83. ¿Nos estamos quedando sin aventura?
Sobre este episodio
Hoy no vamos a hablar de subir montañas, ni de cruzar desiertos, ni de meterse en sitios remotos. Vamos a hacernos una pregunta más sencilla y bastante más incómoda: ¿nos estamos quedando sin aventura cuando viajamos? Hoy sales de casa sabiéndolo todo. Reservas hechas, reseñas leídas, SIM comprada, fotos del sitio vistas antes de llegar. Y cuando pisas tierra ya estás conectado. En este episodio, José Antonio repasa cuarenta y cinco años de profesión para intentar responderla. Sin nostalgia y sin vender la moto: viajar hoy es mejor, más cómodo y más seguro. Eso no está en discusión. Lo que está en discusión es dónde quedó la aventura. Por el camino aparecen: Nepal, enero de 1980. Salir de Madrid sin saber cómo se tramitaba el visado, buscar hotel en Katmandú puerta por puerta y pasear un piolet por todo el país sin pisar una sola gota de nieve. La aventura no empezó en el trekking, empezó en Barajas. Las guías de Routard y las primeras Lonely Planet. Hoteles que ya no existían, direcciones obsoletas y una realidad que hemos perdido: perderse formaba parte del viaje. Malí, agosto de 1980. Dieciséis personas, un descenso en pinaza por el Níger de Mopti a Gao y nadie en el país que supiera que íbamos. Tres trayectos de ocho horas en taxi brousse para rescatar el viaje. Salió uno de los mejores que hemos hecho nunca. Chad, el Tibesti. Veinticuatro pinchazos, un solo coche y una bomba de hinchar balones. Y el ejército francés ofreciéndose a repatriarnos. Aquí la aventura dejó de tener gracia. Irian Jaya y Zaire. Viajar con un petate de ochenta litros lleno de fajos de billetes porque no había otra forma de pagar a los porteadores. Y al final, la pregunta de verdad: si el GPS ya te dice cuándo girar y las fotos las has visto antes de llegar, ¿dónde está hoy la aventura? La respuesta del episodio es que ya no está tanto en el destino como en la forma de viajar. Mongolia en invierno. Los trekkings de Nepal que no son el del Everest. Armenia, Georgia. Dormir en casas locales, moverse en transporte local y dejar días sin programar. Una organización perfecta no debería cerrar todas las puertas. Más en trekkingyaventura.com