Marcos 1:40 - 2:12 | La Compasión De Jesus Va Más Allá De Nuestra Necesidad
Sobre este episodio
La misericordia de Jesús no solos se expresa al sanarlo. Sino también al tocarlo. Aunque el efecto de la voz sanadora de Jesús fue inmediato. Jesús podía tocar al leproso después de ser sanado. La voz de Jesús sanó y su toque lo dignificó. Eso le da más sentido a su misericordia, en medio de su condición inmunda el leproso fue tocado. El leproso no solo necesitaba ser sano físicamente, necesitaba sentirse digno de que alguien se pudiera acercarse a él. Y el leproso recibe el toque compasivo de Jesús en medio de su condición inmunda. El leproso vino a Jesús buscando ser limpiado, pero la compasión de Jesús hizo mucho más que quitarle una enfermedad. Jesús no solamente sanó su cuerpo; quitó un pesó enorme en su alma cansada, tocó su dignidad, restauró su condición y abrió nuevamente el camino para que pudiera volver a su comunidad. Este pasaje nos hace ver la importancia de una fe que intercede a favor del necesitado. Dios actúa, pero nuestra fe se manifiesta también en nuestra constancia. Una constancia depositaba de Cristo, que nos lleva a descansar y confiar únicamente en él. Nuestra fe manifiesta que amamos a Cristo y que amamos a nuestro prójimo de tal manera que lo llevamos a Cristo. En el caso de nosotros como creyentes, las amistades no se miden por momentos de euforia, tranquilidad o felicidad, sino por medio de personas que nos conducen a Cristo. Por eso, el milagro no era el punto final de la historia. El milagro servía para demostrar quién es Jesús: el Hijo del Hombre que tiene autoridad para perdonar pecados. Y mientras los escribas vieron el milagro y endurecieron su corazón, aquellos cuatro hombres vieron a Jesús como la respuesta para su amigo y no descansaron hasta llevarlo delante de Él.