Día 2: ¿Es tu tiempo realmente tuyo?
Sobre este episodio
Puedes escuchar este artículo narrado por mí, ideal si prefieres oírlo mientras haces otras cosas. Dicen que el tiempo y el espacio forman un solo tejido: el espacio-tiempo. Y que cambiar tu velocidad cambia la forma en que lo experimentas. ¡Gracias por leer! Suscríbete gratis para recibir nuevos posts y apoyar mi trabajo. Lo curioso es que no hace falta viajar cerca de la velocidad de la luz para comprobarlo. Basta con bajar el ritmo. Durante los tres días de ayuno que hice con mi esposo, lejos de la comida y desconectados por completo de teléfonos, redes y pantallas, la vida pareció desacelerarse. Los minutos tenían más aire, las horas más espacio. El reloj seguía marcando lo mismo, pero yo lo sentía distinto. Y entonces me pregunté: ¿Es mi tiempo realmente mío o lo he entregado, sin darme cuenta, a una tecnología que me promete ahorrarlo pero en realidad devora cada minuto? Somos una generación afortunada, eso es innegable. Tenemos toda la información que necesitamos al alcance de un clic, lo que ha hecho que muchas gestiones del día a día sean cada vez más sencillas. La inteligencia artificial ha abierto una nueva era, una que, aunque ha supuesto ventajas, también ha creado retos a los que nos enfrentamos diariamente. Uno de esos retos es despegarnos de ella. Somos adictos a ChatGPT: le preguntamos lo más mínimo, ¿qué puedo comer?, ¿puedo combinar esta camisa con este pantalón?, ¿cómo puedo enviar un mensaje a mi madre para que no se ofenda? Incluso escuché un caso real de un chico que le preguntó a ChatGPT cómo enviarle un mensaje a una chica que le gustaba. El problema no fue la consulta, sino que se lo envió con comillas, y la chica lo rechazó porque se dio cuenta de que lo había copiado y pegado del chat. Y qué decir de las notificaciones: nuestro teléfono se ilumina, suena o vibra durante todo el día con alertas infinitas de correos electrónicos, WhatsApp, aplicaciones, ofertas, noticias… lo que nos hace vivir con un sentido constante de urgencia, pensando que debemos prestar atención a cada una de ellas y, lo peor, sintiéndonos importantes por hacerlo, porque nos mantiene ocupados. Lejos de eso, el scroll infinito es la perdición. Entrar a cualquier red social “por un minuto” es la peor mentira que podemos decirnos. El algoritmo está diseñado para engancharnos de tal manera que, cuando te das cuenta, ese minuto que entraste ¡SIN RAZÓN! , ya se ha convertido en varios minutos… o peor aún, incluso horas. Se suponía que las redes sociales y cada avance tecnológico se habían creado con dos propósitos fundamentales: * Acercarnos , hacer que las distancias no se sintieran tan largas y poder comunicarnos de mejor manera con nuestros seres queridos. Lejos de eso, dentro de nuestras casas podemos ver a cada miembro inmerso en su propio mundo, compartiendo un techo pero sin alma. Oficinas llenas de gente que no se mira a la cara, comunicándose únicamente a través de sus correos electrónicos o dispositivos móviles. Personas en la calle como zombis, caminando sin ver al frente, inmersas en pantallas de 5.5 a 6.8 pulgadas. * Hacer nuestra vida más simple y llevadera , simplificar procesos para tener más tiempo para cosas de calidad —me atrevería a decir, la familia, por ejemplo—. Lejos de eso, somos esclavos de las actualizaciones. No dejamos de entrar en nuestros teléfonos ni un momento por miedo al famoso FOMO ( Fear of Missing Out ), o miedo a perdernos algo. Es cuando inevitablemente me pregunto: ¿Realmente somos dueños de nuestro tiempo o esclavos de la optimización constante? Día 2 – Recuperar mi mente y aprovechar mejor mi tiempo El segundo día mantuvimos el enfoque: sin comida, sin pantallas. Quisiera decirte que sufrí una crisis de abstinencia, que me desesperé al no tener acceso a mi teléfono y mi PC, pero siéndote totalmente honesta… no fue así . El día se sintió más tranquilo, más en paz. Mientras tomábamos una taza de café negro sin azúcar, sentados en la entrada de la casa, disfrutamos del sol mientras conversábamos. Aproveché el día para hacer un ritual de belleza, consentirme un poco, sin música que me acompañara; con ese silencio “incómodo” que se convirtió en momentos para dejar mi mente divagar, con canciones que llegaban de vez en cuando a mi