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Ep 81 | Las pestes ancestrales [parte 2] La Lepra

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Las Pestes Ancestrales [parte 2] La lepra o enfermedad de Hansen, es una enfermedad infecciosa crónica producida por el bacilo Mycobacterium leprae , que afecta principalmente los nervios periféricos y la piel, pero también afecta otros sitios tales como las mucosas, los ojos, los huesos y los testículos. Sus complicaciones más severas son la desfiguración, la deformidad y la discapacidad, ya sea por el compromiso neurológico o por la ceguera. Se sabe que la lepra afecta a la humanidad desde hace al menos 4.000 años, porque en 2009, en una excavación arqueológica llamada Balathal Rayastán, al noroeste de La India, se encontraron los restos óseos de un varón adulto de unos 30 años de edad con muestras de haber padecido esta enfermedad, y no haber recibido ningún tipo de tratamiento para curarla. Dichos restos estaban enterrados en ceniza de estiércol de vaca dentro de un recinto de piedra de paredes gruesas en los límites del asentamiento donde vivió. Todo este cuidado al momento de su entierro, tal vez se deba al histórico miedo de la gente de la antigüedad ante esta discapacitante enfermedad. La datación por radiocarbono, indicó que el esqueleto fue enterrado entre el 2500 y el 2000 a. C. La siguiente evidencia más antigua comprobable de la lepra se verifica era un esqueleto egipcio del siglo II a. C. Que no se tengan pruebas fehacientes de enfermos de lepra certificado, más allá de los 4.000 años, no significa que este padecimiento no sea miles de años más antiguo. En la temprana Edad Media, tenemos el caso de Balduino, el rey leproso de Jerusalén, quien murió en 1185, a los 24 años de edad como consecuencia de la infección de sus úlceras. Balduino evidenció los primeros síntomas de la lepra a los 9 años de edad, consistentes en pérdida de la sensibilidad en su mano y brazo derechos. Su cuadro clínico va empeorando y, al comienzo de la segunda década de su vida, la debilidad ya le impide caminar, se queda ciego, presenta ataques repetidos de fiebre y muere en Jerusalén. La biografía de Balduino, el rey leproso de Jerusalén proporciona interesantes descripciones de las manifestaciones neurológicas de la lepra. Durante toda la Edad Media se pensaba que los leprosos enfermaban como castigo divino por sus pecados y se solía relacionar a esos pobres sufrientes con la lujuria y con la promiscuidad, por lo que se acostumbraba a expulsarlos de las comunidades y desposeerlos de sus bienes. Los que padecían esta enfermedad llevaban unas pequeñas tablas en la mano, llamadas tablillas de san Lázaro, las cuales al golpear entre sí avisaban a la gente a su paso cuando se les permitía mendigar o realizar algún peregrinaje. San Lázaro es el santo de los leprosos y los mendicantes. También solían llevar en muchos casos una pequeña campana, que hacían sonar con igual fin. La primera mención de la lepra en los escritos, así como su absurda cura ritual mediante plegarias, aparece con el nombre de kilasa (mancha blanca en la piel), en el texto hinduista Átharva-veda , que data de fines del II milenio a. C. Hacia el siglo XV a. C., en Levítico (uno de los libros del Antiguo Testamento), se menciona que los kohen (sacerdotes del orden de Aaron), estaban obligados a saber reconocer a un metzora, es decir, un varón atacado de una enfermedad llamada tzara’at. Esta enfermedad es traducida como lepra, aunque hoy día algunos se plantean que podría no tener nada que ver con la lepra verdadera, causada por el bacilo de Hansen. El síntoma del tzara’at era una mancha blanca en la piel acompañada de una llaga. Según la tradición hebrea, esta enfermedad se producía cuando alguien hablaba mal de otra persona. Los textos hebreos también dicen que… Un leproso eliminará esta enfermedad si observa una dieta adecuada, una conducta intachable, si practica toda clase de penitencias expiatorias (como dar dinero a los sacerdotes brahmanes) y si recurre a los medicamentos adecuados. También refieren que la lepra es una enfermedad muy contagiosa. El contagio se produce seguramente por tener relaciones sexuales con un leproso, por