Apología de Sharon
Sobre este episodio
Los moretones que él pinto en su rostro eran como la obra de un artista primerizo: sin exactitud, sin idea, pero con toda intención. Él llegaría cerca de las once, con su máscara de borrachera y frustración, exigiendo su cena con despotismo, lanzando quejas a la intemperie: una cuchara sucia, una sopa fría, una silla mal posicionada. Si hallaba un pretexto ingenioso, seguro la golpearía. Hoy sería la última vez…