Salmo 30 C, fuertes y valientes de corazón
Sobre este episodio
Salmo 30 C ¡Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos! En el asilo de tu presencia los escondes de las conjuras humanas; los ocultas en tu tabernáculo, frente a las lenguas pendencieras. Bendito el Señor, que ha hecho por mí prodigios de misericordia en la ciudad amurallada. Yo decía en mi ansiedad: «Me has arrojado de tu vista»; pero tú escuchaste mi voz suplicante cuando yo te gritaba. Amad al Señor, fieles suyos; el Señor guarda a sus leales, y a los soberbios les paga con creces. Sed fuertes y valientes de corazón los que esperáis en el Señor.