23. DE DESECHADA A MISIONERA
Sobre este episodio
Cuando los discípulos volvieron, se sorprendieron al hallar a su Maestro hablando con la mujer. No había bebido el agua refrigerante que deseaba, ni se detuvo a comer lo que los discípulos habían traído. Cuando la mujer se hubo ido, los discípulos le rogaron que comiera. Le veían callado, absorto, como en arrobada meditación. Su rostro resplandecía, y temían interrumpir su comunión con el Cielo. Pero sabían que se hallaba débil y cansado, y pensaban que era deber suyo recordarle sus necesidades. Jesús reconoció su amante interés y dijo: "Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis."