JESUS CALMA LA TEMPESTAD
Sobre este episodio
Mientras Jesús duerme en la barca, una gran tempestad sacude el mar y llena de temor a los discípulos. Aunque caminan con Él, el miedo los domina y sienten que van a perecer. Al despertar, Jesús no confronta primero el viento ni las olas, sino la falta de fe en sus corazones. Con una sola palabra, el mar se aquieta y el viento obedece. El caos se rinde ante su autoridad. Este pasaje nos recuerda que la presencia de Jesús no elimina las tormentas, pero sí garantiza que no estamos solos en medio de ellas. La pregunta final de los discípulos sigue resonando hoy: “¿Quién es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?” Una invitación a confiar, incluso cuando parece que Él guarda silencio.