# León Felipe: El hacha

Episodio de [Literatura](https://escuchario.semeescucha.es/podcast/literatura-1397174), de Manuel López.

- Publicado: 28 de abril de 2018
- Duración: 14 min
- Audio: https://www.ivoox.com/leon-felipe-el-hacha_mf_25673211_feed_1.mp3
- Página: https://escuchario.semeescucha.es/podcast/literatura-1397174/episodio/4988386-leon-felipe-el-hacha

## Sobre este episodio

Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: BDKSonic_Flight_Over_Himalayas jamendo.com El hacha Elegía española Dedicatoria A los Caballeros del Hacha, A los Cruzados del Rencor y del Polvo... A todos los españoles del mundo. ... Los muertos vuelven, vuelven siempre por sus lágrimas (el muchacho que se fue tras los antílopes regresará también). nuestras lágrimas son monedas cotizables; guardadlas todas ¡todas! para las grandes transacciones. Hay estrellas lejanas ¡y yo sé lo que cuestan! El hacha I ¡Oh, este dolor, este dolor de no tener ya lágrimas; este dolor de no tener ya llanto para regar el polvo! ¡Oh, este llanto de España, que ya no es más que arruga y sequedad... mueca, enjuta congoja de la tierra, bajo un cielo sin lluvias, hipo de cigüeñal sobre un pozo vacío, mecanismo, sin lágrimas, del llanto! ¡Oh, esta mueca española, esta mueca dramática y grotesca! Llanto seco del polvo y por el polvo; por el polvo de todas las cosas acabadas de España; por el polvo de todos los muertos y de todas las ruinas de España, por el polvo de una casta perdida ya en la Historia para siempre! Llanto seco del polvo y por el polvo. Por el polvo de una casa sin muros, de una tribu sin sangre, de unas cuencas sin lágrimas, de unos surcos sin agua... Llanto seco del polvo por el polvo que no se juntará ya más, ni para construir un adobe ni para levantar una esperanza. ¡Oh, polvo amarillo y maldito que nos trajo el rencor y el orgullo de siglos y siglos y siglos...! Porque este polvo no es de hoy, ni nos vino de fuera: somos todos desierto y africanos. Nadie tiene aquí lágrimas. Y ¿para qué hemos de vivir nosotros si no tenemos lágrimas? Y ¿para qué hemos de llorar ya más si nuestro llanto no aglutina? -ni en los clanes rojos ni en las harcas blancas-. En esta tierra el llanto no aglutina; ni el llanto ni la sangre. Y ¿para qué sirve la sangre derramada si no junta los labios de la casta? Disolvente es la sangre en esta tierra lo mismo que las lágrimas, y ha clavado banderas plurales y enemigas en todos los aleros. Los ídolos domésticos hablaron vanidad. Tierra arenosa sin riego, carne estrujada sin llanto, polvo rebelde de rocas rencorosas y lavas enemigas, átomos amarillos y estériles del yermo, aristas vengativas, arenal de la envidia... esperad ahí secos y olvidados hasta que se desborde el mar. II ¿Por qué habéis dicho todos que en España hay dos bandos, si aquí no hay más que polvo? En España no hay bandos, en esta tierra no hay bandos, en esta tierra maldita no hay bandos. No hay más que un hacha amarilla que ha afilado el rencor. Un hacha que cae siempre, siempre, siempre, implacable y sin descanso sobre cualquier humilde ligazón: sobre dos plegarias que se funden, sobre dos herramientas que se enlazan, sobre dos manos que se estrechan. La consigna es el corte, el corte. el corte, el corte hasta llegar al polvo, hasta llegar al átomo. Aquí no hay bandos, aquí no hay bandos, ni rojos ni blancos ni egregios ni plebeyos... Aquí no hay más que átomos, átomos que se muerden. España, en esta casa tuya no hay bandos. Aquí no hay más que polvo, polvo y un hacha antigua, indestructible y destructora que se volvió y se vuelve contra tu misma carne cuando te cercan los raposos. Vuelan sobre tus torres y tus campos todos los gavilanes enemigos y tu hijo blande el hacha sobre su propio hermano. Tu enemigo es tu sangre y el barro de tu choza. ¡Qué viejo veneno lleva el río y el viento, y el pan de tu meseta, que emponzoña la sangre, alimenta la envidia, da ley al fratricidio y asesina el honor y la esperanza! La voz de tus entrañas y el grito de tus montes es lo que dice el hacha: «Este es el mundo del desgaje, de la desmembración y la discordia, de las separaciones enemigas, de las dicotomías incesables, el mundo del hachazo... ¡mi mundo! dejadme trabajar». Y el hacha cae ciega, incansable y vengativa sobre todo lo que se congrega y se prolonga: sobre la gavilla y el manojo, sobre la espiga y el racimo, sobre la flor y la raíz, sobre el grano y la simiente, y sobre el polvo mismo del grano y la simiente. Aquí el hacha es la ley y la unidad el átomo, el átomo amarillo y rencoroso. Y