Luna nueva y Eclipse de Sol en Aries | 20/4 | por Sebastián Bru para espacio interior astrología
Sobre este episodio
El texto completo: Luna nueva y eclipse de Sol en Aries. 20/4. Brotar Como la flor Hay que romperse, Salir y brotar Verter la sangre al nacer Silvia Pérez Cruz Este eclipse nos trae el desafío de aparecer, de exponernos, de desplegarnos aun cuando esto requiera una fuerza, una agresividad, en pos de encontrar la tierra, el espacio en el que sea posible brotar, germinar, crecer y dejar que el tiempo lo cambie todo, para siempre. Sentir el viento al caer Y el vértigo al vacío Que te empuja a renacer El eclipse será visible en Oceanía y el Sur de Asia y tendrá una duración de 1 minuto, lo que prolonga sus efectos sobre nuestras vidas durante un mes. Los eclipses generan transformaciones profundas en nuestra identidad, en ocasiones acompañados de grandes crisis en algún área de nuestra vida. El proceso de transformación que trae esta luna es tan profundo que es imposible saber hoy adónde nos llevará. Frente a eso, la tendencia natural de nuestra identidad es resistirse. Pero si una semilla triunfa en resistir el cambio, logra evitar la germinación y también la vida. Abrirse es doloroso y necesario, y conduce a una posible felicidad que antes no existía. La semilla despojada Se desnuda abandonada En soledad Rompiendo a llorar Y a brotar Con su fragilidad Vulnerabilidad de exponerse Buscando la virtud De sacar Sus miedos a la luz Esta luna abre la posibilidad de dejar de pelear con los fantasmas de nuestra historia, que personificamos muchas veces proyectándolos en vínculos nuevos. Disolver los peligros y las amenazas que volvemos a encontrar cuando nos abrimos a las personas permite liberar una fuerza que ahora nos protege de lo que ya no está ahí en realidad. Cuando esa energía se logra disponibilizar, entonces el horizonte se abre. Podemos concebir otra vida, otros futuros que antes estaban vedados. Podemos, también, darle lugar a otro monto de poder, de potencia personal. Esta luna vuelve posible desarmar los problemas que arrastramos para abrirnos al destino. Dejar de pelear con lo que no ha sido para abrazar la potencia de lo que podemos ser y construir en este momento. Permite un pasito más en el proceso de entregarse a las manos de la vida, que hará de nosotros una pródiga flor. Nuestra identidad, muchas veces, es el entramado de reacciones con las que nos defendemos del mundo. Hemos desarrollado caparazones, corazas, velos y espinas que nos defienden del mundo. Este eclipse nos permite registrar que es posible volver a abrirse y dejarse sostener, dejarse acariciar. El fin de una guerra que ha perdurado demasiado, contra un enemigo que ya no puede hacernos más daño que el que nos ha hecho salvo en la persistencia de una defensa que nos consume, que se lleva puesta nuestra propia vitalidad. Algo en la dimensión del cuerpo, de la carne, se revela. Aparece una fuerza, un gesto, una sensación. Algo, que no manejamos, se desliza hacia el exterior. Puede ser simplemente un gran cansancio, un agotamiento que nos deja ver que no podemos hacer lo que se supone que tenemos que hacer. Puede ser, por el contrario, un caudal de energía que se vuelve disponible: Dios ya no me aguanta quieta. Darle espacio a lo que nos excede, a lo que es más grande que nosotres, para que opere sobre nuestra vida con más entrega, con más conciencia. Visualización Está oscuro y huele a tierra. La humedad es perfecta y la sensación de placidez y calma tocan lo absoluto. Un silencio precioso nos acaricia los oídos. De pronto, algo se siente extraño en la piel. Una fuerza silenciosa y delicada ha empezado a empujar desde el hueso y sentimos, en medio de la profunda oscuridad, algo que quiere emerger. Sentimos el latido de nuestro corazón un poco acelerado. Podría ser miedo, pero no lo es. Incluso, aunque un poco de miedo puede habitarnos, lo que crece es otra cosa. Una sensación nueva, desconocida.