Salmo 68 B, más cerca
Sobre este episodio
A partir de aquí, –en esta segunda parte del salmo– se acumulan los imperativos en los que se muestra al Dios fiel, de inmensa ternura y amor, que no puede permanecer indiferente ante tanta maldad. Él conoce la necedad, el oprobio, la vergüenza y la deshonra. El salmista pide que Dios actúe contra los malvados enviado doce improperios, hasta borrarlos del libro de la vida. Dios escucha a los pobres de ahí que brote del corazón del salmista un himno de acción de gracias personal y cósmico. Que veremos mañana en la tercera parte del salmo, mientras podemos decir este decreto: Acércate a mí, rescátame. Paz y Alegría, feliz jornada.