El moribundo y el buitre. //Gibrán Jalil Gibrán
Sobre este episodio
Una lectura de Dorian Sartrowski: EL MORIBUNDO Y EL BUITRE Aguarda, espera un instante, amigo ansioso, que abandonaré pronto esta cosa despreciable, cuya larga e inútil agonía colma tu paciencia. No quisiera tener a tu hambre honesta soportando estos momentos: pero esta cadena, aunque hecha de suspiros, es dura de romper. Y la voluntad de morir, aunque más fuerte que todas las cosas fuertes, se sostiene por la voluntad de vivir que es más débil que todas las cosas débiles. Perdóname, compañero; me demoro demasiado. Es el recuerdo lo que detiene al espíritu; una procesión de lejanos días, una visión de juventud consumida en un sueño, un rostro que ruega a mis párpados no dormir, una voz que se prolonga en mis oídos, una mano que toca la mía. Perdona la espera. Todo se acabó y todo se desvanece: el rostro, la voz, la mano y la niebla. El nudo está desatado. La cuerda está rota. Y lo que no es alimento ni bebida ha sido retirado. Acércate, compañero hambriento; la mesa está puesta, y la comida, rica y abundante, se da con amor. Ven, hunde tu pico aquí, en el costado izquierdo, y liberta de su jaula a este pequeño pájaro, cuyas alas ya no pueden batir más. Yo querría remontar contigo el cielo. Ven, amigo mío, esta noche seré tu anfitrión, y tú, mi bienvenido huésped. —Gibran Jalil Gibran