Jorge Bucay: La tienda de la verdad
Sobre este episodio
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Ken_Verheecke_You_Were_Meant_To_Soar jamendo.com El hombre paseaba por aquellas pequeñas callejuelas de la ciudad de provincias. Como tenía tiempo, se detenía unos instantes ante cada escaparate, delante de cada tienda, en cada plaza. Al girar una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco. Intrigado, se acercó y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate…Pero en el interior sólo vio un atril que sostenía un cartel escrito a mano. El anuncio era curioso: Tienda de la verdad El hombre, sorprendido, pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entonces entró y, acercándose a la señorita que estaba en el primer mostrador, preguntó: -Perdón, ¿es esta la tienda de la verdad? -Sí, señor. ¿Qué tipo de verdad está buscando? ¿Verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa…? Pues sí, allí vendían verdad. Él nunca se había imaginado que esto fuera posible: llegar a un lugar y llevarse la verdad. Era maravilloso. -Verdad completa – contestó sin dudarlo. “Estoy cansado de tantas mentiras y de falsificaciones – pensó – No quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni fraudes”. -¡Verdad plena! – ratificó. -Perdón, ¿el señor ya sabe el precio? -No, ¿Cuál es? – contesto rutinariamente, aunque en realidad él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad. -Mire: si usted se la lleva – dijo la vendedora -, posiblemente durante un largo periodo de tiempo no pueda dormir del todo tranquilo. Un frío recorrió la espalda del hombre, que pensó durante unos minutos. Nunca se había imaginado que el precio fuera tan alto. -Gracias y disculpe… – balbuceó finalmente, antes de salir de la tienda mirando al suelo. Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los que refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo. “Quizás más adelante…”, pensó, intentando mitigar la vergüenza que le daba su propia cobardía… Extraído del libro Shimriti de Jorge Bucay.