EP.333 El eslabón perdido del liderazgo: aprender a gestionar tus propias emociones
Sobre este episodio
En el episodio anterior compartía contigo cinco lecciones que he aprendido a lo largo de más de 15 años liderando equipos y que me han ayudado a conseguir algo que valoro muchísimo: paz mental. Las cinco tenían algo en común: la comunicación. Esa comunicación del día a día que nos permite alcanzar acuerdos, activar el compromiso y la proactividad de los empleados, mejorar las relaciones profesionales y crear una cultura de colaboración y entendimiento. Y todo ello sin pretender que desaparezcan los problemas, los malentendidos, las diferencias de opinión o los conflictos. Porque forman parte de la realidad de cualquier equipo. Sin embargo, hoy quiero hablarte de algo que considero que cuando se habla de comunicaión no se puede obviar, al menos si queremos que sea eficiente y real.... ¿Qué ocurre emocionalmente dentro de ti mientras intentas liderar todas esas situaciones? Porque puedes aprender técnicas de comunicación, desarrollar tu capacidad para gestionar personas y conseguir que los demás te perciban como un líder respetuoso y profesional. Y, aun así, terminar tu jornada con una carga emocional que te llevas a casa. A mí me ocurrió. Cuando pasé del laboratorio a liderar personas, descubrí una dificultad que no esperaba Antes de liderar equipos trabajaba en el laboratorio. Me encantaba la parte técnica, racional y analítica de mi trabajo: analizar datos, identificar variables, mejorar procesos, optimizar resultados... Me desenvolvía muy bien en ese entorno. Cuando surgía un problema, podía analizarlo, buscar sus causas, plantear soluciones y comprobar resultados. Y aunque no todos los días eran perfectos, normalmente terminaba mi jornada satisfecha y tranquila. Pero cuando empecé a liderar equipos, apareció una variable nueva que no sabía gestionar tan bien: las emociones. Las de los demás y, especialmente, las mías. De repente, ya no bastaba con presentar datos, razonar decisiones y alcanzar acuerdos desde la lógica. También había opiniones, críticas, juicios, diferencias de criterio, actitudes difíciles y personas que reaccionaban de maneras que no siempre comprendía. Recuerdo reuniones en las que alguien cuestionaba una decisión que había tomado delante de otros compañeros. Situaciones en las que una persona aprovechaba la ausencia de otra para criticarla. Conversaciones en las que intentaba explicar algo con toda la lógica del mundo y, sin embargo, la otra persona seguía reaccionando de una manera que me resultaba frustrante. Y empecé a descubrir emociones que hasta entonces no habían tenido tanto protagonismo en mi vida profesional. Enfado. Frustración. Preocupación. Inseguridad. También aparecieron comportamientos que probablemente reconocerás: anticipar conversaciones difíciles, dar demasiadas explicaciones, evitar determinadas situaciones o sentir que algunas personas eran mucho más fáciles de liderar que otras. Mi problema no era que perdiera las formas o que tratara mal a los demás. Por mi propio perfil de comportamiento, con un componente Estable bastante marcado, siempre he tenido tendencia a contener mis emociones y mantener una actitud serena hacia fuera. Intentaba escuchar, explicar mis decisiones, buscar acuerdos y actuar con respeto. Pero eso no significaba que me sintiera serena por dentro. Muchas veces estaba conteniendo una gran cantidad de estrés, frustración o preocupación. Y después me lo llevaba a casa. Y aquello empezó a quitarme parte del disfrute de un trabajo que realmente me apasionaba. Me gustaba lo que hacía, pero había situaciones que me hacían sufrirlo. Y yo quería recuperar mi paz mental. No necesitaba cambiar la realidad del liderazgo. Necesitaba aprender a relacionarme con ella de otra manera Evidentemente, necesitaba desarrollar mis competencias de liderazgo. Aprender técnicas de comunicación asertiva, comprender los diferentes perfiles de comportamiento y saber cómo adaptar mi comunicación a cada persona fue un antes y un después. Pero seguía faltándome algo. No quería únicamente aprender a gestionar mejor las reacciones de los demás. Quería aprender a gestionar lo que esas reacciones provocaban dentro de mí. Porque la realidad de liderar personas no iba a cambiar. Siempre existirían diferencias de opinión, problemas de actitud, decisiones