“La fe del centurión” - 27 de junio (Mateo 8, 5–17)
Sobre este episodio
PADRE GUSTAVO GODINEZ Mateo 8, 5–17 Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le suplicó: “Señor, mi criado está en casa paralítico y sufre terriblemente.” Jesús le dijo: “Iré a curarlo.” Pero el centurión respondió: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa; basta que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo soy un hombre sujeto a autoridad, y tengo soldados a mis órdenes.” Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo: “En verdad les digo que no he encontrado en Israel una fe tan grande.” Y el criado quedó sano en aquel momento. Después, Jesús fue a la casa de Pedro. Vio a la suegra de Pedro en cama con fiebre; le tocó la mano, y la fiebre la dejó. Al atardecer le llevaron muchos enfermos y endemoniados; Jesús los curó a todos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: “Él tomó nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores.”