Nadie entraba a ese teatro por accidente
Sobre este episodio
Entró porque vio un pequeño teatro que nunca antes había notado. Era antiguo, extraño y esa noche solo presentaba una obra: El último aplauso. El público estaba formado por casi cien personas elegantemente vestidas. Permanecían sentadas en absoluto silencio, con las manos sobre las piernas y una quietud difícil de explicar. Entonces comenzó la función. Las sonrisas aparecían al mismo tiempo. Las reacciones parecían ensayadas. Durante el intermedio nadie se levantó de su asiento. Y al terminar la obra, cien pares de manos comenzaron a aplaudir en el mismo instante y exactamente al mismo ritmo. Todos menos él. Los actores lo descubrieron primero. Después lo hizo el público. Las puertas estaban cerradas y, sin dejar de aplaudir, aquellas personas comenzaron a girar lentamente sus cabezas hacia él… hasta alcanzar ángulos que ningún cuello humano debería soportar. Entonces todos inclinaron la cabeza al mismo tiempo. Como si estuvieran observándolo. Como si estuvieran esperando algo. Como si aquella noche la función nunca hubiera estado sobre el escenario. Escucha la historia completa y saca tus propias conclusiones. También puedes verla en YouTube en El Umbral del Pánico.