cabeza y tarareaba. ¿Sabes algo, querida mía? Estaba muy preocupada por mi capacidad mental. No sé si te pasa, pero venía sintiendo que la falta de retención, olvidar palabras y no poder enfocarme estaba dominando mi mente. Me preocupaba, de hecho escribí sobre eso en una carta anterior. Lo peor es que notaba cómo mucha gente lo ve como algo normal, algo que “le pasa a todos”. ¡Pero no, no es normal! Me asusta no poder recordar cosas simples. Así que estos días buscaba darle descanso a mi mente, dejarla simplemente divagar, lo cual descubrí recientemente es una de las mejores prácticas para fortalecer la corteza prefrontal. No pensaba mucho, y eso me gustó, porque generalmente mi mente se siente como una lavadora encendida con muchas cosas dando vueltas en ella y ese ruido incesante: ¿qué haré hoy?, ¿cómo lo hago?, tengo que hacer esto o aquello… Pero, impresionantemente, no había nada. Mi percepción del tiempo simplemente cambió. Sin estímulos constantes, la velocidad bajó y el ruido se apagó. Segui leyendo… Por cierto, durante mi ayuno terminé el libro de Marian Rojas Estapé Recupera tu mente, reconquista tu vida . Muy adecuado para el momento que estaba viviendo y un excelente libro que te recomiendo ampliamente. No te voy a mentir: en el día 2 hubo momentos en los que sentí hambre, sobre todo hacia el final. Tuve un poco de mareo; mi cuerpo empezaba a sentirse algo débil ante la falta de alimentos. Es importante que sepas que, antes de hacer un ayuno, debes estar consciente de tus limitaciones. En mi caso, presento niveles altos de insulina en la sangre ( hiperinsulinismo ), lo cual no es grave, pero no puedo forzar mi cuerpo a extremos innecesarios. Así que preparé un caldo de pollo y bebí solo un poco; me reconfortó y me ayudó a tener fuerzas para sobrellevar un día más. Durante la noche del día 2 pasó algo fuera de lo normal: no podíamos dormir. Como parte de nuestro ayuno, habíamos sustituido el café de la tarde por yerba mate, una bebida argentina y un estimulante natural que contiene cafeína. La yerba mate tiene muchas vitaminas y minerales, y muchas investigaciones han demostrado que puede tener efectos positivos en la salud; sin embargo, resultó ser más energizante que el café y nos hizo perder el sueño. Fue una noche larga, pero la superamos. En estos 3 dias me di cuenta de 3 cosas que quiero compartir contigo. * La falta de tiempo no es real , sino que tenemos una percepción distorsionada porque estamos rodeados de demasiados estímulos innecesarios. Apagar las notificaciones es una medida necesaria que te recomiendo, porque… ¿por qué tiene que ser el teléfono el que dictamine nuestro tiempo? No dejemos que una pantalla tan pequeña domine nuestra vida. * La desconexión es necesaria. No te voy a decir que lo hagas por 72 horas —esto fue una experiencia especial—, pero en mi experiencia personal fue muy gratificante. Soy consciente de que en el día a día es difícil desconectarse por completo; sin embargo, si puedes hacerlo una vez cada cierto tiempo, aunque sea por un día o incluso por un par de horas, créeme que tu cuerpo y tu mente te lo van a agradecer. * Para recuperar tu tiempo no hace falta planificar más. A veces solo hace falta ir un poco más despacio. Por favor, date tiempo. Quiero dejar algo muy en claro, probar un ayuno digital o alimenticio es un momento de desconexión voluntario, es un regalo para ti. No es una moda, no es un reto, no es una estrategia para bajar de peso, ni tampoco es un motivo para sentirte superior a los demás. Mi intención al compartirte esto es que, a través de mi experiencia, tal vez puedas abrir pequeños espacios de reflexión y conexión contigo misma. Que aprendas a ver la vida desde otra relatividad: tu propia relatividad, no la que te impone la sobresaturación digital en la que estamos viviendo. Las redes sociales, el internet, la inteligencia artificial… son herramientas, y como tales, somos nosotros quienes las manipulamos y las utilizamos para nuestra conveniencia, y no al contrario. Querida mía, sé que no podemos parar el reloj, pero sí podemos decidir cómo queremos que se sienta nuestro tiempo. La pregunta es: ¿Estarías dispuesta a bajar la velocidad para descubrirlo? Con amor, Tu yo del presente ¡Gracias por leer! 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