CUANDO EL TENOR MUERE EN LA ÓPERA (Y LA SOPRANO LE SOBREVIVE)
Sobre este episodio
En la ópera se muere muchísimo. Se muere de tuberculosis, de puñalada, de veneno, de un disparo, bajo la cuchilla de la guillotina, ante un pelotón de fusilamiento y, cuando ninguna de estas posibilidades parece suficientemente dramática, siempre queda arrojarse desde algún lugar elevado. Los libretistas han demostrado una imaginación verdaderamente notable a la hora de eliminar personajes. Las sopranos saben mucho de esto: Violetta, Mimì, Tosca, Butterfly, Leonora, Gilda, Aida, Manon... Pero hoy nuestros protagonistas son los tenores. Y hay algo fascinante en sus muertes: en la ópera, cuanto más cerca está un personaje de dejar de existir, más importante se vuelve su voz. La música modifica nuestra percepción del tiempo y lo que en la vida real duraría unos segundos puede expandirse durante varios minutos. El personaje recuerda, confiesa, perdona, acusa, se arrepiente o acepta su destino y el compositor encuentra así una oportunidad privilegiada para mostrarnos quién era realmente. Hoy tendremos ejecuciones, asesinatos, suicidios, condenas políticas y hasta una muerte que cambió cuando el compositor revisó su propia obra. Porque no todos los tenores saben morir de la misma manera.