Porque me gusta ahogarme en deudas?
Sobre este episodio
Muchas veces, las deudas se vuelven un hábito porque nos enseñaron a vivir desde la carencia, desde el “no tengo suficiente”, desde el miedo a quedarnos atrás o a no cumplir con las expectativas de otros. Y sin darnos cuenta, empezamos a usar el dinero como un anestésico emocional. Compramos para sentirnos valiosos, para sentirnos capaces, para sentir que avanzamos, aunque sea solo por un momento. Pero cuando vivimos así, el trabajo se vuelve una carga, el dinero se vuelve un enemigo y la vida se llena de presión. Y en medio de todo eso, Dios no nos señala ni nos juzga; más bien nos invita a mirar hacia adentro, a reconocer nuestras heridas, a entender nuestros patrones y a descubrir que la verdadera plenitud no viene de lo que adquirimos, sino de lo que permitimos que Él transforme en nosotros. Tu amigo Israel Meza, que Dios te bendiga siempre y recibe un fuerte abrazo.