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Emilio Prados: Llegada (A Federico García Lorca)

· 6 min

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Sobre este episodio

Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Enrique GranadosDanzas españolas_Allegretto, alla pastorale (Villanesca) A FEDERICO GARCÍA LORCA Alamedas de mis sangre. ¡alto dolor de olmos negros! ¿Qué nuevos vientos lleváis? ¿Qué murmuran vuestros ecos? ¿Qué apretáis en mi garganta que siento el tallo del hielo aún más frío que la muerte estrangular mi deseo? ¿Qué agudo clamor de angustia rueda corazón adentro, golpe a golpe retumbando como campana de duelo, ahuecándome las venas, turbando mi pensamiento, prendiendo mis libres ojos, segando mi vista al viento? ¿Qué rumor llevan tus hojas que todo mi cuerpo yerto bajo sus dolientes ramas, ni duerme ni está despierto, ni vivo ni muerto atiende a la voz de ningún dueño, que va como un río sin agua andando en pie por un sueño? Con cinco llamas agudas clavadas sobre su pecho. sin pensamiento y sin sombra, vaga con temblor de espectro por ciudades y jardines, al mar libre y en los puertos, triste pájaro sin alas acribillado a luceros. Alamedas de mi sangre, decid, ¿qué amargo secreto mordió las sanas raíces que os dan vida y movimiento? Vine de Málaga roja. De Málaga roja vengo. Vine lleno de banderas y toda la sangre ardiendo. Llegué a Madrid perseguido de enemigos pensamientos, aun con rumores de lucha y con zumbidos de truenos: más de mil brazos traía alrededor de mi cuerpo, saludando mi alegría, desatando mi silencio. Amigos, vengo de Málaga; aún me huele a sl el sueño, me huele a pescado y gloria, a espuma y a sol de fuego. Mucho que contaros traigo, mucho que contar y bueno. Amigos, os hallé a todos alegres en vuestros puestos. ¿En dónde está Federico? A él sólo de menos echo y a él tengo más que contarle; mucho que contarle tengo. ¿En dónde está Federico? Sólo responde el silencio. Un temor se va agrandando, temor que encoge los pechos. De noche los olivares alzan los brazos gimiendo; la luna lo anda buscando rodando, lenta, en el cielo; la sangre de los gitanos lo llama abierta en el suelo; más gritos lleva la sombra que estrellas el firmamento; las madrugadas preguntan por él, temblando de miedo. ¡Qué gran tumba esta distancia que calla su hondo misterio! Vengo de Málaga roja, de Málaga roja vengo; levántate, Federico, álzate en pie sobre el viento, mira que llego del mar, mucho que contarte tengo. Málaga tiene otras playas y grandes peces de acero, con mil ojos vigilantes defienden, firmes, su puerto. ¿En dónde estás, Federico? Yo este rumor no lo creo. Yo este rumo no lo creo. ¡Cómo me duelen las balas que hoy circundan tu recuerdo. ¡Cómo me duelen las balas que hoy circundan tu recuerdo! Desde Málaga a Granada rojos pañuelos al cuello, gitanos y pescadores van con anillos de hierro; sortijas que envía la muerte a tus negros carceleros. Aguárdame, Federico; mucho que contarte espero... Entre Málaga y Granada una barrera de fuego.

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