el hacha es la que triunfa. III Hay un tirano que sujeta y otro tirano que desata... y entre los dos tu predio, libertad. ¡Libertad, libertad, hazaña prometeica, en tensión angustiosa y sostenida de equilibrio y amor! ¡Libertad española! a tu derecha tienes los grillos y la sombra y a tu izquierda la arena donde el amor no liga. Se es esclavo del hacha lo mismo que del cepo... Y el desierto es también un calabozo; el desierto amarillo donde el átomo roto no se pone de pie. De aquí nadie se escapa. Nadie. Por que dime tú, amigo cordelero, ¿hay quién trence una escala con la arena y el polvo? Español, más pudo tu envidia que tu honor, y más cuidaste el hacha que la espada. Tuya es el hacha, tuya. Más tuya que tu sombra. Contigo la llevaste a la Conquista y contigo ha vivido en todos los exilios. Yo la he visto en América -en México y en Lima-, Se la diste a tu esposa ya tu esclava... y es la eterna maldición de tu simiente. Tuya es el hacha, el hacha: la que partió el Imperio y la nación, la que partió los reinos, la que parte la ciudad y el municipio, la que parte la grey y la familia, la que asesina al padre -Alvargonzález, Alvargonzález, habla-, Bajo su filo se ha hecho polvo el Arca, la casta, y la roca sagrada de los muertos; el coro, el diálogo y el himno; el poema, la espada y el oficio; la lágrima, la gota de sangre, y la gota de alegría... Y todo se hará polvo, todo, todo, todo... Polvo con el que nadie, nadie, construirá jamás ni un ladrillo ni una ilusión. IV España no eres tú, el de las harcas blancas, ni tú, el de los clanes rojos. España es el hacha. Y el hacha es la que gana. Esta vez pierden todos, caballero. (-Me esconderé en el portalón detrás de la columna y apostaré después cuando la bola haya salido). Esta vez pierden todos, caballero: el que se esconde y el que huye; los jugadores de ventaja, el tramposo, el garitero y el matón... Y el hacha es la que gana. Cobraremos todos en arena, todos, hasta los muertos, que esperan bajo tierra la gloria y el rosal. Esta vez pierden todos. Obispos buhoneros, volved las baratijas a su sitio: los ídolos al polvo y la esperanza al mar. Hemos bajado el último escalón... el que acaba en la cripta. Mirad ahora hacia arriba por el pozo viscoso de la Historia. Allá, en el disco apagado de la noche, ni una voz ni una estrella. Nadie nos llama ni nos guía, y mientras nuestra sangre se desborda el mundo juega al bridge y el Gran Juez a los dados. Fuimos un espectáculo anteayer, pero hoy ya el circo está vacío. La negra pantomima fratricida de España, la vio Tubal-Caín, es vieja como el mundo, como el odio y la envidia... y hoy la enciende y la apaga un empresario inglés. Sin embargo, vosotros podéis aun arroparos, si hace frío, en una manta proletaria o en un manto señorial. Y apedrearme, si queréis, maldecirme y gritar: ¡Muera ese falso augur que ve mejor la grupa de la noche que la frente de la mañana!... Pero aquí en nuestras manos sólo hay polvo y rencor. V -¡Eh, tú, Diego Carrión!, ¿qué insignia es ésa que llevas en el pecho? -El haz de flechas señorial. -¿Y tú, Pero Vermúez? -La estrella redentora y proletaria. Españoles, dejémonos de burlas. No es ésta ya la hora de la farsa. Vámonos poco a poco, que en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco y ya estoy cuerdo. Nadie tiene aquí lágrimas, pero tampoco risas. Aquí no hay lágrimas ni risas... Aquí no hay más que polvo ¡Quitaos esas máscaras! Nuestro símbolo es éste: el hacha. Marcaos todos en la carne del costado con un hierro encendido, que os llegue hasta los huesos el hacha destructora... Todos, Diego Carrión, Pero Vermúez, todos. Y vamos a dormir, a descansar en el polvo, aquí, en el polvo y para siempre. No somos más que polvo. Tú y yo y España no somos más que polvo polvo, polvo, polvo... Nuestra es el hacha, el hacha y el desierto, el desierto amarillo donde descanse el hacha, cuando no quede ya ni una raíz ni un pájaro ni un recuerdo ni un nombre... España, ¿por qué has de ser tú madre de traidores y engendrar siempre polvo rencoroso? Si tu destino es éste, ¡que te derribe y te deshaga el hacha! VI EL LLANTO... EL MAR Y aquéllos... ¿los del norte? La elegía de la zorra que la cante la zorra, el buitre la del buitre, y el cobarde la suya. Cada raza y cada pueblo con su lepra y con su llanto. Yo lloro solamente las hazañas del rencor y del polvo... y la gloria del hacha. Luego, mañana... ¡para todos el mar! Habrá llanto de sobra para el hombre y agua amarga para las dunas calcinadas...

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