el contacto con el aliento de un leproso, por el contacto físico, por comer o beber del mismo recipiente donde comió o bebió un leproso, por dormir en una cama donde durmió un leproso, por usar una ropa que fue usada por un leproso, por ponerse un ungüento que fue tocado por un leproso, por ponerse una guirnalda de flores que previamente estuvo en contacto con un leproso. Así se contagian todas las enfermedades relacionadas con la influencia de planetas malignos o debido a los pecados cometidos, como la lepra, la fiebre, la tuberculosis y la oftalmia. Donde se prestó una atención a la enfermedad, más allá de la ilógica cuestión de castigo de Dios, Fue en La India donde en el escrito Súsruta-samjita, en su capítulo Nidana-sthanam, se describe muy bien la condición patológica de la lepra, e incluso ofrece sugerencias terapéuticas para mejorarla. Tal es el acierto de estos escritos que, todavía en 1998, La enciclopedia Cambridge de paleopatología humana afirmaba: “El Sushruta-samhita de la India está acertado en sus indicaciones terapéuticas”. Pero es recién en el siglo XIX, en México, donde el doctor Ladislao de la Pascua y Martínez publicó el primer trabajo científico no filosófico ni teológico sobre la lepra en el mundo. Demasiado se tardó la medicina en identificar este mal milenario. La lepra, tal vez debido a la ignorancia científica, siguió siendo una enfermedad estigmatizante durante siglos. Todavía en 1909, en España se decretó (por demanda de la Sociedad de Patologías Exóticas), la exclusión sistemática de los leprosos del resto de la sociedad, y su "reagrupamiento" en leprosarios como medida esencial de profilaxis. El estigma social que se asoció con las formas avanzadas de lepra continúa en muchas regiones, y sigue siendo el mayor obstáculo para los tratamientos precoces. En 1987, el médico e investigador venezolano Jacinto Convit fue distinguido con el Premio Príncipe de Asturias por descubrir la cura para esta enfermedad. En 1995, la Organización Mundial de la Salud, estimaba que entre dos y tres millones de personas en todo el mundo estaban en situación de discapacidad permanente por lepra. Las cuarentenas forzadas, o la segregación de pacientes, constituyen medidas innecesarias y no éticas, aunque en muchos lados aún se practican. Se mantienen así, los horrendos y discriminatorios leprosarios en: Brasil, China, Egipto, España, India, Japón, Liberia, México, Nepal, República Dominicana, Rumania, Somalia, Tanzania y Vietnam. Más patético es aún que actualmente se sabe fehacientemente que muchas de las personas que fueron segregadas en esas comunidades cuasi carcelarias, como presuntos leprosos, en realidad padecían sífilis. El último leprosario de Europa Occidental es el Sanatorio de Fontilles, que se encuentra en Vall de Laguar, en la española de Alicante. Se estima que entre dos a tres millones de personas están permanentemente discapacitadas debido a la lepra. La India es el país con mayor número de casos, Brasil ocupa el segundo lugar, y Birmania el tercero. Una serie de datos ilustrativos nos dan una idea de la magnitud de este histórico padecimiento humano: En el año 2000, había 91 países con lepra endémica: la India, Birmania y Nepal al tope de la lista con el 70 % de los casos. En 2002, con los casos en aumento, ubicaron a Brasil, Madagascar, Tanzania y Nepal, con el 90 % de casos. De 2003 a 2004, los casos fueron decreciendo año tras año, aunque siguen existiendo los bolsones de alta prevalencia en las áreas antedichas. La lepra es una enfermedad de muy baja contagiosidad, por eso suena incomprensible el castigo histórico que se le impuso a los enfermos con su brutal segregación. El contagio se produce solo entre un enfermo con posibilidad de transmitir la enfermedad (ya que no todos los que padecen lepra eliminan bacilos), y una persona sana susceptible debido a una predisposición genética, ya que la mayoría de las personas posee resistencia natural al bacilo de la lepra. Es decir, que debe conjugarse un enfermo que actúe como agente infeccioso y una persona sana con una predisposición especial, y por espacio de varios años, para que suceda el contagio. 01-04-2023

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