difíciles, incumplimientos o conversaciones incómodas. Lo que sí podía cambiar era mi capacidad para afrontar esas situaciones sin perder mi bienestar emocional. Y ahí descubrí lo que se convirtió en una de mis grandes pasiones: la inteligencia emocional aplicada al liderazgo. Comencé leyendo libros, asistiendo a charlas y realizando pequeñas formaciones. Después profundicé mucho más, hasta especializarme en inteligencia emocional. Y tengo que decirte que me enamoré literalmente de esta disciplina. Sobre todo porque descubrí que no era algo abstracto, teórico o basado en frases motivacionales. Existían herramientas prácticas que podía aprender, aplicar y utilizar para comprender mis emociones, gestionar mis reacciones y desarrollar serenidad ante situaciones difíciles. Y eso fue exactamente lo que empecé a hacer. El puente que falta entre el desarrollo personal y la gestión de equipos Cuando hablamos de liderazgo, solemos encontrar dos grandes áreas de trabajo. Por un lado, el desarrollo personal: conocerte mejor, identificar tus fortalezas, reconocer tus áreas de mejora, trabajar tus creencias o desarrollar tu mentalidad. Por otro, la gestión de equipos: aprender a delegar, comunicarte con asertividad, dar feedback, establecer límites, motivar a las personas o gestionar conflictos. Pero entre ambas existe un puente que, desde mi experiencia, no siempre recibe la atención que merece: Cómo te relacionas tú con tus propias emociones mientras estás liderando a los demás. Porque esas emociones influyen en tu comunicación, en tus decisiones, en tu manera de afrontar los conflictos y, por supuesto, en tu bienestar. Piensa en algunas situaciones habituales: * Necesitas decir que no a una petición, pero te preocupa que la otra persona se enfade. * Tienes que dar feedback a alguien que suele ponerse a la defensiva y llevas días posponiendo la conversación. * Un empleado cuestiona una decisión y sientes un enfado que te cuesta gestionar. * Has tenido una reunión complicada y sigues repasando mentalmente lo que dijiste y cómo reaccionaron los demás. * Sabes que necesitas establecer un límite, pero te preocupa deteriorar la relación profesional. Puedes conocer perfectamente las técnicas de comunicación que deberías utilizar en cada caso. Sin embargo, si no sabes gestionar lo que estás sintiendo, es posible que termines evitando la conversación, justificándote demasiado, reaccionando desde el enfado o dedicando una cantidad enorme de energía a anticipar lo que podría ocurrir. Por eso considero que el autoliderazgo no es un complemento del liderazgo. Es una de sus bases. Una conversación difícil comienza antes de sentarte frente a la otra persona Esta es una de las aplicaciones más prácticas del autoliderazgo. Cuando tienes por delante una conversación que te genera preocupación, enfado o inseguridad, la preparación no debería limitarse a pensar qué vas a decir. » También necesitas prepararte emocionalmente. » Reconocer qué estás sintiendo. » Identificar qué pensamientos están alimentando esa emoción. » Comprender qué es lo que realmente te preocupa. » Y utilizar tus herramientas de autoliderazgo para desarrollar un enfoque mental que te aporte realismo y, al mismo tiempo, serenidad. Auto liderazgo no se trata de convencerte de que todo va a salir bien. Ni de imaginar que la otra persona va a reaccionar como tú deseas. Se trata de aceptar que puede haber desacuerdos, incomodidad o incluso enfado, y que aun así puedes afrontar esa conversación con confianza, respeto y profesionalidad. Desde ahí, tu comunicación cambia. Escuchas con mayor apertura. Te resulta más fácil expresar lo que necesitas. Puedes establecer límites sin sentir que tienes que justificarte constantemente. Y eres más capaz de mantener el foco en el objetivo de la conversación, en lugar de quedar atrapado en la reacción emocional de la otra persona. No has cambiado a los demás. Has cambiado tu manera de afrontar la situación. Y eso puede mejorar tanto los resultados de tu liderazgo como tu calidad de vida. Liderar de forma saludable no significa evitar las decisiones difíciles Hay algo que considero fundamental cuando hablamos de bienestar emocional en el trabajo. No estamos hablando de crear un entorno donde todo sea perfecto, todo el mundo esté siempre contento y nunca existan conflictos. Eso no sería realista. Liderar también implica abordar