Palomares: La lluvia de bombas atómicas
Sobre este episodio
El 17 de enero de 1966, a primera hora de la mañana, en el cielo sobre la costa de Almería se registró una gran explosión. Un formidable trueno asustó a los pocos vecinos que lo escucharon. Parecía el fin del mundo. Un bombardero norteamericano B-52, cargado con cuatro armas termonucleares de más de un megatón cada una, colisionó en el aire con su avión nodriza. En segundos, siete de los once tripulantes perecieron en medio de una bola de fuego que se vio desde kilómetros de distancia. Y luego, las cuatro bombas atómicas cayeron descontroladas desde el cielo hacia los campos de tomates de Palomares. Un agricultor local, Pedro Alarcón, estaba regresando a casa con sus nietos cuando vio caer los primeros restos incandescentes. "Los niños lloraban. Quedé paralizado de miedo. Una piedra me golpeó en el estómago; pensé que había muerto", recordaría años después. No sabía entonces que acababa de vivir uno de los momentos más peligrosos de la historia de España. No sabía que su tierra acababa de convertirse en peligrosamente radiactiva. No sabía que esa mañana cambiaría su vida y la de todos los vecinos de Palomares para siempre. Lo que vendría después sería aún más inquietante: una operación de alcance global para recuperar las armas nucleares estadounidenses perdidas en territorio español; miles de militares invadieron pueblos andaluces en medio del secretismo absoluto del régimen de Franco. Había que ocultar la verdad al precio que fuese. Nadie podía saber lo que allí había sucedido. Y esa decisión definiría la historia de Palomares durante los siguientes sesenta años. Cuando los gobiernos norteamericano y español comprendieron la magnitud del desastre, montaron una escena que se convertiría en uno de los mayores episodios de propaganda política del siglo XX. La opinión pública internacional comenzaba a preguntarse qué estaba pasando en esa costa española. El creciente turismo de playa estaba en riesgo por los rumores cada vez más abundantes. La confianza en las instituciones se tambaleaba. Entonces, Manuel Fraga, el superministro del régimen franquista, se puso un bañador y se lanzó al agua en Palomares ante las cámaras en una de las escenas más icónicas de la España contemporánea. Y lo hizo acompañado del embajador norteamericano. "Si Fraga se baña y no le pasa nada, nosotros también nos podemos bañar", fue el mensaje. Un mensaje que tranquilizó a millones de españoles. El problema era que ese mensaje era una absoluta mentira. Porque mientras Fraga posaba para las cámaras, a apenas cincuenta kilómetros, nueve kilos de plutonio radiactivo seguían esparcidos por los campos almerienses. Mientras el mundo veía la foto del ministro en bañador, Palomares se estaba transformando en un laboratorio humano de la era nuclear sin que sus habitantes lo supieran. Sin su consentimiento. Sesenta años después, ese plutonio sigue ahí. Y se está transformando en americio, un elemento aún más peligroso. Las promesas de Clinton, Kerry, Sánchez y Biden de limpiar la zona han quedado en el olvido. Y ahora, nuevos planes para construir mil seiscientas viviendas en la zona, amenazan con remover esa contaminación radiactiva que ha permanecido enterrada durante casi dos generaciones. En este episodio conoceremos la verdadera historia de Palomares. La historia alejada de la propaganda protagonizada por la gente común que se enfrentó a una amenaza invisible. La de los pescadores que rescataron a pilotos estadounidenses con las manos desnudas, sin saber si estaban en contacto con la peligrosa radiación. La de los agricultores cuya tierra quedó envenenada. La de los científicos que estudiaban en secreto la evolución médica de la población. La de los políticos que eligieron mantener el silencio. Y la de una comunidad que, sesenta años después, sigue viviendo a la sombra de una bomba que nunca fue completamente desactivada. Hoy La Escafandra 2020 viaja hasta la segunda mitad del siglo XX español. La España de Franco se había convertido en un valioso aliado de los Estados Unidos en la Guerra Fría que estaba librando el bloque occidental contra la Unión Soviética y el Pacto de Varsovia. Esta es la historia de las bombas nucleares perdidas en Palomares. Una historia en la que el pode r impuso su relato haciendo que los ciudadanos de a pie pagasen el precio de unas decisiones tomadas a sus espaldas. ¿Qué sucedió realmente en Palomares? ¿Por qué ese pequeño pueblo almeriense se convirtió en el epicentro de uno de los grandes secretos de Estado de la Guerra Fría europea?