Apagaron un autobús desde Shanghái y nadie en Bruselas lo vio venir
Sobre este episodio
En una mina abandonada de Noruega, técnicos de ciberseguridad apagaron un autobús chino desde el exterior. El vehículo estaba dentro de la montaña, sin señal. Y aun así, alguien en Shanghái tenía acceso. Ese experimento desencadenó una cadena de regulaciones, alarmas y decisiones políticas que han llevado a la Unión Europea a construir el arsenal comercial más ambicioso de su historia. Aranceles. Vetos. Un bazooka anticoerción que existe desde 2023 y que nunca ha sido disparado. Mientras tanto, la tregua sobre las tierras raras que mantiene a raya el conflicto con China expira en octubre. Japón ya sabe lo que ocurre cuando Pekín decide apretar: le cortaron el suministro de minerales estratégicos por una declaración sobre Taiwán. Y en Europa, el ochenta por ciento de los dispositivos que controlan la electricidad en parques solares y eólicos son chinos. Este es un editorial sobre la mayor contradicción de la política exterior europea: un continente que habla de soberanía con una voz, y actúa con veintisiete.