problemas de desempeño, corregir comportamientos, tomar decisiones que no gustan e incluso, en determinadas circunstancias, terminar una relación laboral. Y la inteligencia emocional también es necesaria en esos momentos. De hecho, a veces lo más saludable es afrontar una decisión difícil a tiempo y desde el respeto, en lugar de prolongar durante meses una situación que está perjudicando al equipo, al negocio y a las propias personas implicadas. El miedo a una conversación no debería llevarnos a mantener indefinidamente una situación que necesita resolverse. Pero tampoco podemos justificar cualquier comportamiento del líder en nombre de su propia tranquilidad. El bienestar emocional de quien lidera importa tanto como el bienestar de las personas que forman parte del equipo. No se trata de que tú te vayas tranquilo a casa después de haber generado un entorno de tensión, miedo o malestar para los demás. Se trata de conseguir que tu liderazgo tenga un impacto constructivo hacia fuera y, al mismo tiempo, un impacto saludable hacia dentro. Que puedas terminar un día complicado pensando: «Hoy hemos tenido conversaciones difíciles. Hemos escuchado diferentes opiniones, tomado decisiones y establecido los acuerdos necesarios. No ha sido fácil, pero he actuado de acuerdo con mis valores y con los objetivos que perseguimos». Y poder descansar. Sin necesidad de seguir reviviendo durante horas todo lo ocurrido. Para mí, esa es una de las mayores recompensas del autoliderazgo. Por eso he incorporado el autoliderazgo al Lab de Liderazgo de Impacto Cuando creé el Lab de Liderazgo de Impacto, mi intención era ofrecer un espacio práctico donde encontrar herramientas para afrontar las situaciones que surgen cada día al liderar equipos. Comencé trabajando dos áreas fundamentales: los perfiles de comportamiento y la comunicación. Pero enseguida me di cuenta de que faltaba una pieza imprescindible. El autoliderazgo. Llevo años trabajándolo en mis programas grupales y procesos individuales porque sé, por experiencia propia, el impacto que tiene. ¿Cómo no iba a incluirlo también en el Lab? Por eso, el Lab de Liderazgo de Impacto cuenta con herramientas que se complementan: 1. Autoliderazgo. Para afrontar conversaciones con mayor confianza y serenidad 2. Comunicación de Impacto. Para saber cómo responder ante quejas, peticiones, conflictos, incumplimientos o conversaciones difíciles, generando acuerdos y relaciones profesionales saludables. Las dos forman parte de un mismo objetivo: ayudarte a liderar con mayor eficacia y menos desgaste emocional. Y todo ello con recursos que puedas consultar y aplicar cuando los necesites, sin tener que realizar una formación interminable antes de empezar a obtener resultados. El 27 de octubre: masterclass de autoliderazgo para ganar confianza ante conversaciones difíciles El próximo martes 27 de octubre, a las 16:00 h , tendremos una masterclass en directo en la que trabajaremos precisamente esta primera etapa de la comunicación: cómo prepararte emocionalmente antes de afrontar una conversación difícil. Te enseñaré un sistema práctico para reconocer si estás sintiendo preocupación, enfado, frustración o inseguridad, comprender qué está provocando esa emoción y utilizar herramientas de autoliderazgo para desarrollar un enfoque mental más realista y sereno. El objetivo es que puedas afrontar tus próximas conversaciones con mayor confianza y claridad. La masterclass está incluida en la membresía anual de Substack y quedará grabada para que puedas volver a ella cuando lo necesites. Puedes acceder al Lab con el precio de lanzamiento Actualmente, la membresía anual tiene un precio de 97 € al año e incluye, como bonus, el acceso al Lab de Liderazgo de Impacto. Conoce el Lab de Liderazgo de Impacto y accede a la membresía anual Y si ya eres miembro anual y todavía no has accedido al Lab, puedes hacerlo directamente desde: ENLACE AL LAB Porque liderar mejor no consiste únicamente en conseguir que tu equipo sea más autónomo, proactivo y comprometido. También consiste en poder disfrutar de tu trabajo y terminar el día con la tranquilidad de saber que has hecho lo que tenías que hacer, desde el respeto, la confianza y la serenidad. Y descansar y disfrutar. This is a public episode. If you'd like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit ireneruizalcaraz.substack.com/subscribe