No los dejaré desamparados...
Sobre este episodio
El Evangelio de este VI Domingo de Pascua nos sitúa en el corazón de una de las grandes promesas de Jesús: “ No los dejaré desamparados .” La Pascua inaugura una nueva forma de presencia. Cristo resucitado continúa viviendo y actuando en medio de su pueblo por el Espíritu Santo. El Señor promete “ otro Consolador ”, el Espíritu de la verdad, que habita entre nosotros y estará en nosotros. El Espíritu Santo no es una idea abstracta ni una fuerza impersonal, sino la presencia viva de Dios derramada sobre la Iglesia , haciendo posible que la vida de Cristo continúe tocando el mundo. La primera lectura nos muestra precisamente esta expansión de la vida pascual. Felipe baja a Samaria y predica a Cristo. Los enfermos son curados, los espíritus inmundos salen y la gente escucha la Palabra con atención. El relato concluye con una frase profundamente significativa: “ Esto despertó gran alegría en aquella ciudad .” La Resurrección ya no permanece encerrada en Jerusalén; la vida nueva comienza a extenderse hacia territorios considerados lejanos o incluso sospechosos. Los samaritanos eran vistos con desconfianza por muchos judíos, y sin embargo el Espíritu Santo también desciende sobre ellos. La Pascua rompe fronteras.