E1 T3 ¿Cómo sanar y para qué sanar? I Milton González
Sobre este episodio
Nuestra salud mental, física y emocional depende de algo más grande que nosotros mismos, si conectamos nuestra energía con nuestro espíritu, recuperamos la felicidad más auténtica, quizá podemos pensar que sanar y curar son sinónimos, sin embargo no pueden ser más diferentes. La sanación es un proceso que va mucho más allá de la curación. Sanar implica la aceptación de lo que es, pero esta aceptación no es, por una parte, una resignación derrotista del paciente por la insuficiencia del recurso clínico frente a la enfermedad, sino una percepción menos traumatizada que el paciente se va haciendo de su patología. Esta nueva percepción, poco a poco, podría llevar al paciente a coexistir de forma “pacífica” con la enfermedad, es decir, aceptarla sin que ello incremente desajustes emocionales sino, por el contrario, una posible disminución del estrés propio en muchas patologías. La diferencia entre la sanación y la curación está en uno mismo, en lo que uno aprende acerca del proceso de la enfermedad y cómo lo integra a su vida. La diferencia está en la aceptación. La sanación está en la mente. Se puede decir que se trata de un nuevo estado de conciencia que experimentará el paciente frente a la enfermedad; estado de conciencia que, en la mayoría de los casos, le permite, por una parte como ya lo hemos dicho, superar el inevitable proceso traumático que acarrea toda enfermedad y, por la otra parte, hacer cambios favorables en sus hábitos y estilos de vida. Podemos curar y no sanar y viceversa; pero la dosificación equilibrada de esta práctica, seguro estoy, nos proporcionará una gran satisfacción tanto para el quebrantado paciente que sufre un dolor físico, mental y moral, así como para el médico o sanador. La satisfacción es aún mayor cuando, además, logramos cambiar hacia prácticas y estilos saludables la vida del paciente. En todo caso donde haya necesidad — por supuesto, a fin de favorecer al enfermo y no al desarrollo de la patología— de que éste acepte convivir con la enfermedad de forma “pacífica”, deberíamos emplear el enfoque de sanación como el elemento unificador del tratamiento. Es esa capacidad de poder sanar y no tanto curar, la condición por la que el médico ha sido apreciado en el inconsciente colectivo de todas las sociedades y a lo largo de la historia, como un ser dotado con poderes especiales. Crédito: https://piel-l.org/blog/46668