Santiago Pablo: Macerando unas rejas
Sobre este episodio
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: PASODOBLE Trigueros (Antonio López Fernández) Acercóme en deambular sobre húmedo granito Al arreciar de la gélida noctambula, Y atrapó mi esencia una cantinela incierta. No más tiempo ha unos chicuelos voz en ristre Arracimados ante una reja, liberar querían, A uno de ellos, mas, que milagros hacía. Llamábanle Antonio, y era abad, Asceta, eremita, de compaña: un cerdo, El graznar de un alado azabache, pan le traía. Y en aquella reja, que macerar pretendían Había una voz temblorosa, emocionada De aspavientos, devoción y entregada alegría. No eran chicos, sino hombres, cuan antaño Otros lo fueron, sus padres, sus abuelos. Dicen le escribían Vacila, y Antonio Abad llamaban, mas este, por Ezequiel respondía. Un Antonio, sevillano, otrora también grande, ahora, hijo. Desenvuelto y devoto de esa reja. Y un Luna, que llevara su luz entre las estrellas, esa que antes alumbró el centinela de su estirpe, llena de astros. Entre guardia y guardia, humareda se cuela, y olor a carrasca. Dale Lata, que Manuel toque las cerdas de esa guitarra, que otra vez vibra mi voz, decíale. Mientras el Kuku, el Tororo, el Jesuli, el Fernando, Los que aun no tomaron el apodo por jóvenes, rompen la mezcla de humo espacioso, de zapata sempiterna, al candor de su entrega, porque mayores se marchan, y ello reponen su hueco, alimentando su recuerdo. Y no al pasar, no al marchar, una voz ruega, quiero unas letras. Me salieron estas, no subo el nombre de uno, más que de otro, pues todos me sois iguales, fervientes devotos, de una aunada cadena de ecuánime fraternidad. Sea por siempre, un lugar encomiable, este nuestro pueblo, Trigueros. VIVA TRIGUEROS.