Venezuela y su espejismo del mesías
Sobre este episodio
Existe una enfermedad silenciosa que recorre las venas de la sociedad venezolana, una patología que no se cura con divisas ni con cambios de gabinete, porque habita en el lugar más profundo del alma ciudadana: la costumbre de acostumbrarse a no hacer nada. Durante décadas, nos hemos convertido en expertos de la delegación, en profesionales de la exigencia hacia terceros y en mendigos de un milagro político que siempre parece estar a la vuelta de una esquina extranjera. Ya lo advirtió Su Santidad Juan Pablo II en su paso por Caracas al señalar las "estructuras de pecado" que asfixian la libertad; lo gritó Arturo Uslar Pietri al describirnos como parásitos de una renta que no sembramos; y lo intentó exorcizar Renny Ottolina al recordarnos que un país no se construye con mesías, sino con ciudadanos útiles. Sin embargo, en pleno 2026, el patrón se repite. Tras el trauma de Chávez, la mirada desesperada se posa ahora sobre figuras como Donald Trump o cualquier potencia externa, buscando en otros la fuerza que nos negamos a cultivar en casa.