Día 20 de Reprogramación Mental: Inofendible
Sobre este episodio
Día 20 de Reprogramación Mental: Inofendible Renuncio a que me afecten las opiniones de los demás. Considero sus puntos de vista. Todos tienen derecho a expresarse. Hablan con la mejor intención. Lo que digan de mí no me define, es su perspectiva, válida y razonable. No discutimos para determinar mi valor. Ambos tenemos razón desde nuestra posición. No pierdo nada con su opinión. Yo decido si me afecta o no. Si me lo tomo personal, viviré siempre ofendido y susceptible por todo. Me comunico dando siempre lo mejor de mí, a pesar de todo, y recibo con amor lo que otros me ofrecen. No hablaré mal de nadie y de todos diré algo bueno. Ahora analizo, verifico y comprendo: Los demás me tratan como yo los trato en pensamiento, palabra y obra. Sólo puedo trabajar en mí sin pretender cambiar nada ni a nadie. Domino mi respiración y controlo mi instinto, así evito reaccionar. Se necesitan 2 para una pelea, no peleo, no me defiendo. Se necesitar carácter y dominio de sí mismo para prestar atención, escuchar y ser comprensivo. Seré prudente y le permitiré hablar. Lo que diga de mí lo observo y aprovecho para mi desarrollo interior. Aprecio sus palabras y lo aliento a expresarse, que sea el protagonista de la conversación. No me indigno ni lo censuro. Escucho con atención, me conecto a su intención, acepto su opinión y asumo mi emoción. Sonrío y le pido me diga más. Muestro interés genuino, empatía, simpatía y respeto por sus palabras, no lo interrumpo, dejo que hable. Pongo la otra mejilla y le menciono sus cualidades. No le digo que está equivocado. Lo trato con tacto y tino, con tono conciliador, mi actitud es amorosa. Me observo. Comprendo su punto de vista, no le hago resistencia, le expreso mi amor y mi respeto. Valoro sus palabras. No discuto ni peleo, respiro, relajo la tensión. No trato de justificarme, reconozco rápidamente mi error con entusiasmo. Si lo invito a cooperar y ser mi aliado, me gano su voluntad y a es parte de la solución. Así obtengo paz, felicidad y armonía. Ahora comprendo que el cielo sí existe y es un estado mental que se refleja en un ser inofendible, invulnerable, imperturbable, inalterable. En adelante, actuaré con total serenidad y calma, sólo pensando lo mejor, diciendo lo adecuado y haciendo lo necesario.