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Leon Tolstoi: El tiburón (Cuentos para niños)

· 4 min

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Sobre este episodio

Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Esther_Garcia_When_the_Eyes_are_Closed jamendo.com Nuestro barco había anclado ante la costa de África. El día estaba muy hermoso, y del mar soplaba una fresca brisa, pero al atardecer el tiempo cambió: la atmósfera se caldeó como un horno, se había levantado el tórrido viento del Sahara, y apenas dejaba respirar. Antes del ocaso, el capitán salió a cubierta y gritó. "¡A bañarse!" Los marineros saltaron al agua en un santiamén, bajaron una vela, la ataron e hicieron con ella algo así como una pileta. Iban con nosotros en el barco dos chicos. Ellos fueron los primeros en saltar al agua, pero se sentían estrechos en la vela y se les ocurrió medir sus fuerzas en el mar. Ágiles como lagartijas, braceaban con toda su fuerza hacia el barril que flotaba sobre el ancla. Uno de los chicos adelantó a su amigo, pero luego fue quedando a la zaga. El padre del chico, un viejo artillero, observaba con orgullo desde cubierta a su hijo. Cuando el chico comenzó a quedar rezagado, el padre le gritó: "¡No te entregues! ¡Aprieta!" De pronto alguien gritó en cubierta: "¡Un tiburón!", y todos vimos en el agua el lomo del monstruo marino. El tiburón nadaba derecho hacia los chicos. "¡Atrás! ¡Volved atrás! ¡Un tiburón!", gritó el artillero. Pero los chicos no le oyeron y seguían nadando, entre risas y gritos, más fuertes y alegres cada vez. Petrificado, blanco como una pared. el artillero miraba a los chicos. Los marineros botaron una lancha y, remando con tanta fuerza que doblaba los remos, volaron hacia donde estaban los chicos; pero les faltaba un buen trecho para alcanzarlos, mientras que el tiburón se encontraba ya a unos veinte pasos de ellos. Al principio, los chicos no oían lo que les gritaban y no veían el tiburón. Pero, luego, uno de ellos volvió la cabeza, todos oímos un agudo alarido, y los chicos nadaron en distintas direcciones. El alarido aquel pareció despertar al artillero. El hombre salió corriendo hacia los cañones. Hizo girar una de las piezas, se pegó a ella, tomó puntería y asió la mecha. Todos los que nos encontrábamos en el barco quedamos paralizados de miedo, esperando a ver qué ocurría. Tronó el disparo, y vimos que elartillero se desplomaba al lado del cañón, tapándose la cara con las manos. No vimos lo que había ocurrido al tiburón y a los niños, porque el humo nos cegó por unos instantes. Pero, cuando el humo se hubo disipado sobre el agua, se oyó por todos lados un leve rumor que fue cobrando fuerza hasta convertirse en un grito de júbilo. El viejo artillero se quitó las manos de la cara, se levantó y miró al mar. En las olas se mecía el amarillo vientre del tiburón, muerto ya. Al cabo de unos minutos la lancha llegó a donde estaban los chicos y los trajo al barco.

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