Fe que mueve montañas.
Sobre este episodio
Hay días en los que la fe se siente fuerte, vibrante, casi palpable. Días en los que puedo mirar hacia adelante con confianza y decir: “Sí, puedo avanzar.” Pero también hay días en los que la fe parece pequeña, frágil, como una luz que titila en medio del viento. Y en esos días he aprendido algo hermoso: no se trata del tamaño de mi fe, sino de en quién la deposito. La fe que mueve montañas no nace de mi fuerza, sino de mi rendición. No nace de mi capacidad, sino de mi confianza. No nace de lo que veo, sino de lo que creo en lo profundo de mi corazón. Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.