Escuela Sabática - Lección 4 - viernes 24 de julio de 2020 - Para estudiar y meditar
Sobre este episodio
Cuando oramos por los demás, Dios honra nuestro compromiso con él y nuestra dependencia de su poder al emplear todos los recursos del Cielo para transformar las vidas humanas. A medida que nuestras oraciones ascienden a su Trono, los seres angelicales entran en acción a su orden. “Los ángeles ministradores esperan junto al Trono para obedecer instantáneamente el mandato de Jesucristo de contestar cada oración ofrecida con fe viva y fervorosa” (MS 2:471). Tenemos la seguridad de que ni una oración se pierde, ni Dios olvida a nadie. Están almacenadas en el cielo para ser respondidas en el momento y el lugar que él considere mejor. “La oración de fe nunca se pierde, pero es presunción suponer que siempre será contestada en la forma misma y para el objeto mismo que esperamos” (TI 1:211). Qué aliento nos da esto cuando intercedemos por nuestros cónyuges que no conocen a Cristo, o por nuestros hijos e hijas, parientes, amigos y compañeros de trabajo. Ninguna oración sincera se pierde jamás. Es posible que no siempre veamos respuestas inmediatas en aquellos por quienes oramos, pero Dios se está moviendo sobre sus corazones de maneras que solo sabremos en la eternidad.