“La hora llegó” - 3 de abril (Juan 18, 1 – 19, 42)
Sobre este episodio
PADRE GUSTAVO GODINEZ Juan 18, 1 – 19, 42 El arresto Jesús salió con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, a un huerto. Judas, el que lo traicionaba, conocía el lugar. Llegó con soldados y guardias armados. Jesús, sabiendo todo lo que iba a pasar, salió a su encuentro y preguntó: “¿A quién buscan?” Le respondieron: “A Jesús de Nazaret.” Él dijo: “Yo soy.” Al decir esto, retrocedieron y cayeron al suelo. Volvió a preguntar: “¿A quién buscan?” Respondieron: “A Jesús de Nazaret.” Jesús dijo: “Ya les dije que soy yo. Si me buscan a mí, dejen ir a estos.” Simón Pedro sacó una espada e hirió al siervo del sumo sacerdote. Jesús le dijo: “Guarda la espada. ¿No voy a beber el cáliz que el Padre me ha dado?” Lo llevaron primero ante Anás. Lo interrogaron sobre sus discípulos y su enseñanza. Jesús respondió: “He hablado abiertamente al mundo. ¿Por qué me preguntas a mí? Pregunta a los que me han oído.” Uno de los guardias lo golpeó. Pedro negó a Jesús tres veces. Y cantó el gallo. Llevaron a Jesús ante Pilato. “¿Eres tú el rey de los judíos?” Jesús respondió: “Mi Reino no es de este mundo. Si lo fuera, mis servidores habrían luchado. Pero mi Reino no es de aquí.” Pilato le dijo: “Entonces, ¿tú eres rey?” Jesús respondió: “Tú lo dices: soy rey. Para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.” Pilato preguntó: “¿Qué es la verdad?” Pilato no encontraba culpa en Él, pero la multitud gritaba: “¡Crucifícalo!” Mandó azotarlo. Los soldados le pusieron una corona de espinas y un manto púrpura. “¡Salve, rey de los judíos!” Pilato lo presentó: “Aquí tienen al hombre.” Pero ellos gritaban más fuerte. Finalmente lo entregó para ser crucificado. Jesús, cargando su cruz, salió hacia el lugar llamado Gólgota. Allí lo crucificaron, y con Él a otros dos. Pilato mandó poner un letrero: “Jesús Nazareno, Rey de los Judíos.” Muchos lo leían. Los soldados se repartieron sus vestidos. Junto a la cruz estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y al discípulo amado, dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo.” “Ahí tienes a tu madre.” Desde entonces, el discípulo la recibió en su casa. Jesús, sabiendo que todo estaba cumplido, dijo: “Tengo sed.” Le acercaron una esponja con vinagre. Entonces dijo: “Todo está cumplido.” E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza, y salió sangre y agua. José de Arimatea pidió el cuerpo de Jesús. Nicodemo llevó una mezcla de perfumes. Lo envolvieron en lienzos y lo colocaron en un sepulcro nuevo, cerca del lugar donde fue crucificado. Allí lo depositaron.