Carta de Charlotte Brontë a quien no puede olvidar (Lee Gigi Bonaffino)
Sobre este episodio
Hay cartas, en Epistolar hemos publicado varias, que intentan ser un adiós. Pero en este caso no llega a eso porque su autora no es capaz de soltar aquello que la mantiene viva. Charlotte Brontë fue una novelista y poeta inglesa, autora de “Jane Eyre”, uno de los grandes clásicos de la literatura victoriana. En 1842 viajó a Bruselas junto a su hermana Emily para estudiar idiomas y allí se enamoró de Constantin Heger, el director del internado donde estudiaba. Él era un hombre casado que solo pretendía mantener una relación académica, pero para Charlotte aquel vínculo despertó algo que no pudo controlar. En esta carta, fechada en 1845, la escritora le confiesa cuánto ha sufrido durante seis meses de silencio, un tiempo que se había impuesto para intentar olvidarlo. Una carta que navega sin rumbo entre la resignación y la necesidad de volver a escribirle. Brontë revela la impotencia de quien descubre que no siempre puede dominar lo que siente. Ella sabe que debería esperar. Porque hay silencios que cuestan demasiado. Lee la actriz Gigi Bonaffino. *** 18 de noviembre de 1845 Señor: Los seis meses de silencio han seguido su curso. Hoy es 18 de noviembre; mi última carta estaba fechada (creo) el 18 de mayo. Por eso puedo escribirle sin faltar a mi promesa. El verano y el otoño se han hecho muy largos; a decir verdad, hansido necesarios dolorosos esfuerzos por mi parte para mantener hasta ahora la abnegación que me impuse a mí misma. Usted, señor, no puede concebir lo que significa; pero imagínese por un instante que uno de sus hijos fueraseparado de usted, a 160 leguas, y que usted tuviera que estar seis meses sin escribirle, sin recibir noticias suyas, sin oír hablar de él, sin saber nada de su salud, y entonces entenderá fácilmente toda la severidad de una obligación así. Ledigo francamente que he intentado olvidarle durante estos meses, porque el recuerdo de una persona a quien uno no cree que pueda volver a ver de nuevo y a quien, sin embargo, se tiene en gran estima, atormenta demasiado la mente; ycuando uno ha sufrido ese tipo de ansiedad durante un año o dos, está dispuesto a hacer cualquier cosa para reencontrar la paz. Yo lo he intentado todo; he buscado ocupaciones; me he negado a mí misma por completo el placer de hablar de usted, ni siquiera a Emily; pero no he sido capaz de superar ni mis pesares ni mi impaciencia. Lo cual, de hecho, es humillante: ser incapaz de controlar los propios pensamientos, ser esclava de un pesar, de un recuerdo, la esclava de una idea fija y dominante que gobierna despóticamente la mente. ¿Por qué no puedo recibir tanta amistad de usted, como usted de mí,ni más ni menos? Entonces estaría tranquila, tan libre que podría mantenerme en silencio durante diez años sin esfuerzo. Volveré a escribirle el próximo mayo: sería mejor esperar un año, pero es imposible: demasiado tiempo. (…) Adiós, mi querido Maestro, que Dios le proteja con sumocuidado y le corone con bendiciones especiales.