobos y los ciervos tiemblan, van a su encuentro las ardillas todas, presintiendo que es algo de belleza que muere. EL CORAZÓN DE LA TIERRA El corazón de la Tierra tiene hombres que le desgarran. La Tierra es muy anciana. Sufre ataques al corazón —en sus entrañas—. Sus volcanes, laten demasiado por exceso de odio y de lava. La Tierra no está para muchos trotes está cansada. Cuando entierran en ella niños con metralla le dan arcadas. LA GENTE DICE La gente dice: «Pobres tiene que haber siempre» y se quedan tan anchos tan estrechos de miras, tan vacíos de espíritu, tan llenos de comodidad. Yo aseguro con emoción que en un próximo futuro sólo habrá pobres de vocación. SE SUICIDÓ LA ESTATUA DEL DICTADOR Se suicidó la estatua del dictador. La estatua vivía en el centro del estanque. Una noche de viento la estatua se lanzó al agua. La estatua del dictador murió ahogada. Sólo las gaviotas la echaron de menos. TODO EL PASADO Todo el pasado se quiere apoderar de mí y yo me quiero apoderar del futuro, me dislocan la cabeza para que mire atrás y yo quiero mirar adelante. No me asustan la soledad y el silencio, son los lugares preferidos de Dios para manifestarse. Mi eterna gratitud a los que me quieren, siempre les recordaré a la hora del sol. No puedo detenerme, perdonad, tengo prisa, soy un río de fuerza, si me detengo moriré ahogada en mi propio remanso.