El Día en que la Luz nos Encontró
Sobre este episodio
Tal día como hoy, cuando el calendario aún no sabía que estaba marcando un umbral, el destino movió sus hilos en silencio. Vivíamos bajo el mismo techo del mundo, pared con pared, respirando el mismo aire de la calle sin habernos visto jamás. Yo conocía los nombres de su casa, las voces de su familia, pero su rostro aún no había cruzado el mapa de mis días. Hasta que llegó aquel instante. Una entrevista cualquiera, una conversación sin presagio, y entonces el cielo decidió intervenir. Un torreón de luz se encendió en la noche, la calle quedó a oscuras, y en medio de ese silencio eléctrico nuestros ojos se encontraron. La ciudad perdió la luz, pero algo dentro de nosotros comenzó a iluminarse. Primero fue la palabra, la amistad creciendo despacio, los poemas que ella escuchaba como quien reconoce una música antigua. Compartíamos la misma llama: tender la mano a los niños que luchan contra la sombra. Y entre gesto y gesto, entre verso y verso, sin prisa y sin ruido, día a día me fue conquistando. Hasta que el tiempo, sabio como el mar, terminó de escribir lo inevitable: la mujer que un día apareció en medio de un apagón se convirtió en mi esposa, mi musa, mi refugio y mi pilar. Hemos cruzado tormentas, hemos aprendido a sostenernos cuando el mundo pesa. Pero hay una certeza que nunca se ha apagado: cuando camino a su lado sé, con la calma de quien ha llegado, que estoy en el lugar correcto con la persona correcta. Porque aquel día la calle perdió la luz… pero mi vida la encontró. Joriel