Cuando empiezas a dar, dejas de tener que exigir
Sobre este episodio
No se puede ser exigente si no estás dispuesto a dar lo mismo que pides. Esa frase me la dije a mí mismo esta semana. Y no me gustó lo que encontré. Porque exigir es fácil. Exigir apunta hacia afuera. Dar sale de ti, y eso cuesta. En este episodio revisamos cuatro áreas: cuerpo, conciencia, conexión y capital. Y en las cuatro pasa lo mismo. Le exiges energía a tu cuerpo todo el día, y le das cuatro horas de sueño. Le exiges claridad a tu cabeza, y no le das ni diez minutos de silencio. Le exiges a tu pareja tiempo y atención, y llegas a casa con el teléfono en la mano. Le exiges a tu equipo compromiso, y no le das claridad sobre hacia dónde va la empresa. Lo curioso es que en las cuatro sientes que tienes razón. Porque lo que pides es justo. El problema no es lo que pides. Es que no lo estás dando. Te dejo una sola tarea para esta semana, y una idea que casi nadie espera: por qué, cuando empiezas a dar, dejas de tener que exigir. Si últimamente sientes que pides y pides y nada cambia, este episodio es para ti.