Portada de Chaves Nogales: la Mirada Libre

Episodio 12. El concepto de la muerte, tan vivo, tan actual

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Para Manuel Chaves Nogales, el concepto de la Muerte sufrió una transformación radical a lo largo de su carrera. Pasó de ser un fenómeno cultural o ritual —ligado a la tradición trágica española o a la infancia popular— a convertirse en la manifestación más atroz y deshumanizada de la barbarie ideológica del siglo XX. En la juventud de Chaves Nogales, la muerte poseía una dimensión ritual y casi sagrada. En la biografía de Juan Belmonte (1935), la muerte no es una fría estadística, sino una presencia trágica que descubre en la infancia a través de la conmoción popular por la caída del Espartero en el ruedo. El torero Manuel García Cuesta, conocido como El Espartero, murió el 27 de mayo de 1894 en la antigua Plaza de Toros de Madrid. Falleció a los 29 años a consecuencia de una grave cornada en el vientre que le infirió el toro Perdigón, de la ganadería de Miura, cuando entraba a matar. Del mismo modo, en su relato de ficción La Necrofilia (1924), observa con ironía el culto doméstico a los difuntos en la España tradicional. Sin embargo, su contacto directo con los grandes cataclismos de su tiempo —la Revolución Rusa, las dictaduras fascistas y la Guerra Civil Española— trituró cualquier atisbo de romanticismo o heroísmo. Chaves descubrió que la modernidad totalitaria había despojado a la muerte de su dignidad. En la Checa de Kiev o en las tapias de los cementerios españoles, la muerte ya no era un duelo heroico, sino un trámite burocrático ejecutado sin prosopopeya ni remordimiento, reducido a pura contabilidad. Frente a la propaganda que exaltaba a los “mártires”, Chaves denunció que los caídos en las trincheras no morían por ideales gloriosos, sino víctimas del “contagio de la estupidez y la crueldad” importado por las élites políticas. En este fragmento, Chaves retrata cómo el terror moderno despoja a la víctima y al verdugo de toda humanidad, convirtiendo el asesinato en una rutina doméstica. Fuente: Chaves Nogales, M. (1934). El maestro Juan Martínez que estaba allí. (Capítulo: “La máquina del terror”). “Las ropas de la víctima eran el precio de la ejecución que más se estimaba, y no era cosa de dejar que se estropeasen y se manchasen de sangre. Esto aparte del trabajo que costaba después desnudar a los fiambres. Desnudos, tiritando, arrastrados como corderillos, aquellos infelices recibían el balazo en la nuca que acababa con sus pobres vidas cogidas al azar por aquella máquina del terror que iba triturando implacablemente a la sociedad burguesa. En las prisiones de la Checa se moría así, sin ninguna prosopopeya, como la cosa más natural del mundo. ¿No han visto nunca cómo se mata un pollo en la cocina? Pues así. El chequista sacaba del calabozo a su víctima y se lo llevaba a un patizuelo cualquiera, el que más le acomodaba; desenfundaba la pistola y le decía: —Anda, desnúdate. Deja la ropa en ese rincón”. La pérdida del valor de la vida humana en la guerra total En sus crónicas sobre la contienda española, Chaves reflexiona sobre el colapso moral que supone la industrialización de la muerte. Al ver cómo miles de vidas se extinguen a diario sin sentido, el periodista cuestiona incluso el valor del arte o la cultura cuando son incapaces de evitar la carnicería colectiva. Fuente: Chaves Nogales, M. (1937-1938). *La defensa de Madrid*. “Cada día le parecía más absurda y sin sentido su tarea. Correr de un lado a otro afanosamente para salvar una tela pintada, una piedra esculpida o un cristal tallado a través de aquella vorágine de la guerra y la revolución se le antojaba insensato. ¿Para qué? Cuando la vida humana había perdido en absoluto su valor, cuando los hombres morían a millares diariamente, cuando una generación entera caía segada en flor, cuando veinte millones de seres pertenecientes a una raza vieja en la civilización se precipitaban a la barbarie de las edades primitivas, ¿qué sentido podían tener ni el arte, ni los testimonios de un glorioso pasado, ni todos aquellos valores espirituales por cuya conservación se desvelaba? ¿Es que todo aquello que tan celosamente defendía había servido para ahorrar un solo crimen?” La muerte provocada por la estupidez política (Casas Viejas) Pongamos el foco en cómo la irresponsabilidad de los líderes arrastra a la muerte a personas inocentes y campesinos manipulados, su análisis tras la tragedia de Casas Viejas es fulminante. Fuente: Chaves Nogales, M. (1933). En tierra de nadie / Crónicas sobre Casas Viejas en el diario Ahora “Esto es lo que más nos acongoja de esta tragedia de Casas Viejas. La inocencia paradisíaca de unas almas sacrificadas por la estupidez. El hecho es tan monstruoso, que él solo basta para conmover los fundamentos de las más caras convicciones democráticas. ¿Vale el respeto a las normas de la democracia la pena de tolerar con los brazos cruzados que unos irresponsables que escriben artículos o pronuncian discursos incoherentes, en los que ni siquiera aciertan a expresar lo que quieren, arrastren a la muerte a unos hombres que acaso fuesen los mejores de entre todos nosotros, los más sanos, los más puros, los únicos que han sabido poner sus convicciones por encima de sus vidas?” Traer hoy el pensamiento de Chaves Nogales sobre la muerte nos ofrece un marco crítico para analizar la violencia contemporánea: La “muerte limpia” y la falta de sensibilidad digital: En una época donde los conflictos bélicos se retransmiten en redes sociales o se ejecutan mediante drones y pantallas a miles de kilómetros, la advertencia de Chaves sobre la “animalidad amaestrada” y la pérdida del sentido humano adquiere una vigencia escalofriante. La muerte vuelve a ser un número en un parte militar o un contenido viral desprovisto de piedad. Chaves se negó a justificar la muerte de inocentes en función de la bandera o la causa ideológica de quien apretara el gatillo. Frente a las dinámicas actuales de bando —donde se condena la violencia del adversario pero se disculpa la del propio grupo—, la postura ética de Chaves nos exige recordar que ninguna doctrina política justifica la amputación de la vida humana. La piedad como resistencia: Para Chaves Nogales, el verdadero acto de rebeldía en tiempos de barbarie no es empuñar las armas, sino conservar la capacidad de conmoción y piedad ante el sufrimiento ajeno. Frente a la muerte provocada por el sectarismo, la única victoria posible es mantener intacta la decencia moral e intelectual. This is a public episode. If you would like to discuss this with other subscribers or get access to bonus episodes, visit antoniomanfredi1959.substack.com

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