Césare Pavese: Gentes sin arraigo
Sobre este episodio
Locución: Manuel López Castilleja Fondo musical: Paganini - Risa del diablo Youtube.com Demasiado mar. Hemos visto ya suficiente mar. Al atardecer, cuando el agua se extiende lívidamente y se desvanece en la nada, el amigo la escruta y yo escruto al amigo y los dos nos callamos. Tras caer la noche, nos enclaustramos en una taberna, arrinconados, aislados entre el humo, y bebemos. Tiene sueños mi amigo (son algo monótonos los sueños ante el fragor del mar) en que el agua no es sino el espejo, entre una isla y otra, de colinas, jaspeadas de flores salvajes y saltos de agua. Me gustan las colinas y le permito que me hable del mar, porque es de un agua clarísima que incluso deja vislumbrar las piedras. No veo sino colinas y me cubren cielo y tierra con las firmes líneas de sus contornos, próximas o lejanas. Sin embargo, las mías son ásperas y rieladas por viñas, fatigosas sobre un suelo quemado. Las acepta mi amigo y desea cubrirlas de flores y frutas salvajes, para descubrir, entre risas, muchachas más desnudas que frutas. No es menester: a mis sueños más ásperos no le falta una sonrisa. Si por la mañana, temprano, nos encaminamos hacia aquellas colinas, podremos encontrar entre viñas alguna moza morena, ennegrecida por el sol, y trabando conversación, comer algo de su uva. De: “Trabajar cansa” – 1931-1940 Recogido en “Cesare Pavese – Poesías Completas”